Imágenes de páginas
PDF
EPUB

El diputado por Costa Rica D. Florencio del Castillo propone á las cortes la erección de un obispado en esta provincia.—Año de 1813 ().

Señor=En la comisión Ultramarina existe una representación del N. Ayuntamiento de la Ciudad de Cartago, Capital de la Provincia de Costa Rica, en que se solicita la desmembraco de dicha Provincia del Obispado de Vicara. gua, al que se halla agregada, á fin de que formándose de ella una nueva Diócesis se erija y establezca la Silla Episcopal en la expresada Ciudad de Cartago. La justicia de esta solicitud y aun la indispensable necesidad de acceder á ella se harán manifiestas á V. M. si se digna fixar por un momento su Soberana atención en las gravísimas causas en que se apoya aquel Ayuntamiento y á las cuales yo como Representante de dicha Provincia procuraré darles alguna ampliación. El celo con que V. M., en medio de la infinidad de negocios que ocupan su atención, ha promovido en lo que está de su parte el bien de la Iglesia Española, me sirve de exemplo para no descuidar por la mía de promover y procurar el bien y felicidad espiritual de mi Provincia. No molestaré á V. M. con referirle las particula. res circunstancias que hacen muy recomendable á Costa Rica; tampoco alegaré para inclinar su ánimo el patriotismo y adhesión á la justa causa que constantemente ha manifestado en todo el tiempo de esta revolución; sólo me contraeré á indicar las razones que conducen á patentizar la justicia de esta solicitud.

La estensión del Territorio de Costa Rica, su población y la larga distancia que media de su Capital á la de León de Nicaragua no dexan la menor duda de que debe erigirse un Obispado en dicha provincia, para que aquella Grey pueda ser gobernada y apacentada en lo espiritual como corresponde.

(1) Archivo General de Indias.—Estante Io I, cajón 4, legajo Io,

Costa Rica tiene por límites de su territorio el Río de Chiriquí que la separa de la provincia de Panamá y el río del Salto que la divide de la de Nicaragua, entre las cuales provincias se halla situada, sirviéndole de linderos por el N. y S. el Océano Atlántico y el mar Pacífico. Desde el uno de los ríos que quedan indicados hasta el otro hay más de 150 leguas de caminos muy fraguosos y casi intransitables por la multitud de montes y ríos caudalosos que se atraviesan; la distancia que hay de uno á otro mar no es uni forme, pero la media podrá ser de 70 leguas. Por consiguiente, aunque no es dable calcular con exactitud la extensión del territorio de Costa Rica por falta de un plano topográfico, puedo asegurar á V. M. sin exageración que comprende más de 7,000 leguas cuadradas, extensión muy suficiente para fundar, no sólo uno, sino muchos Obispados si á proporción estuviera poblada.

Hay actualmente en ella 22 pueblos, doce de ellos son Indios y los demás de Españoles blancos y de color, á demás de una multitud de Chácaras, haciendas y Caseríos distantes de los expresados pueblos. Estos se hallan diseminados en varios puntos de la provincia, de modo que hay pueblos que distan entre sí ciento y cincuenta leguas.

El número de sus habitantes es de 60 á 70 mil, según el informe que me dirigió el expresado Ayuntamiento, el cual acompaño en comprobación de éste y otros datos que van referidos, y según otro del Brigadier D.n Tomás Acosta, Gobernador que fué de aquella provincia, el cual pára en la Secretaría del Despacho de Hacienda.

Además de esta población hay en su territorio tres Naciones de Indios gentiles que habitan las montañas y Costas del Norte, las cuales se conocen con los nombres de Indios de la Talamauca, Indios del Norte y Indios Mosquitos, todas tres bastante numerosas. Por estas razones Costa Rica siempre fué considerada y tenida desde su des cubrim. por Provincia separada é independiente de las otras, gobernada en lo político y militar por un Gefe con el título de Gobernador y Comandante de las armas, el cual no conoce más dependencia que de la Audiencia y Capitanía General de Guatemala; por manera que sólo en lo Eclesiástico ha estado agregada á la Diócesis de Nicaragua.

De lo expuesto podrá inferir V. M. la suma necesidad que hay de prover á aquella provincia de un Pastor que vele sobre una grey numerosa y que se halla esparcida en un vasto terreno, para que visite sus pueblos con aquella frecuencia que los Cánones prescriben. Aun se hace más manifiesta esta necesidad si se atiende á la larga distancia que media entre dicha provincia y la Ciudad de León de Nicaragua, lugar de la residencia del Obispo. Doscientas y diez leguas de caminos muy quebrados y casi intransitables en tiempo de lluvias separan á la Ciudad de Cartago, Capital de Costa Rica, de la expresada Ciudad de León; y á. vista de esto ¿será creíble que los R.R. Obispos de aquella Diócesis puedan cumplir con su obligación, desempeñando personalmente el ministerio pastoral y visitando cada tres años su Obispado? Es menester advertir que la Provincia de Nicaragua es tan extensa como Costa Rica y se halla aquélla mucho más poblada que ésta, por lo que han sido muy pocos los Obispos que han visitado aun sólo por una vez en todo el tiempo de su pontificado todos los pueblos que comprende la provincia de Nicaragua. Costa Rica ha sufrido mucho más. V. M. se escandilazará al oir que hace más de 33 años que no ha puesto en ella los pies ningún Obispo. Pues, Señor, es un hecho. En todo este largo tiempo han estado aquellas obejas privadas del consuelo de ver y conocer á su pastor. ¿Y cuáles serán los males que se habrán originado de este abandono? No será el menor el de que todos los que han nacido en estos últimos 33 años se hallan sin recibir el Sacramento de la confirmación; ¿y hay razón para privar de esta gracia á aquellos Cristianos? No hay que atribuir estos males á falta de celo en los Prelados que ha habido en estos últimos 33 años, por que á más de las dificultades que van indicadas para practicar la visita en aquella dilatada Diócesis, los promovidos á aquella Silla por lo regular han sido hombres ancianos y de consig.te achacosos, que por lo mismo no pudieron emprender una marcha tan larga y de caminos tan peligrosos. Ni hay que esperar que nadie por celoso, por robusto y activo que sea, pueda en lo sucesivo cumplir puntualmente con sus obligaciones mientras que no se cure el mal en su origen; es decir, mientras que no se divida aquel vasto Obispado. Tampoco se juzgue que podrían evitarse estos inconvenientes agregándose Costa Rica á Panamá, que es la otra provincia limítrofe, por que la distancia que media entre estas provincias es mayor que la que hay entre Nicaragua y Costa Rica, y además los caminos son más desiertos y más intransitables. No queda pues otro recurso, si no se quiere que continúen tan graves males, que el de la separación y creación de Obispado en Costa Rica.

De esta providencia resultará seguramente muchos bienes que llenarán de consuelo y regocijo á aquella Religiosa provincia, no siendo el menor de ellos el que con el influxo del Prelado se facilitará la conversión de los Indios gentiles que habitan aquellas montañas. Tampoco se siguen ningunos inconvenientes por que no se crea que con la erección de este Obispado los pueblos se gravarán con nuevas Contribuciones ni que el Erario público habrá de sufrir algún menoscabo. Solamente los diezmos que paga aquella Prov.a proporcionan fondos con que dotar competentemente la mitra, y en un país en donde no hay luxo y donde los alimentos son muy baratos, sobrará para fundar y dotar un Seminario Conciliar donde se formen buenos Eclesiásticos y donde se proporcionaría educación á la juventud de que tanto se carece en aquel país tan separado de las demás provincias. Por todas estas consideraciones hago á V. M. estas dos proposiciones:

1 .a Que pasándose esta esposión á la Comisión Ultramarina donde están los antecedentes, se le encargue que con la brevedad posible despache el expediente relativo á la división y erección del Obispado de Costa Rica, informando si deba establecerse la Silla Episcopal en la Ciudad de Cartago.

2.a Que consecuente á esto informe sobre la necesidad de erigir en dicha Ciudad un Seminario Conciliar. Cádiz, Mayo 10 de 1813.=Señor=Florencio Castillo.

Carta de D. Juan de Dios de Ayala sobre la elección del brigadier D. Tomás de Acosta como diputado provincial por Costa Rica.—Año de 1813 (t).

Exmo. Señor y Señores de la Junta Preparatoria = Es adjunta la representación del señor brigadier Don Thomás de Acosta, electo Diputado provincial, quien objeta contra su elección no ser vecino y ser empleado de nombramiento real y que así peca ésta contra los capítulos 330 y 318 de la Constitución.

Las mismas disposiciones constitucionales tuvo á la vista esta Junta electoral de provincia y procedió á elegir al señor brigadier, porque conceptuó que no prohiben que se elija.

La Constitución requiere para adquirir vecindario siete años de residencia en la provincia. Los empleados de nombramiento real que han regido por este tiempo no se excluyen de las elecciones por falta de vecindario sino por sus empleos. De otro modo sería inútil el artículo 318, pues los que excluye estarían ya excluidos por no ser vecinos; y así el señor Acosta que gobernó catorze años, cuando dejó el gobierno no perdió el vecindario, por lo que bien pudo ser electo.

Ahora es brigadier agregado á la plaza mayor de Guatemala, y aunque este es empleo de nombramiento real, no tiene su ejercicio en esta provincia ni en la de León, que están segregadas de Guatemala para la Junta Provincial; y como el artículo 318 sólo excluye á los referidos empleados con ejercicio, juzgamos que no contravenimos al citado artículo en la referida elección.

El amor que este señor brigadier ha tenido á la provincia, el conocimiento que tiene de sus necesidades y de lo que sería útil para que prospere y finalmente su decidido

(1) Archivos Nacionales de Costa Rica.—Sección Histórica.

« AnteriorContinuar »