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resquadrones bien grandes, con tan gran impetu y ala» rido, que parecian undir la tierra, y comenzaron á pe.. »lear de tal manera que prometo mi fe que ha treinta años o que sirvo á V. M. y he peleado contra muchas naciones, y nunca tal teson de gente he visto jamas en el pelear como estos Indios tuvieron contra nosotros, que en esopacio de tres horas no podia entrar con ciento de cavallo »al un esquadron, y ya que entravamos algunas veces, o era tanta la gente de armas enastadas y mazas, que no s podian los christianos hacer á sus cavallos arrostrar á - los Indios ; y de esta manera peleamos el tiempo que » tengo dicho ; é viendo que los caballos no se podian meter entre los Indios, arremetieron la gente de a pie á »ellos, y como fue dentro en su esquadron , los comen"zamos á herir. Sentiendo entre sí las espadas que no »andaban perezosas, é la mala obra que les hacian , se desvarataron. Hirieronme sesenta cavallos y otros tantos christianos, de flechazos é botes de lanza , aunque o los unos é otros no podian estar mejor armados, y no murió sino solo un cavallo á cabo de ocho dias, y un soldado que disparando otro vecino un arcabuz le mató, y en lo que quedó de la noche y otro dia , no se enten»dió sino en curar hombres y cavallos (1). »

(1) Eso es lo que Valdivia dijo á Carlos V en carta que le dirijió desde la Concepcion con fecha 25 de setiembre de 1551.

Dicen todos los historiadores , hablando de esta batalla , que Valdivia estuvo à pique de perecer en ella , y que le mataron los Indios el caballo ; á ser cierto el hecho de sobra resultara en el contenido de la precedente carta , pues que cuenta cuantos fueron los heridos, cuantos los muertos, y de estos solo se bola un caballo que muere á cabo de ocho dias... Dicen ademas los historias dores, que el intrépido Aillavilu tuvo la gloria de mandar a los Indios esta vez, y de morir en la consusa pelea. Nada babla Valdivia de este jefe ; quizá to hiciera por desprecio, pero entro de lleno en la opinion de aquellos, con tanta mas razon, cuanto que Ercilla, autor contemporaneo , le cita tambien en su poema la Araucana.

Mientras se remediaban del mejor modo posible los estragos de esta encarnizada funcion, el gobernador se puso á visitar los contornos, buscando el sitio mas conveniente para fundar un pueblo. Ya por último plantó el real estandarte á orillas del riachuelo Penco, y en la misma playa del mar, posicion ciertamente ventajosa y de seguro porvenir para la colonia , asentada en un puerto magnífico, hermosísima bahía, con abundancia de pescados, y muy próxima al caudaloso Biobio , con que se le ofrecia la navegacion interior.

Ocurrió este suceso el 23 de febrero de 1550, concurriendo toda la columna. Como importara mucho el precaverse contra los embates de los Indios, que los repetian sobradamente, sin que los descalabros entibiaran su ardor, se dió principio á la obra , levantando una estacada entre un hondísimo foso, con maderos sumamente gruesos y de mucha resistencia ; y fue tal el celo y el apego durante este trabajo, que al cabo de ocho dias ya se veian los Españoles dentro de un círculo « tan bueno » é fuerte que se puede defender a la mas escogida nacion » guerrera del mundo. » En seguida pasó Valdivia á deslindar todo el terreno interior, dividiéndole en suertes mas ó menos grandes, que fueron repartidas entre la jente que le acompañaba el 3 de marzo de 1550, y cada cual empezó á levantar en ellas su propia morada. Tal es la época con que da principio la ciudad llamada Concepcion (1).

Así guarecidos, bien hubieran podido gozar los Espa

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(1) Autores hay que pasan la fundacion de esa ciudad al 5 de octubre de 1550, y así lo indica tambien Valdivia en dos de sus cartas. Si el principio de un pueblo no ha de contar hasta desde el dia en que se verifica la instalacion de su ayuntamiento, razon tienen, pues que el 5 de octubre se instaló el de la Concepcion ; pero nosotros contamos de otra manera.

ñoles de algun descanso abandonando sobre todo la penosa alerta en que tenian que pasar las noches la mitad de ellos, si los Araucanos respetaran algo mas el fuego de los arcabuces, ó que con tan repetidos reveses llegaran á desalentarse ; pero fue el caso que, fiados siempre en el inmenso número de combatientes con que sus filas se aumentaban de dia en dia, y llenos de un arrojo tanto mas temerario cuanto mayor se presentaba el peligro, volvieron inmediatamente al frente de un enemigo cuyas armas y pericia militar le hacian sobrado imponente y temible. Bien conocia Valdivia como se preparaban los Indios para atacarle, y aunque su audacia iba de par con el violento deseo que sentia por salir contra sus enemigos, todavia se contentó con esperarlos dentro del palenque hasta el anochecer del 12 de marzo, en que todos los oteros y collados de los alrededores parecieron cubiertos instantaneamente de millaradas de guerreros prontos á descolgarse contra la columna expedicionaria. Eran mas de cuarenta mil, y los mandaba el famoso Lincoyan, personaje de tan prodigiosa estatura , cuanto eran singulares sus talentos y su señalado valor. « Ve» nian (dice Valdivia á Carlos V, con referencia á este » suceso) en estremo muy desvergonzados quatro esqua» drones de la gente mas lucida y bien dispuesta que se » ha visto en estas partes, é mas bien armada de pelle»jos de carneros y ovejas é cueros de lobos marinos » cruzados de infinitas colores, que era en estremo cosa » muy vistosa, y grandes penachos todos con celadas » de aquellos cueros á manera de bonetes grandes de » clérigos, que no hay hacha de armas, por azerada » que sea , que haga daño al que las traxere , con » mucha flechería y lanzas, á veinte é á veinie y cinco » palmas, y mazas y garrotes : no pelean con piedras. *

. Cuanto era de hacer habia hecho Valdivia para desviar á los indígenas de sus hostiles intenciones, y aun algunos dias antes les envió varios prisioneros, brindándolos con la paz, si le daban por prenda la obediencia ; mas como fueran vanos todos estos medios, hízose la guerra indispensable, y ya no pensó el gobernador sino en alentar á sus soldados para que le ayudaran esforzados á sacudir un golpe decisivo que sumiese para siempre la indomable obstinacion de aquellas hordas guerreras.

Como reparara que el enemigo se le acercaba en cuatro divisiones por cuatro puntos distintos , y de tal modo dispuestas que no podian ampararse simultanea y reciprocamente, corriendo ordenó que Jerónimo de Alderete, con cincuenta caballos, saliese contra el cuerpo que se dirijia hacia la puerta de la estacada , de la cual no distaba ya sino el alcance del arcabuz; y fue la carga tan súbita , tan arrojada y terrible, que no pudiendo los Indios contenerla, turbados y sobrecojidos retrocedieron, encarnizándose en ellos la caballería española con inaudita ferocia y crueldad. No salieron mejor paradas las otras tres divisiones. Así es que los Indios, sin aliento á vista de una tan grande derrota , y no distinguiendo en derredor suyo sino espanto y confusion , en una presurosa fuga fundaban todos su vida. Todos corrian, ansiosos de allegar á las crestas de montañas inaccesibles á la caballería ; y como eran tantos, y el desórden tan grande, unos a otros se embarazaban , dando con esto á las armas castellanas cuanto tiempo podian apetecer para saciar su feroz y brutal osadía. « Mataronse (dice » Valdivia al emperador Carlos V) hasta mil y quinientos » ó dos mil Indios, y alanzearonse otros muchos, y pren» dieronse algunos, de los quales mandé cortar hasta » doscientos las manos y narices, en rebeldía de que mu» chas veces les habia enviado mensajeros y hecholes los » requerimientos que V. M. manda. Despues de hecho » justicia , estando todos juntos, les torné á hablar por» que habia entrellos algunos caciques é Indios principa» les, y les dixe é declaré como aquello se hacia, porque » los habia enviado muchas veces á llamar y requerir con » la paz, diciéndoles á lo que V. M. me enviaba a esta » tierra, y habian recibido el mensaje, y no cumplido lo » que les mandaba , é lo que mas me pareció convenir en » cumplimiento de los mandamientos de V. M. é satisfacn cion de su real conciencia ; y así los embié. »

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Injusto, soberanamente atroz fue ese proceder, pero no por eso se intimidaron los hijos del pais, antes redobló su exasperacion ; y si por ser sus desastres tan recientes, no vieron mejor medio que retirarse á sus rústicas moradas, en ellas comenzaron desde luego á meditar y resolver modos de cumplir uno de esos grandes hechos que solo un muy puro y ardoroso amor á la independencia puede aconsejar, Quieto y libre dejaron á Valdivia en sus acciones, y harto presumió él con esto que los tenia sumisos, llevando por lo mismo todas sus miras y su incansable actividad al acrecentamiento instantáneo de su nueva poblacion. Recojidos cuantos víveres creyó serle necesario, y puestos en paraje seguro, se dió á correr los alrededores del pais, mezclándose con los Indios, cuya obediencia hubo de parecerle muy natural, muy sincera. Infiérase tambien si le seria satisfactoria, puesto que, con la simplicidad mas candida, escribe, al cabo de cuatro meses, diciendo que, con la ayuda de Dios, de la santa Vírgen y del apóstol Santiago , quienes siem

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