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centro del reyno sino en un ángulo opuesto al en que está

mi provincia y la de Costa Rica? ¿Será posible que un

Xefe que cuida privativamente de tan diversos ramos de administración pública en tan dilatado espacio, pueda dar á cada uno de ellos toda la atención que necesita para su adelantamiento? Así es que Guatemala se mantiene siempre en un mismo estado. Sus governantes mucho han hecho con impedir su total ruina. Considere V. A. que ellos han tenido la inmediata inspección en aquellos establecimientos militares que últimamente numeré, y ha sido efectivamente muy necesaria para aprontar todos los auxilios que exige su situación, siendo los lugares por donde se puede temer la imbación extrangera. Las providencias, por lo mismo, deben ser executivas, organizando un plan que es en ellos muy dificultoso por la suma escasez que en todos conceptos se padece. Los capitanes generales, pues, así por la inclinación natural á su carrera como por la obligación en que están de impedir toda usurpación, ponen en aquellos establecimientos sus primeras atenciones. Y éstas deben extenderse no sólo al ramo militar sino también á alejar quantos inconvenientes pudieran presentar el político y el de hacienda. Pero sus cuidados no deben ceñirse únicamente á tales puntos. Aun en beneficio de ellos y para conservar la tranquilidad interior debe promover y fomentar los cuerpos todos de defensa, necesitándose ésta en varias de las provincias, especialmente en la de León, en que se esperimentan de ordinario irrupciones de los bárbaros que havitan en las montañas. A tan graves atenciones se añade el govierno político, siendo la capitanía general el centro á donde ocurren de las provincias, no sólo sus respectivos

Xefes sino todos sus havitantes, con particularidad las

comunidades de Indios y Castas, suplicando alguna providencia gubernatiba. Bien ve V.A. que hasta aquí no he hecho mención de la administración de justicia, otro ramo que está igualmente á cargo del Presidente, no sólo en concepto de capitán general de las provincias sino como su governador. Es efectivamente un tribunal que á semejanza de los demás establecidos, únicamente con este objeto, administra justicia en lo criminal y civil á quantos ocurren.

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He omitido igualmente hacer mérito del ramo de hacienda, de que así mismo cuida el capitán general como superintendente. ¿Y quál ha sido el resultado de poner en sus manos este negociado? Lo diré con bastante sentimiento. El reyno de Guatemala, á quien hacen la justicia los que han viajado de darle la preferencia entre los demás de ambas Américas por sus ricas, raras y multiplicadas producciones, de nada sirve en el día á la Corona sino de grabamen. No le produce ni un maravedí. Por su notoria pobreza le están decretados socorros bastante cuantiosos de las cajas de México. Un reyno opulento, Serenísimo Señor, se ve en la dura necesidad de mendigar y dever su existencia política al de Nueva España, que aun á costa de este sacrificio tiene á bien y procurar indirectamente impedir el fomento del de Guatemala, conociendo las ventajas que desde luego le haría. Dije indirectamente, porque en México siempre ha havido la política de no mandar al de Guatemala operarios civiles que se les ha pedido por particulares para el beneficio de minas y otros frutos preciosos.

Ya he puesto á los ojos de V.A. el pequeño bosquejo que me propuse de la deplorable situación del reyno de Guatemala, efecto del ruinoso sistema que regía en lo general en la Nación, aplicándolo particularmente. Diré de una vez y en compendio lo que ha sido consecuencia forzosa de poner en una sola mano tantos ramos en tan vasto territorio, á saver, la industria y la agricultura en apatía y el comercio casi sin movimiento, que ha ido perdiendo cada día por haverse reducido sus frutos, destruido otros y aislándose al del añil que se halla en el día muy abatido.

Nada digo de minas tan varias, ricas y de todos metales, y aun de azogue, como se encuentran en León, Costa Rica, Comayagua y parte de San Salvador. Están las de las dos provincias primeras enteramente sin cultivo ni beneficio, que se presta muy poco á algunos de las dos últimas. Y no necesito en orden á la marina más que copiar lo que sobre ella contienen mis instrucciones. Dice así uno de sus artículos: «En la fuerza pública se com» prende la armada naval. Y siendo este el primer camino » por donde la España ha de elevarse al grado de poder y » respeto que de justicia se la debe entre las naciones, han » de cuidar las Cortes por una Comisión especial de seña»lar arbitrios practicables para promover y facilitar la » construcción y havilitación de buques en todos los para» ges de nuestros dominios, señaladamente en este reyno y » provincia, donde sobran las proporciones y sólo faltan » voluntad y energía para aprovecharlas». ¿Quál, pues, será la suerte de aquel reyno? Su aniquilación si dura la presente guerra, y cesando ésta su mismo deplorable estado, subsistiendo las causas que lo motiban. Ya la constitución precave unos males, y espero de la justificación de V. A. que coadyuvando eficazmente hará lo que corresponde á sus altas funciones. Así como es necesaria la separación de ramos de administración, es también indispensable para su adelantamiento que la inspección inmediata que se tenga sobre ellos no sea en un territorio demasiadamente extenso. Y si no ¿qué otra razón ha havido para hacer las divisiones que vemos en los mandos? ¿La península, siendo menor que Guatemala, estaría como la hemos visto tan floreciente si se huviese sujetado á sólo un governador que tuviese sobre sí tantos cuidados? En manera alguna, y creo que son harto conocidas por V. A. muchas observaciones que pudiera hacer al intento para demostrar las varias utilidades que resultan de esta especie de divisiones, no sólo en lo general sino también en particular, respecto á dicho reyno. Menores motibos han bastado en lo restante de la América para dividir los mandos. Pudiera citar varios exemplares, pero me restrinjo á sólo dos por alguna analogía que guardan con León de Nicaragua: son Guadalarara y Campeche en Nueva España. El primero no dista de la Capital de Mérico más que Ioo leguas y el segundo un poco más de I 5o. 2OO es cabalmente la gran distancia que hay de León, capital de mi provincia, á la de Guatemala, y 4OO desde ésta á Cartago, capital de la provincia de Costa Rica, que en los últimos lugares por donde confina con la América Meridional dista 5oo. Además, los caminos por donde se transita de Guadala rara y Campeche á Mérico son en lo general planos, sin mayores impedimentos para que los recursos puedan despacharse con prontitud; pero los caminos de las provincias enunciadas á Guatemala son muy fragosos y quebrados, nada transitables, particularmente en los lugares en que hay montañas que dificultan la provisión de avíos para los transeuntes. A la aspereza, pues, de caminos es consiguiente la escasez de correos y la tardanza involuntaria de éstos, especialmente en los seis meses de inviernos en que las montañas y ríos peligrosos llenos de agua impiden el tránsito; de modo que en la estación ordinaria se recibe en Cartago la correspondencia hasta pasados dos meses. ¿Y la causa pública en toda su extensión no está intere sada en que se practique en tan remotas provincias lo mismo que con menores motibos se practicó saludablemente en las de Nueva España estableciendo capitanías generales en Guadalatara y Campeche? Aun quando tan

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útil separación no sirviese á León de guía para solicitarla igualmente, las circunstancias ya espuestas la exigirían de necesidad. No haré mérito de la conducta política de mi provincia en las delicadas circunstancias del día ni de las demostraciones públicas con que ha detestado y horrorizádose de las insignuaciones y convites que la han hecho las reveldes con quienes confina. Sobre el particular me reserbo hacer otra manifestación, persuadido como estoy del alto aprecio que justamente se hace de ellas por V. A., que promueve por todos medios la unión para la defensa común. Llamo solamente la superior atención de este supremo Govierno hacia las circunstancias particulares de la referida provincia. No traheré á colación su antigüedad ni el lugar de preferencia que siempre ha merecido, especie que se resintiría del espíritu detestable de provincialismo. Quiero, si me es permitido, internar á V.A. en su territorio para que vea más de cerca quánta es, no digo la utilidad, sino la necesidad de que un sujeto de la elección de V. A. y bajo su inmediata protección y dependencia, valiéndose del conducto siempre benéfico de sus dignos y zelosos Ministros, cuide y vele de su prosperidad. Por ser breve no haré una larga enumeración de las producciones agrarias é industriales de aquel suelo. Menos molestaré á V. A. con presentarle un difuso pormenor de lo que me instruyen y desean los quatro ayuntamientos de la provincia. Traheré solamente á la letra un párrafo de las instruciones de mi cavildo elector. Dice así: «La provincia de Vicaragua puede disputar la preferencia á las más distinguidas de la naturaleza: sus hermosas y apetecidas producciones y su situación local despiertan las esperanzas más lisongeras de sostener un comercio universal; un terreno llano, tres puertos á la mar del Sur y dos al Norte, una Laguna y Ríos navegables, Montes de las mejores maderas, materiales abundantes de Jarcia y Belamen, Breas y Alquitranes facilitan el establecimiento de magníficos Astilleros. El Añil, la Grana, el Cacao, el Palo de Brasil, la Zarza, el Carey, el Caracol, las Perlas, las Conchas, la Bainilla, el Algodón, las sedas de monte, el Café, el Achiote, el tabaco, la Azúcar, los Bálsamos, la Peletería, el oro, la Plata, el Plomo, el Cobre y el fierro son los frutos y producciones más comunes de este feraz suelo y sus costas; el temperamento benigno y sano por la mayor parte, la fertilidad y abundancia de las cosas necesarias para la vida, sus naturales bien hechos y conformados, apacibles y afables, amantes de la hospitalidad y de las mejores dis-, posiciones de alma para las ciencias y artes, son todas, prerrogativas muy singulares. Pero qué dolor! Tantas, preciosidades están como el tosco diamante que espera la mano diestra del Artífice que lo haga lucir. La industria del hombre, que en todas partes ha hecho tantos progresos, aquí no ha dado un solo paso. Todo está en manos de la Naturaleza, y en medio de unas riquezas positivas la miseria tiene asentado su trono. Sin política, sin caminos, sin Puentes, sin Puertos corrientes, sin comercio, sin Agricultura y, en una palabra, sin Govierno, el país más delicioso camina á pasos tiranos á ser havitación de bárbaros Hotentotes. ¡Qué desgracia! Quítesenos, pues, este pesado yugo de trabas que nuestros padres ni nosotros hemos podido sufrir, y nuestro Representante, al manifestar tan horroroso quadro, diga: «¡Esta es la obra de aquellas manos...» Bien conocerá V. A. lo que indican los puntos suspensivos de la cláusula anterior. La pluma de mis comitentes se resistió á mencionar con claridad el govierno ministerial de D." Manuel Godoy, cuyas consecuencias llorará siempre, todo español. Permítame V. A. que sin estenderme más

haya hecho sólo esa breve indicación para no recordar,

tiempos tan calamitosos y el desprecio con que eran vistos

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