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CAPITULO IV.

Desembarca Colon en una isla, y la nombra San Salvador. Sus relaciones con aquellos naturales. Descubre otras islas. Su errada opinion acerca de la de Cuba. Desercion del navio la l'inta. Viita Colon la isla Española , j naufraga en ella la Santa Maria ; funda uma colonia de treinta y ocho persona , ļ vuelve á España,

Con vivísima impaciencia anhelaba Colon el dichoso instante de ocupar aquella tierra, debida á su persererante empeño, parte, ó isla por lo menos, de la famosa y rica Cipango, porque á esta creencia le inclinaban algunos errores cosmográficos. La tripulacion, por su parte, como no pudiera ya dudar de los resultados, y reconociera en ellos cl juicio, el esmerado saber de su jefe, tan indignamente ultrajado en Simancas, corrió, con leal y sincero arrepentimiento, á echarse á sus pies implorando perdon de su pasada indisciplina; olvido de tantas ofensas como se le hicieron; y de paso, aclamándole almirante de aquellos mares, y virey del territorio que los rayos arjentados de la risueña aurora iban abriendo á la vista de los regocijados marineros. Con bondadosa afabilidad recojió Colon estas muestras de respeto y de pesar, dando a entender que sin violencia, ni repugnancia , sabia olvidar los mayores agrarios, ya que tambien encomendara la enmienda para el porvenir, y la comun obediencia tan necesaria al mayor lustre del nombre castellano; encargo que debió renovarse en el desembarcadero , donde reprodujeron sus súbditos los mismos votos de arrepentimiento, las propias aclamaciones de almirante y de virey.

Tomadas aquellas medidas de precaucion que oportunas parecieran, dado que los moradores de la isla llegasen á mostrarse hostiles, saltó Colon en tierra, á la cabeza de los jefes de las otras carabelas, de varios oficiales, y de un corto número de soldados y marineros; llevando consigo el pendon real, y las grimpolas expedicionarias, en cuyo lienzo lucian una cruz verde, y las iniciales de Fernando y de Isabel, sobrecargadas de una corona. . Así puestos en aquella tierra de promision, con el majestuoso aparato de triunfadores que la gloria envanecia, todos doblaron las rodillas, y con los brazos elevados al cielo, como en señal de un respetuoso reconocimiento á sus favores, sellaron con sus labios el suelo que acababan de pisar; hecho lo cual, desnudó el jefe su espada , y flameando la señera, declaró la isla posesion de los ilustres monarcas españoles, entre repetidos vivas, y entusiastas aclamaciones; suceso que hizo memorable el dia 12 de octubre de 1492, y que ocurrió á los treinta y seis, despues de la salida de la Gomera, y setenta y uno, del puerto de Palos.

El imponente aspecto de las naos, que á velas llenas se avanzaban cortando las aguas, dió lugar á que los naturales presumieran el arribo de algunos endriagos salidos del seno del océano, y confusos y despavoridos corrieron á ocultarse en el corazon de los majestuosos bosques que embellecen los paises intertrópicos, ó entre malezas y encrespados tormos, desde donde poder admirar, con turbada curiosidad, la marcha grave y compuesta de aquellas moles, en su sentir, animadas.

Mayor fue todavia su asombro cuando vieran que, del centro de aquellos corpulentos bultos, salian hombres ricamente vestidos, para darse á ceremonias cuyo carácter anunciaba dulzura, caridad, y profunda veneracion ; debiendo ser por lo mismo espíritus celestiales : idea que aplacó todos sus temores, y les empeñó á venir á mezclarse entre los estranjeros, cuyos trajes y blanca tez, era para ellos objeto de viva admiracion , al paso que su desnudez y color hosco, excitaba la de los Españoles.

En esto estaban cuando el horrísono cañon vino á dar, con su repentino y atronador estruendo, la exacta idea de la perturbacion del aire entre la furiosa tempestad; quedáronse inmóbiles los isleños, y cuando hubieron de recobrar, en algun modo, sus abatidas fuerzas, solo fué para deshacerse en signos y ademanes que daban á entender cuan dispuestos y resignados se sintieran á rendir un respetuoso culto á hombres de tanto poder.

Inexplicable fue el contento que causara en aquellos pacíficos insulares el presente de algunas baratijas y bujerías que los Castellanos les hicieran, y á las cuales dieron tal importancia, que se conservaban como santas reliquias, dignas de la mas profunda veneracion; pero ansiosos de responder a la gratitud que semejante don imponia, corrieron ofreciendo afectuosos borras de algodon , algunos loros, y considerable cantidad de frutas, cuya esencia no supieron valorar los Españoles.

Los naturales llamaban aquella isla Guanahani , pero ya se ha dicho que Colon le puso el nombre de San Salvador , dando con esto a entender que en ella se habia salvado su empresa de los tantos peligros como la siguieran, a la vez que constante en el error de que la dicha isla componia parte del continente de la India, llamó Indios a los que la habitaban; y este nombre impropio

1. HISTORIA,

ha venido hasta nuestros dias, comprendiendo a todos los hijos de las dos Américas.

En el reconocimiento que de esta isla hiciera Colon, ya por mar, ya por tierra, hubo de observar que ni era muy extensa, ni encerraba tampoco la abundancia de oro que á su codicioso desvelo cumplia; y como los naturales le indicaran, en direccion del sud, otras tierras mas ricas en aquel metal, se dispuso á visitarlas, llevando consigo algunos Guanahanos, que habian de servirle, a la par que de guias, de intérpretes, si necesario fuere.

Dejáronse ver en el tránsito numerosas islas de pintorescas campiñas, donde la vejetacion ostentaba milagrosa lozania , despidiendo al viento los mas suaves y delicados aromas, como digna y merecida ofrenda hácia un cielo tan esplendoroso y puro, cuya admirable diafanidad parecia atestiguar la existencia del grande archipiélago , que con tan lindos colores Marco Polo dejara retratado.

Aprehendida la posesion de algunas de aquellas islas, en nombre de los reyes castellanos, y bautizadas con el de Santa Maria de la Concepcion, Fernandinas, Isabela, etc., hizo Cristoval objeto particular de su exámen la de Cuba, creyendo era la célebre Cipango, y parte muy inmediata a la gran Cathay, en cuyo error le afirmó la siniestra interpretacion que á ciertas palabras de aquellos isleños se diera, ó acaso la cultura de estos, mucho mas desarrollada que la de los Guanahanos.

Fue este motivo para que despachára Colon algunos Españoles con órden de allegarse á la ciudad de Quinsai, y poner en manos del Khan las cartas de Fernando é Isabel; cargo confiado al particular desempeño del

converso Luis de Torres, sugeto versado en las lenguas santa , caldea y árabe, y por tanto el mas á propósito para insinuarse en la corte de aquel emperador; y diéronsele ademas algunos Indios de Cuba y de San Salvador, por si de ellos hubiere menester en el viaje.

No quiso Colon quedar ocioso durante una embajada cuyos resultados habian de ser, segun él, de suma importancia ; ántes pasó á reconocer una parte de la isla, adquiriendo cada vez mayor certeza de que se hallaba en el pais descrito por Marco Polo, y resuelto, por lo mismo, á ponerle en relaciones mercantiles con la España, no menos que á proveerse de una regular carga de esas especias que, en aquel tiempo, tanto codiciara la Europa; presuncion vana de que debió curarle la vuelta de Luis de Torres asegurándole que, en lugar del gran monarca, y sus suntuosas ciudades, no habia dado sino con chacras habitadas por jentes en todo semejantes a las de la costa. Esta inesperada novedad, que así destruia los dorados sueños del Genovés, fue causa para que saliera la expedicion de aquellos parajes con el posible aceleramiento; llevando ya los marineros algunas hojas de tabaco, cuyo uso les habian indicado los naturales de Cuba, y dirijiéndose en busca de Haiti, centro del mas precioso trofeo hasta entonces descubierto, montones de oro!

Dada vela en aquella direccion, y cuando apenas se apartaran las carabelas de la costa de aquel supuesto continente, la Pinta se separó de la Santa María, y de la Niña, tomando distinto rumbo; suceso que aflijió extraordinariamente el alma de Cristoval. Martin Alonso Pinzon, que desde su infancia estaba hecho a mandar, no podia doblarse á la obediencia, ni menos á un papel secundario en una empresa donde traia su posicion social,

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