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dencias serias y usaría de todo el rigor militar en último recurso, por el estado pobrísimo á que veía reducido el Erario, y que convendría manifestar esta resolución del modo más propio para que su convencimiento produjese los efectos que me prometía. El comandante Rosi, en vista de mis órdenes, le dió puntual cumplimiento, patrulló con la actividad que tiene muy acreditada, hizo algunos descubrimientos, penetró las tramas y juntas de los inquietos, principalmente de los individuos del Ayuntamiento constitucional, dió parte de ellas al Gefe político el 22 de Enero, le manifestó que era preciso castigar á los alborotadores, porque suponían temor en el mismo Gefe político, y le hizo presente lo demás que expresa en su oficio (n.o 22) escrito el 24 de dicho mes á las diez de la mañana. En la noche del mismo día 24 de Enero último fué la explosión, según el parte que se me dió (número 23), fechado á 25 siguiente. Los mismos Alcaldes constitucionales D. Juan Manuel Rodríguez y Pablo Castillo, que debían ser auxiliares del Gefe de la provincia, fueron los que reunidos con otros en la sacristía de la Iglesia Parroquial, mandaron tocar las campanas para poner en movimiento el Pueblo, preparado ya por su maligno influjo y el de los Padres Aguilares, los que libraron órdenes á los pueblos inmediatos para que no fuesen obedecidas las del Gefe político, los que despacharon emisarios para revolucionar, los que unidos con otros tan malos como ellos maquinaron é intentaron egecutar el plan de conmoción. Felizmente la experiencia acreditó lo mismo que había pensado. La fuerza existente en San Salvador fué bastante para contener el primer impulso de inquietud. Amotinado el Pueblo en distintas reuniones apostadas en diversos puntos, una de ellas atacó á una patrulla de voluntarios: éstos se vieron comprometidos á hacer fuego, mataron dos, hirieron tres, y un ejemplo tan oportuno de valor, unido al respeto de la tropa restante, bastó para contener el primer empuje de la insurrección. Los partidos inmediatos de San Vicente, San Miguel, S." Ana y otros que han seguido constantes en su sistema de paz, aprestaron al primer aviso la gente necesaria para ocurrir á la extinción del fuego. El coronel de milicias del primero D. José Rafael de Molina acuarteló al momento su Escuadrón, y dispuesto á marchar con él lo comunicó en oficio del mismo día 25 de Enero (número 24). En los siguientes 26 y 27 me dirigió el Gefe político los del número 25, 26 y 27, manifestando que no había ocurrido segunda novedad, que había mandado suspender la marcha de tropas de San Vicente y So Ana y que se licenciase la que en otros partidos se había aprestado, quedando todos prontos á obedecer la primera; que era inexplicable el celo y denuedo del comandante Rosi, digno de elogio el que habían manifestado los cuerpos de voluntarios, dragones y bandera, y acreditada la lealtad de los partidos circunvecinos, con particularidad el de San Vice72 fe. Por su parte el comandante Rosi, en oficios de 27 de Enero y 9 de Febrero (números 28 y 29), me hizo presente que había dado repetidos avisos al Gefe político y tomado las medidas que indica antes de la conmoción del 24; que tres días después, reproducidas el 27 algunos reuniones de inquietos, el fuego que mandó hacer á la de un Barrio que quiso acometerle, dispersó á los malos; que el Gefe político dictaba providencias útiles y trabajaba con celo; pero que sus bondades podían ser perjudiciales y su confianza había puesto al riesgo de perderse la empresa; que no era prudente su pensamiento de que fuese á San Salvador á influir en la pacificación del pueblo el cura citado D. Matías Delgado; que por el contrario, los patriotas consideraban útil que no fuese este Eclesiástico á aquélla, y que él era de la misma opinión. Reducidos á prisión D. Miguel Delgado, hermano del expresado cura D.o Matías, D. Juan Manuel Rodríguez, Alcalde I.o del Ayuntamiento Constitucional, D. Santiago Celis, Síndico del mismo, y Crisógono Pérez, Regidor de íd., se encontraron en los papeles del primero la carta citada (n.o 5) escrita á Morelos, el borrador (n.o 3o) del Bando que los inquietos habían acordado publicar, y otro (n.o 31) de los capítulos principales de la nueva Constitución que pensaban sancionar, fundada en dos bases: I.a que la soberanía debía residir en una Junta compuesta de individuos electos por el pueblo; 2.a que tres individuos de ella, denominados cónsules, debían formar un tribunal ejecutivo, siendo general en Gefe el primer cónsul, Ministro de Gobierno el segundo, Intendente el tercero. No fueron arrestados todos los cabecillas en el momento oportuno en que el pueblo intimidado por la entereza de los hombres de honor se dispersó á sus hogares. Continuaron libres algunos que no debían estarlo, y siguió el espíritu de inquietud, manifestándose en pasquines reiterados. El Gefe político, en carta de 2o de Febrero (no 32), me hizo presente que todos los días tenían el suyo y continuaban los insultos á los patriotas; que había acordado una misión compuesta del Padre cura D. Nicolás Aguilar, Prelados regulares y otros Eclesiásticos, manifestando en el Ayuntamiento que si por este medio no se reformaban los males, contendría sus insultos con el rigor de la justicia en los términos que expresa el Acta (n.o 33). No me pareció medida oportuna la de poner al frente de la misión ó comprehender en el número de sus Ministros al cura Aguilar, uno de los autores de la conmoción. Temí consecuencias poco lisongeras y contesté en 25 del mismo mes (n.o 34), que el pensamiento de la misión era muy de mi agrado, por que lo era que se inspirasen á las clases sociales sentimientos de amor mutuo y se hiciese lo que hicieron los fundadores de la Religión, que predicaban obediencia á la autoridad aun cuando ésta se hallaba depositada en manos indignas de ejercerla; porque la santa misión debía ser hecha sin perjuicio de la santa justicia porque en las convulsiones anteriores una de las medidas que adopté fué la de ofrecer indulto general y mandar misioneros acreditados por su celo, y si no había bastado un sistema de tanta moderación para impedir que se reprodujesen las mismas inquietudes, la experiencia indicaba ya diverso camino; que el poder judicial debía procesar y castigar á los perversos y el Gobierno tomar medidas oportunas al mismo tiempo que los oradores de la misión diesen lecciones útiles á los sencillos é ignorantes; que observaba ser uno de los Ministros designados el P.o D. Nicolás Aguilar, el mismo de quien se había manifestado en oficio anterior (n.o 35) que en su casa se reunían los cabecillas para tratar de sus inicuos planes; que no tenía datos bastantes para conciliar lo uno con lo otro.

Antes de recibirse este oficio se verificó desgraciadamente lo mismo que habían temido. En oficio del 28 (n.o 36) me hizo presente el Gefe político que para colmo de disgusto se había comenzado la misión el día 27; que el cura D. Nicolás Aguilar había predicado un sermón muy inoportuno, dicho en términos ambiguos que daban mérito para fomentar hablillas y enconar los ánimos, que su hermano el P.° D. Manuel había predicado otro escandaloso y subersivo, lleno de imputaciones y cargos al mismo Gefe político, á los Juecez y á las tropas; que esta incidencia, las Juntas de insurgentes celebradas en su casa y su concurrencia á la sacristía, evidenciaban la gran parte que tenía en todos los males del público y la necesidad de su pronto remedio; que se le mandase fuerza estraña para imponer respeto.

Contesté inmediatamente en carta de 5 de Marzo (n.o 37), que previendo lo mismo que se me comunicaba dirigí la de 25 citado, extendida en los términos que ya se habrían visto, y que de conformidad con lo que se me proponía había tomado sin pérdida de tiempo las medidas oportunas.

A pesar de ellas ignoro hasta ahora que se haya decretado el arresto de los Poo Aguilares, agentes principales de las inquietudes de San Salvador. El Presbítero D. Manuel, predicado el sermón y suspenso por él de predicar y confesar, se vino á esta capital del modo expreso en el oficio (n.o 38), en que el Gefe político me manifestó que estubiese á la mira de sus pasos, temeroso, según dijo, de que estraviase su ruta. Llegó el P.o Aguilar el 9 de Marzo, y en el mismo día se presentó al Provisor D. Bernardo Pavón; pero yo ignoré su llegada hasta el 14 porque el Provisor no me dió aviso alguno, siendo asunto tan digno de la atención del Gobierno, ni el P.o Aguilar tuvo la urbanidad de presentárseme. Siguió libre, diciendo misa públicamente, porque el Provisor parece que no tomó providencia alguna contra él; y hasta que por otro conducto se me dió aviso de su llegada, proveí auto mandando que reunidos todos los antecedentes se pasasen á mi asesor D. Joaquín Ibáñez. Este fué de dictamen (n.o 39) que obrando de acuerdo con el Provisor proveyese la detención de dicho Presbítero, comunicándolo al Juez de la causa para que manifestase categóricamente si exhortaba para su verdadero arresto. Interesada la tranquilidad de que soy principal responsable, no era preciso que mi autoridad obrase de acuerdo con la del Provisor, porque en los delitos de conmoción en que se maquina atacar las legítimamente establecidas, expresas son las Leyes que facultan á la juris. dicción Civil para proceder contra los Eclesiásticos sin intervención de la de los Vicarios, y reiterados los ejemplares antiguos y recientes que lo confirman. Pero no quise desviarme del parecer del Asesor: proveí auto de conformidad y lo comuniqué todo al Provisor por medio de mi Secretario, en obsequio del sigilo que demandaba el asunto. El Provisor contestó que al día siguiente daría respuesta, y la que dió con recado verbal, tan poco decoroso á su autoridad como á la mía, fué que el P.o Aguilar de su propia voluntad se trasladaría á la Escuela de Cristo. Supe que no se había hecho ni aun esto; mandé de nuevo á mi Secretario y contestó que no se trasladaba á la Escuela por falta de celda, sino al Hospital de San Pedro. Seguidamente dirigí oficio (número 4o) al Gefe Político comunicándole todo lo ocurrido para que lo pusiese en noticia del teniente Letrado D. Juan Manuel Bustamante, que es quien está siguiendo la causa en San Salvador. A pesar de él seguí ignorante de las diligencias practicadas en su cumplimiento. Notaba alguna lentitud en el curso de la causa, y temeroso de los efectos funestos que produce en asuntos tan delicados la morosidad de su sustanciación, escribí rectamente al Juez del negocio indicándole en carta de 18 de Abril (n.o 41) que una causa, objeto por su naturaleza de la expectación pública, debía concluirse pronto, antes que las artes del foro ó la intriga obscureciesen la verdad; que eran peligrosas las consecuencias de la lentitud, porque los reos podían desde las prisiones seguir influyendo malignamente, como lo habían hecho los de Granada, aun separados de su patria; que era además interesante el curso activo del negocio por las luces que podía presentar al Gobierno sobre el detall ó pormenores del plan de insurrección; y que esperaba certificación del estado de la causa para dar cuenta á

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