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fico que en vista de los autos sobre arribo al puerto de Matina de las embarcaciones nombradas Mercedes, S.R José y Las Án1mas, procedentes de Panamá y Guayaquil, de lo informado por el Tribunal de Cuentas, por el Consulado y pedido por el ministerio Fiscal, se mandó dar cuenta en la Junta Superior de Hacienda consultivamente; y en la que se celebró con fecha de diez y seis de Junio último se proveyó lo siguiente:

Vistos estos autos traídos consultivamente á esta Junta por el Exmo. Sor. Capitán General, los Señores del margen dijeron que conforme á las fundadas reflexiones que han hecho unánimemente en sus informes el Administrador ge neral de Alcavalas, el Consulado, el Tribunal de Cuentas y el ministerio Fiscal en su vista, puede desde luego S. E., en Ja primera ocasión, manifestar al Sor. Virrey de Santa Fee *}ue no le es permitido ni se halla en su arbitrio recibir en el distrito de este mando las espediciones de géneros estrangeros introducidos en Panamá á virtud de la orden de la Regencia de las Españas de diez y seis de Marzo del -año anterior, ya por que ésta no espresa tal estensión y ya por los graves perjuicios y trastorno que causaría en esta provincia una desigualdad tan notable, en cuyo concepto y en el del religioso respeto que nos deben merecer las leyes no derogadas, debe esperar S. E. que el espresado Sor. Virrey lo hará entender así á los habitantes de su mando para que cesen absolutamente en las espediciones dirigidas á esta provincia, pudiendo S. E. sobre las dos últimas que están pendientes y arribaron á Punta de Arenas y Realejo determinar como Superintendente lo que estime más justo con respecto á la buena fee de los interesados y á las providencias anteriores, en que se ha contemporizado con las expediciones de otros Puertos de América, derogando el rigor del bando de treinta de Junio de ochocientos siete. Sobre todo se sirva S. E. dar cuenta al Supremo Consejo de Regencia, esponiéndole que por lo que hace á los auxilios de que habla la citada R.1 orden, aunque no la ha recibido, se halla muy dispuesto á prestar al virreynato de Santa Fee cuantos estén en su mano y facultades. = Bustamante = Campuzano = Serrano Polo = González = Rivas=Argüello.

Así lo proveyeron, mandaron y firmaron los Señores de la Junta Superior, de que certifico.=Antonio Arroyave.

Vueltos los autos á la Superintendencia se proveyó este auto:

Real Palacio, Junio veinte y ocho de ochocientos trece. =Cúmplase lo mandado en Junta Superior, haciéndose saber á la Administración general de Alcavalas.=Bustamante=Antonio Arroyave.

Hechas saber dichas Superiores providencias á la Administración general de Alcavalas, pidió se le diese certificación de ellas y se sirviese S. E. declarar sobre el punto pendiente de admisión ó no admisión del arribo á Panamá de las enunciadas embarcaciones; y en su consecuencia se proveyó este auto:

Real Palacio y Julio dos de mil ochocientos trece.= Dése á la Administración general de Alcavalas la certificación que pide, declarándose que mediante la buena fee de las dos últimas embarcaciones que han dado en Punta de Arenas se deben admitir, pagando las dos Alcavalas y los derechos de subvención de guerra y Consulado.=Bustamante=Antonio Arroyave.

Cuya providencia también se hizo saber á la misma Administración. Y para que conste á efecto de pasarla á la espresada Administración general de Alcavalas, pongo la presente en cumplimiento de lo mandado en el auto inserto. Nueva Guatemala y Julio diez de mil ochocientos trece. Ante mí=Arroyave.

Es copia fiel de la que dirigió el Sor. Administrador general. Administración pública de Alcavalas de León, diez y siete de Agosto de mil ochocientos trece.=Erancisco Barberena=Es copia fiel. Aduana Nacional de Costa Rica, Septiembre ocho de mil ochocientos trece años.=Manuel Alvarado.

En vista de lo pedido por el Comercio de este partido de Costa Rica, lo informado en su consecuencia por los Ayuntamientos Constitucionales de esta Ciudad, Valle Hermoso y Eredia y lo espuesto por la Receptoría de Alcavalas, remítase en testimonio este espediente al Exmo. Señor Gobernador y Capitán General para su Superior determinación; é igualmente dése cuenta á S. M., como lo piden; y compúlsense los testimonios necesarios. Así lo proveo, mando y firmo yo D.n Juan de Dios de Ayala, Caballero de la orden de Santiago, Capitán de los R.s Exércitos, Gobernador y Comandante General por S. M., en Cartago y Septiembre veinte y siete de mil ochocientos trece años, firmando con testigos de mi asistencia en falta de Escribano, lo que certifico. =Juan de Dios de Ayala= Manuel Oreamuno=José Nicolás de Oreamuno.

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El Gobernador de Costa Rica y A.A. Constitucionales por el espediente adjunto representan á V. M. sobre la orden que ha dado el Capitán General de la provincia de Guatemala prohiviendo el Comercio que hacen estos habitantes con la plaza de Panamá.

Señor=Vuestro Gobernador de Costa Rica con el más reverente respeto acompaña á V. M. la orden de tres de Julio último que ha espedido Vro. Capitán General de la provincia de Guatemala, relativa áprohivir el comercio que hacen estos habitantes con la plaza fiel de Panamá, de donde esportan algunos géneros de algodón de los que allí se introducen de Jamaica, en virtud de Real permiso, y otros de lino y lanas de Lima, ya por dinero ó por los frutos que produce este país, imponiendo al mismo tiempo el derecho de estrangería á los que en buena fee han introducido hasta ahora estos Comerciantes, quienes luego que se publicó la citada providencia suplicaron de ella á este Gobierno por los perjuicios que manifiestan; y habiendo vuestro Gobernador tenido á bien pasar á informe su petición, de los Ayuntamientos Constitucionales y Receptoría de Alcavalas, en los que han dado prueban con evidencia, ésta el incremento de la Renta desde que se estableció el indicado Comercio, y aquéllos lo perjudicialísimo de semejante determinación á estos fieles vasallos de V. M., obligándolos contra su libertad Civil á que precisamente compren los efectos que produce la Capital, para que así se fomenten sus Comerciantes á costa de la desolación de los demás pueblos de la provincia, con total abandono de la agricultura tan recomendable, como todo así por menor consta del expediente que en testimonio es adjunto.

No cumpliría vuestro Gobernador con los deberes de su obligación ni desempeñaría la confianza que ha merecido

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á V. M. si no apoyase cuanto esponen estos A. A. en beneficio de sus vecindarios; y reproduciendo sus relatos dirá con estos Cuerpos: ¡O, feliz tiempo donde se puede sentir lo que se quiere y decir con libertad lo que se siente! Muchos años ha, Señor, que sufrían los pueblos el pesado yugo del despotismo de las Capitales, siendo tratados los vasallos de V. M. como viles esclavos; y así brumados con tan pesada carga gemían en el olvido y no podían sufrirla, sin la costa del ningún adelantamiento de sus haciendas y labores, haciéndolos hasta la vida odiosa. Por que ¿puede ser, Señor, en ningún tiempo buen Servicio de Dios ni de V. M. la total desolación de los Pueblos, la evidente ruina de los vecinos, la común congoja de las familias? ¿Con qué ánimo podrá trabajar el Labrador sabiendo que su sudor le fatiga y no aprovecha? ¿Qué amor á V. M. podrá engendrarse en el Corazón de un Vasallo que advierte una injusta imposición de derechos contra Vtra. R.1 voluntad? ¿Qué ánimo ha de ser bastante para vivir fatigando y parecer falleciendo? Todo esto y mucho más ha sufrido con resignación la miserable Costa Rica, pero ahora se le hacen más sensibles las injusticias por que advierte la inoservancia de nuestra sabia Constitución y que por este perjurio no cogen los pueblos gustosos el fruto del infatigable trabajo del Soberano Congreso Nacional.

V. M. y su Real familia, la Nobleza de su Corte, la seriedad de sus Tribunales, los bríos de sus exércitos, el fomento del Comercio, la multitud de los habitadores de sus pueblos y la felicidad y prosperidad de la Monarquía, todo pende del sudor del Jornalero; pues ¿por qué habiéndolo de enjugar la piedad le ha de sofocar el rigor, privándalo de la única exportación que puede hacer de sus frutos y de la importación que le rinda la utilidad? No es esto adherirse á las piadosas intenciones de V. M.

Bástale al infeliz su desdicha sin querérsela duplicar con el desprecio; y así, Señor, espera firmemente Vtro. Gobernador de la R.1 piedad de V. M. que ha de dar crédito á estas expresiones y las que vierten los A. A. con los Síndicos por sus vecindarios que tienen el honor de mantenerse fieles en medio de las turbulentas insurrecciones de los pueblos con que confinan, contribuyendo gustosos con sus personas á la pacificación, como reciente

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