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Indios tan perfectamente guardados los caminos, fue tal su empeño en atajar el paso, que los Españoles, no obstante su valor, y el tenaz propósito de prestar ayuda á sus compatriotas, tuvieron que retroceder á Arauco despues de haber fenecido la mitad.

Caupolican estrechaba la plaza de Tucapel, cada dia con mayor rigor, por la innumerable multitud de Indios de que disponia; y Ezijar reconocia tambien el terrible apuro de la situacion que de hora en hora se agravaba. Ya habia cumplido algunas salidas contra el cnemigo, pero con resultados insignificantes, por manera que deseaba una ocasion propicia para poner término á tanta incertidumbre, á tan inminentes riesgos como delante de su vista tenia. Se veia aislado; miraba aquel campo cubierto de Indios, que le recorrian con una petulancia insultante; faltábanle mantenimientos, y esto tenia poco menos que exasperados á algunos de sus súbditos, que demasiado seguros de su valor, si acaso despreciando lijeros el poder del enemigo, en tiempo oportuno no pensaron en almacenar provisiones , antes tuvieron por imposible el que se los viniera á hostilizar; de suerte que todo esto cra para el jefe un muy poderoso motivo que le encomendaba pronto remedio. De entre este puñado de guerreros hay que mencionar al joven Leonardo Manrique. Con sobrada dosis del espíritu andantesco , todavía muy comun en aquella época de aventuras y de galanteos, y sin dar cuenta á nadie de su idea, se echa de la muralla abajo, y marcha , con la espada desnuda, desafiando á un corro de Indies, quienes sin comprenderle quedaron mirando y admirando su atrevida empresa. Pronto se vió cercado de un número considerable de enemigos, contra los cuales atacaba furioso y desesperado, y ciertamente sucumbiera en la lid, si Ezijar y sus compañeros, viendo desde las murallas este ejemplo de bizarría, no corrieran á defenderle; cuyo hecho trajo el empeño de una funcion jeneral, batiéndose ambos bandos con igual encono. Dueños los Españoles del campo, todavía hicieran que el enemigo abandonase el sitio ; pero los esfuerzos de aquel dia los traian tan rendidos, eran los brazos tan pocos, que les pareció mas conveniente volverse al fuerte para meditar con consejo el medio mas seguro de abandonarle en la primera ocasion que se les presentara.

Tal era, en efecto, el deber de Ezijar, cerrado como estaba en una plaza á la cual no podian allegar socorros de ninguna especie. Por otra parte los víveres escaseaban de dia en dia, y esperar á que enteramente faltaran fuera dar lugar á que los soldados, rompiendo la disciplina, se amotinaran contra sus jefes; por cuya razon Ezijar, con acuerdo de los demas oficiales, resolvió abandonar la ciudadela, y atravesar el campo enemigo, amparándose en las sombras de la noche, para ir á refujiarse en la plaza de Puren , distante una docena de leguas. Chasqueada se vió esta vez la sagacidad de Caypolican. Figurósele que esta salida de los Españoles no tenia otro objeto que el procurarse mantenimientos, y determinó, por consiguiente, varias celadas con fuertes destacamentos de Indios, que al retorno de aquellos, habian de acometerlos con resolucion y denuedo; mas pronto comprendió aquel caudillo que su enemigo habia efectuado su retirada, y como, al acercarse al fuerte, le viera totalmente desamparado , hizo que los suyos le demolieran inmediatamente.

Tras este suceso dispuso el jeneral araucano que sus hordas fueran á ocupar diferentes puntos de posicion aventajada para poderse defender con oportunidad ; y como presumiera que los Españoles no dejarian de concurrir á socorrer la plaza de Tucapel, recurrió de nuevo al sistema estratéjico tan natural en los Indios, la artería, emboscando varios cuerpos de trecho en trecho, hasta el cerro de Marigueñu, sito entre Arauco y la Concepcion; cuyo cerro se hizo célebre en los fastos militares de la Araucania.

CAPITULO XXI.

La noticia del levantamiento de los Indios causa en la Concepcion un terrible

desánimo. — Marcha Valdivia para restablecer el orden. - Se presenta en Arauco. — Degüello de dos avanzadas españolas. — Desprecia Caupolican las proposiciones que le hace Valdivia. – Derrota de los Indios. - En vano tratan sus jefes de reunirlos. - El Indio Lautaro, criado de Valdivia, desierta el campo español, y logra rehacer el ánimo en sus compatriotas. Segunda batalla en que perecen todos los Españoles. — Valdivia prisionero. : es asesinado por Leucaton en presencia de Caupolican, que se disponia á perdonarle la vida. - Carácter de aquel insigne conquistador.

( 1553.)

La noticia del alzamiento de los Indios llenó de recelos á los moradores de la Concepcion, temiendo que las tribus de las cercanías seguirian tambien ese funesto ejemplo. Se veian sin fuerzas para repeler al enemigo, porque un falso cálculo en el colonizar, y una infundada confianza, las tenia diseminadas; pero estaba por fortuna el gobernador en la ciudad, aunque preparándose para ir a la conquista del sur que ya tenia Villagra comenzada, y la presencia de aquel jefe no dejó de ser consuelo para unos habitantes sobradamente azorados é inquietos.

Sí que eran de mucho valer los militares talentos de Valdivia , sus pasados hechos, y la grande experiencia que de la guerra tenia; pero esto sin hombres no bastaba, y como se ha dicho andavan dispersos en poblaciones muy distantes, todos aquellos que hubieran podido ayudarle en las empresas. Pedir fuerzas á Santiago tambien era casi inútil porque el servicio no permitia demora, la situacion de los sitiados reclamaba prontos socorros, y por otra parte como todo se lo prometiera el gobernador del denuedo castellano, pues que nunca llegó á desmentirse, resolvió partir incontinente, y sufocar la insurreccion ó por lo menos enfrenarla.

Habia encargado pocos dias antes al comandante del fuerte de Puren, que enviase catorce hombres para Tucapel, punto á que él se encaminó a fines de diciembre de 1553, seguido de cincuenta hombres solamente, por no dejar desamparada la ciudad Concepcion. Pasó el Biobio en barcas, y continuó marchando sin embarazo ninguno, bordando la costa hasta Arauco, donde le hizo Reinoso una pintura, sino satisfactoria, muy exacta, relatando la naturaleza y la importancia de la insurreccion de los Indios; y aunque nada supiera de lo ocurrido en el fuerte de Tucapel, abandonado ya por Ezija, harto presumia tristes consecuencias, con lo que acerca de este punto le habian contado los tres militares que la fortuna quiso reservar, cuando con otros tres pretendieron ir á la defensa de aquel fuerte, desde elde Ara uco.

Era uno de estos tres militares el capitan Maldonado, y aunque guardando cama para curarse de las heridas recebidas, todavía confirmó los recelos que Reinoso explicaba al gobernador, y otros que su larga experiencia hubo de sujerirle; con tal fuerza de persuasion todo, con tales y tan ajustadas palabras, que de sobra impresionaron el alma de Valdivia, solo que como este nunca supo deponer sus proyectos, ni menos huir del deber; . teniendo por muy sagrado el que le mandaba correr á la defensa de sus compañeros de armas, y sacarlos del peligro en que los suponia , decidió marchar adelante,

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