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blecimiento de esa inquisicion, conocida ya en España desde 1240, pero ante los restos activos y turbulentos de la relijion musulmana , orijen de tantas disensiones, consecuencia natural me parece. Observemos ademas que solo dos ó tres son los autores contemporáneos que vituperaron, y eso indirectamente, la institucion de ese tremendo tribunal , tan popular en sus dias, cuando todos los demas le colmaron de encomios; siendo muy probable que hoy mismo hicieran de nuevo su apolojia, dado que al mundo volvieran con las ideas absolutas de su época ; circunstancia que arguye victoriosamente contra los descompuestos ataques que de algun tiempo a esta parte le asestan las pasiones, ó el débil destello de esa filosofía desdeñosa é incrédula, que tan torcidamente guió el espíritu del último siglo.

CAPITULO II.

La monarquía española constituida. Se propone Cristoval Colon el descubrimiento de las Indias. Preséntase con este objeto a la corte de Lisboa, y en seguida a la de España. Desprecian los sabios de Simancas el plan de Colon. Disponese este á pasar á Francia despues de muchas humillaciones y desaires, pero la reina Isabel le detiene, entra en sus miras, y ordena la ejecucion de ellas.

Tomó la Castilla el nombre de reino de España desde que se le agregaron los de Granada , de Aragon y de Cataluña , adquiriendo la preponderancia de una de las monarquías de primer órden, porque sus entendidos y laboriosos soberanos, movidos de un comun celo, no pararon hasta plantear en ella una administracion que supo contener los excesos del feudalismo, al paso que reparar los estragos que la corrupcion de sus predecesores hiciera.

Poseedores de cuantos elementos convienen al logro de las grandes empresas, y ayudados del aura popular, fácilmente pudieron poner en juego todos los resortes de la complicada máquina en que ruedan la suerte y el porvenir de las grandes naciones, desplegando afanosos el valor , la prudencia , la constancia, la grandeza de ánimo y los talentos de que dotados se vieran esos ilustres esposos, que en dicha de la España habia unido el destino, reservando á su ingénita justicia, á su política, y á su exquisito discernimiento para penetrar el corazon humano, los tantos trofeos que á mayores glorias les llamaran.

Y es de notar cuanto luce al lado de esas dotes per

sonales, la hipocresía, la estudiada solapa con que Fernando marcha tras la realizacion de su ardua y no menos jigantesca empresa, aparejando con leyes de prudente reserva el establecimiento de un sistema de equidad y de justicia entre sus vasallos, y el despojo de las regalías que la grandeza se habia apropiado en deslustre de la corona; pues á todo esto le empeñaba la buena armonía que guardaban con él las naciones vecinas, y la tranquilidad de sus estados, donde la severa viijlancia del Santooficio traia amigos y enemigos callados y sumisos entre la unidad de creencias y de opiniones.

Como el pueblo se mantuviera siempre en manifiesta oposicion á la nobleza, y como comprendiera en las miras de Fernando la rejeneracion de su existencia política , y el asiento del principio democrático que mas ó menos tarde habia de romper el vasallaje, resuelta y denodadamente favoreció la reforma; pero la santa hermandad fue el poder material de que echaron mano los reyes españoles, como de los archeros, en su tiempo, el monarca francés Cárlos VII. En tésis jeneral bien cabe avanzar que la política de aquellos monarcas fue un traslado de la de sus vecinos. ¿Quién no descubre en los principios de Fernando, en su imperiosa índole, en sus desvelos por humillar el orgullo de la nobleza, la propia persona de Luis XI? Sí que hubo en el rey castellano mas tacto, mas juicio, pues que, lejos de desairar á los nobles posponiéndolos descubiertamente á jentes de oscura condicion, dando así motivo á interminables guerras civiles, se los atrae con confemplaciones, en tanto que indirectos medios, hábilmente combinados, hacen su descrédito , y que ellos mismos se labran, sin pensarlo, la pérdida de sus privilejios, la de su prestijio, hasta

ver con asombro en derredor suyo la mas completa humillacion.

Ni salió mejor parada la silla apostólica. Valida sin duda de la exajerada devocion de los dos reales esposos, acudió á ellos entonces con ciertas pretensiones que, sobre ser desatendidas, pusieron al pontífice en la necesidad de otorgar á los reyes nuevas prerogativas, con algunos subsidios destinados al mayor lustre de nuestra santa relijion.

Notoria era en aquella época la ignorancia del clero y su relajada vida, por tanto de absoluta necesidad la reforma en todas las órdenes. Confiaron los monarcas esta importante obra al confesor de Isabel, el franciscano Ximenez de Cisneros, hombre de tanta altivez cuanto era rijida su austeridad. Apenas hecho este prelado arzobispo de Toledo, segunda dignidad de la monarquía española, cuando ya intentó imponer aquellas máximas que mas conducentes creyera para morijerar el laxo clero ; pero tropezó en una terrible oposicion robustecida de los de su misma órden , y hasta del poder pontificio, ya ganado por los sacerdotes de alta categoría. Habia en Ximenez conviccion , una voluntad de bronce, y en ella se estrellaron los esfuerzos de todos sus enemigos, dejándole asentar la regla en todas las comunidades, sin enmienda, sin restriccion, sin particulares consideraciones, é imponer al culto un carácter de autoridad y de respeto , exento de la supersticion de que falsamente se le acusó mas de una vez."

Sí que puso grande empeño en la conversion de los moros, en que desapareciera de España toda idea de mahometismo; y ya tomara en cuenta la conveniencia política, ya ( y es lo mas probable) cediendo a su fervo

rosa caridad por los infieles, se trasladó á Granada resuelto á fundar de un modo estable la unidad relijiosa, como prenda segura de la prosperidad y del sosiego de los habitantes. Si á su administracion miramos, preciso se hace encomiar el orden y la economía de Ximenez , afanado en rebajar tributos, en protejer industria y letras , en traer á la corona el poder de que tanto abusaran los grandes, y solo, y sin ejemplo que imitar, haciendo por la nacion española lo que por la Francia hicieron despues Richelieu y Mazarin.

Un reino nuevo, un gobierno fuerte, una administracion de imparcial y severa justicia, máximas de una relijion bien entendida, un principio de igualdad que aniquila el feudalismo , y cuyo espíritu político y social fue causa primera de la nacionalidad española; he ahí la fuente de la prosperidad, de la preponderante posicion que la Castilla debiera á los tantos y tan briosos esfuerzos del saber, y de la prodijiosa actividad de sus monarcas. A la unidad del poder, á la centralizacion de los intereses comunes, consecuencia de semejante metamorfosis , todavia siguieron otros sucesos muy á propósito para acrecentar la fortuna de esta nueva y floreciente monarquía, pues que se la ve curar la mortal llaga que la ausencia de judíos y mahometanos abriera en su agricultura, en su industria y en su comercio; y como si algo faltara al lustre de aquel reinado, sin par en los anales de Castilla, sin par quizá en el orbe, encumbrarle al lleno de la gloria con la conquista de un mundo nuevo que el talento y la habilidad de un oscuro extranjero acabara de descubrir.

Cristoval Colon, dedicado desde su tierna infancia al estudio de la jeografía, de la cosmografía, y á la práctica

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