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ditos esfuerzos, de un constante teson, y mas que todo, á beneficio de consumir Valdivia todo su dinero, y no pequeñas sumas que tomó prestadas, vino á contar en sus filas ciento cincuenta hombres de ambas armas, y un corto número de Indios, con destino al resguardo y conducta de los bagajes.

El 20 de enero de 1540 fue el dia aplazado para comenzar la jornada, pero la víspera concurrió toda la tropa á formar en la plaza del Cusco, y allí, Valdivia , acompañado de sus oficiales, hizo fueran reconocidos en calidad de maestre de campo, Pedro Gomez, de alférez del real estandarte, Pedro de Miranda, y de sargento mayor Alonso Monroy.

Habia ademas para cada compañía dos capitanes de probado ardimiento, y de conocida habilidad, siéndolo de la caballería Francisco de Aguirre y Jerónimo de Alderete; de los arcabuceros y ballesteros Francisco de Villagra ; enfin , Rodrigo de Quiroga el de los piqueros y rodeleros ; haciéndose tambien notar en esta corta columna algunos sacerdotes, entre otros Bartolome Rodrigo, y Gonzalo Marmolejo, que, como sus piadosos compañeros, se propusieron responder al espíritu de caridad que sentian, yendo á predicar la fe santa á los nuevos paises.

Así dispuesto y aparejado, se dirijió Valdivia á la catedral, en cuyo atrio hubo de recibirle el célebre obispo D. Fray Vicente Valverde, para oir y recojer los votos que en aquella época prometia relijiosamente la milicia por medio de sus caudillos, toda vez que iba á tentar empresas de gravedad. Los de Valdivia fueron en esta ocasion la promesa de dedicar a la Virgen de la Asuncion, patrona del Cusco, y bajo cuyo amparo se puso,

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el primer templo que en Chile la gratitud y la devocion vinieran á levantar; y la primera ciudad que en aquel pais se fundara seria consagrada al apóstol Santiago : tras cuyos votos, jefes y soldados doblaron sus rodillas con muestras de muy exquisita devocion , en tanto que el ilustre prelado bendecia sacerdotalmente el proyecto, y las esperanzas de los emprendedores, pidiendo al Todo Poderoso allanara clemente las dificultades de tan arriesgada obra; y dando fin á esta majestuosa ceremonia con armoniosos himnos en que los corazones hallaron ensanche, conformidad y plena confianza.

Emprendió la expedicion su marcha hacia el sur, pero Valdivia se sentia cada dia mas mal hallado con Pedro Sanchez de Hoz, cuya obligada compañía le pareció carga muy pesada , de que era menester desembarazarse cualquiera que fuese el pretexto, para quedar jefe único de la empresa ; y como este socio se le uniera en Atacama sin haber llenado una de las varias condiciones estipuladas con Pizarro, Valdivia hubo de echarle en cara la falta, y tomar de ella motivo para compelerle á renunciar por escrito cuantos derechos, cuantos títulos hubiera y pudiera haber á la conquista de Chile, aunque de nuevo se les confiriese la corte de España ; pero fue tambien condicion del compromiso que Sanchez de Hoz continuaria en las filas con aquel empleo que su rango y sus cualidades merecian. Este pacto (1) fue firmado en Atacama el 12 de agosto de 1540 por Pedro Sanchez de Hoz, Juan Bohon , Alonso de Monroy, Pedro Gomez, el clérigo Diego Perez, y pasado por ante el escribano pú

(1) Guardo copia literal de ese documento. La matriz existe en el archivo jeneral de las Indias de Sevilla, con los demas papeles que allí se trasladaron del de Simancas.

blico del ejército Luis de Cartajena; quedando por consiguiente Valdivia señor de sus obras, dueño único de las fuerzas conquistadoras, con lo cual pudo desplegar cuanta enerjía, cuanto arrojo hervia en un corazon ansioso de gloria y de singulares prodijios.

Cuando la columna hubo repuesto las fuerzas que el cansancio de la jornada le habia rebajado, Valdivia resolvió pasar á Chile llevando su tropa por el vasto y monótono desierto de Atacama, cuya travesía siempre habia sido difícil y penosa, como que en ella todo lo que pide la existencia falta, y hacíase mas aventurada esta vez porque iban con la division una multitud de animales domésticos, destinados al asiento y prosperidad de la gran colonia en proyecto; pero amaneció el dia 14 de agosto para decir por medio de un cañonazo, cuanto aquel jefe desdeñaba los peligros, y como era preciso cejar ante su entera voluntad, rompióse la marcha, ya que, para guarecerse de alguna celada, tomó la prudente precaucion de destacar en vanguardia algunos caballos encargados de reconocer las inmediaciones de ambos costados.

Iba con Valdivia el mercenario Fr. Antonio Rondon, que con el malhadado Almagro habia cumplido la primera invasion, y fue este relijioso de suma utilidad, haciendo de guia, por decirlo así, y señalando los altos ó descansos, en aquellos lugares mas cómodos, mas propios para responder a las necesidades de la columna , permaneciendo mas ó menos dias en cada uno, segun que los pastos, el combustible, las aguas, etc., eran mas ó menos abundantes; pero no por esto se mantenian ociosos los soldados, antes se los empleaba en el manejo de la lanza á estos, en el del estoque á aquellos; tales

entraban en el ejercicio de fuego con el arcabuz, y otros, por fin, se daban al de la ballesta. Si tal vez se les permitia el descanso, entonces se ponian al rededor de su jefe, le oian respetuosos mientras les encargaba cuanto importaba se condujesen como verdaderos militares, como hombres de pundonor, de probidad, siendo moderados y leales en su trato con los Indios, cuya conquista iban á cumplir para plantear entre ellos una nueva civilizacion.

Esta cordura , este amable porte de Valdivia le granjearon, á mas del respecto, el cariño de sus soldados, y de ello le dieron sobradas pruebas; aunque autores hay, y entre ellos Antonio Garcia, que suponen en esta jornada una sedicion á causa de haber faltado momentáneamente los mantenimientos, sedicion que Valdivia hubo de reprimir en breve. Mal admitiéramos tal suposicion, cuando sobre ser constante la mucha estima de que aquel jefe gozara entre los suyos, todavía dice el libro del cabildo : « que los habia traido y gobernado » con tanto acierto sin haber habido escándalos ni disen» siones. »

Como quiera, llegó Valdivia á Copiapo no sin dejar vencidas hartas dificultades en la travesía del desierto , sobre todo teniendo que atender á la seguridad de las muchas mujeres y niños que á la expedicion siguieron ; y estableció su campo á orilla de un riachuelo, poniéndose á cubierto de cualquier ataque; tras lo cual hizo que todos los sacerdotes entonaran el Te Deum laudumus, en reconocimiento de la dicha con que Dios le habia permitido acabar su penosa jornada. Siguióse á esta pía ceremonia el destemple de un júbilo entusiasta , haciendo los atrevidos conquistadores que mil gritos de alegría llenasen los aires de aquellas rústicas rejiones, con extremos, mas bien que militares, propios de peregrinos en romería, si de tiempo en cuando no salieran el eco del cañon y el ruido de los atabales recordando la gravedad é imponente pompa de una funcion bélica : tambien respondian las filas con sonorosos vivas, en tanto que el héroe de la ceremonia, con la espada desnuda en una mano y el pendon en otra, se declaraba poseedor, á nombre del rey de España, de todo aquel pais, y para perpetuar la memoria de este tan importante acontecimiento, ordenó que en adelante se diria valle de la Posesion, y no de Copiapo, aunque este es el que la costumbre ha hecho prevalecer.

La expedicion toda notaba sin embargo que aquel pais no ofrecia con que contentar la codicia del aventurero, ni aun siquiera objetos capaces de pagarle las incomodidades que el visitarle le habia costado. Así discurria tendiendo la vista por el inmenso y desierto valle, no sin reparar en el trascurso de sus gozosos desahogos que ni un solo salvaje asomaba, cuando en el mismo lugar habia probado Almagro en otro tiempo la mas pura, la mas sincera hospitalidad : era pues de presumir que esta vez los naturales pensaban oponerse a los invasores, y tal recelo hubo de entristecerlos.

Como Valdivia concibiera tambien los mismos temores, con dilijencia destacó algunos caballos encargados de recorrer el campo y tantear el ánimo de los Indios; volvieron en breve los soldados con dos prisioneros, los cuales declararon que los jefes de aquellas tribus estaban reunidos tratando estos dos puntos capitales; hostilizar á los Españoles segun unos, guardar con ellos paz segun parecer de otros.

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