Imágenes de páginas
PDF
EPUB

para abatir la insolencia guerrera de sus mas encarnizados enemigos, los Caribes.

Con todo, no quiso Colon apartarse de sus compañel'os sin encarecer cuan útil y necesaria se hacia una estrecha circunspeccion con los naturales, un noble porte, una armonía, y una union, cual convenia á la gravedad del caso; aunque recomendándoles tambien mucha dilijencia en registrar cuidadosos aquellos valles, donde las cncumbradas cordilleras que los resguardan verterian precisamente abundante porcion de oro en polvo : tras cuyo encargo, y hecha ostentacion de su sobrehumano poder, por medio de un gran ejercicio de fuego, cuyo traquido llenó de espanto á los salvajes, se despidió de sus colonos, dando a la vela el 3 de enero de 1493.

Tierna, fraternal y bien sentida fue esta comun sepal'acion, porque habituados á compartir unos mismos recelos, las propias esperanzas y amarguras, entre los violentos embates de un mar nunca visitado, y los peligros de que constantemente se creyeran amenazados, reinaba en todos esa simpatía, esa pura amistad, reconocida indestructible, por lo mismo que se contrae en cl infortunio. De singular contento fueron para el almil'ante estos recíprocos desahogos del mas puro y noble afecto, pero no tardó en compadecerlos y llorarlos en su interior, reflexionando que no á sus conocimientos náuticos, no á sus esfuerzos, deberia ya el regreso á la Metrópoli, sino á la casualidad, á la veleidosa fortuna, dado que guardarle quisiera la endeble carabela de cincuenta toneladas, que le habia quedado.

Así desesperanzado salió de la Navidad, y fue costeando llaiti, siempre con la idea de descubrir alguna ciudad populosa que viniesc á confirmar el plan de Tos

canelli, como quien no veia en Cuba sino parte del continente asiático, muy cercana de la gran Cathay, y en Haiti la verdadera y célebre Cipango; pero mientras que su falsa presuncion le paseaba por la costa oriental de la isla , uno de sus marineros, que a la sazon se hallara sobre el mastelero de gavia, distinguió muy á lo lejos la Pinta, que vino, no tardando, á unirse á la Niña, cuya tripulacion, harto desalentada ya, recojió este suceso con señales del mayor alborozo.

Bien mereciera Martin Alonso que el jefe le demandase cuenta de su receso, mas era de mucha importancia la prudencia para con un hombre de tanta valía entre los marineros, y prefirió Colon mostrarse indiferente al deber, no pensando desde entonces sino en volver camino de España, para procurarse una nueva escuadra capaz de responder cumplidamente a la naturaleza y gravedad de sus meditadas investigaciones; aunque, obstinado en su pretendida Cipango, visitara todavia algunas de las bahías, hasta dar con una inmediata al cabo Cabron, y que él llamó cabo Enamorado, cuyos Indios, armados de arcos, y bien provistas las aljabas, se arrojaron impávidos contra los Españoles. Sin mucho esfuerzo fueron rechazados y puestos en derrota, llevando algunos heridos; primer sacrificio de sangre americana que los Europeos hicieran en el nuevo mundo, y de muy poco sentir entonces para aquellos salvajes, que acuden al siguiente dia con franca y resuelta voluntariedad donde les Españoles estaban, y continuan frecuentándoles hasta que Colon hizo a la vela para la península, en cuyo viaje hubo de arrimar á los Azores, y despues á Lisboa, huyendo de una furiosa tempestad que por poco no le echara á pique.

CAPITULO V.

Arriba Colon á España. Brillante acojimiento que le hace la corte. Envidiosas

pretensiones del Portugal á cerca de los descubrinientos de Colon. Bula de repartimiento. Prepara Colon su segundo viaje.

No hay para que encarecer el entusiasmo de los moradores de Palos en presencia de la carabela Niña, tanto mas pronunciado, cuanto que los curaba de la punzante incertidumbre en que la suerte de la expedicion los tenia. Parientes, deudos extraños, todos, llevaron al desembarcadero un copioso tributo de placenteras lágrimas, desahogo tan necesario á la inesperada ventura, como al repentino pesar; y una vez templada la mutua y comun ansiedad con mil parabienes, y mil amorosos y tiernos abrazos, púsose Colon al frente de sus compañeros, dirijiéndose á la iglesia, en cumplimiento de ciertos votos que tenia prometidos.

Siguióle todo el pueblo en masa, porque tambien queria participar de aquella piadosa ceremonia, y entró en el templo con tal alegría, con devocion tanta, que el acto de gracias revistió cuanto la imajinacion puede discurrir en lo sublime y majestuoso, dando despues suelta al júbilo de que todos se sentian poseidos, en un constante campaneo durante el dia, y en los repetidos saludos con que el tronitoso cañon anunciaba a los pueblos lejanos la dicha, la ventura de los moradores de este puerto.

En el lleno de ese lejítimo deporte se estaba cuando la Pinta , que la tempestad alejara de la capitana , rindió

tambien el bordo; mas su jefe Martin Alonso se abstuvo de aumentar, con su presencia, las distinguidas honras que á Colon se le estaban tributando, y no quiso tomar tierra hasta ampararse en las sombras de la noche. Hase dicho que, desatendidas las exajeradas pretensiones con que presumió contrarestar la gloria del jefe de la expedicion, una incurable licantropía le arrastró al sepulcro, lleno de pesar y de arrepentimiento; es justo recordar, que si no fue muy leal la conducta de este jeneroso piloto para con Colon, si tal vez pasó á baldonarle; sin su celo, sin su crédito, sin su caudal, sin sus naves y sus marineros, probablemente quedara la empresa en proyecto, a pesar de la proteccion, y de la autoridad soberana ; y en semejante hipótesis bien merece Martin un rasgo de gratitud, señalándole á la posteridad como causa segunda del descubrimiento del nuevo mondo.

Como quiera, la familia de ese malhadado nauta se declaró en seguida enemiga implacable de toda la del noble Genovés.

Residia entonces la corte en la ciudad de Barcelona, y Colon le dirijió un relato detallado de todos sus descubrimientos, con lo que pensó poder pasar á Sevilla , en cuyo punto queria asentar su domicilio; pero anticipáronse sus soberanos con respuesta muy satisfactoria, y no poco lisonjera, por medio de la cual se le prevenia recojer en aquellos lugares cuantos datos pudieran convenir al pronto empeño de otra nueva expedicion , y pasar en seguida a la corte, donde se le esperaba con impaciencia. No descuidó Colon el cumplir de este mandato, con un trabajo que su propio interés le aconsejara desde el instante mismo en que desembarco; y púsose despues en camino acompañado de seis Indios , y en posesion de varios objetos curiosos que se habia procurado en los nuevos paises.

Escusado fuera hablar del entusiasmo con que las jentes corrian al camino para ver y conocer un personaje, de cuya gloria y hechos todo el mundo se hacia lenguas; fue el tránsito un constante y nunca desmentido triunfo, cuyo fastuoso lustre vino á coronar la capital de Cataluña, llevando nobles, cortesanos y plebeyos, al encuentro del ilustre Colon, y acompañándole con vivas aclamaciones hasta el magnífico solio que ocupaban los reyes, en una vastísima sala , de libre y expedito acceso en esta ocasion.

Distinguido fue el aprecio con que los monarcas recibieron al almirante, quien , despues de satisfechas debidamente las exijencias del ceremonial , se puso á relatar, con su ordinaria trascendencia, todo cuanto en sus viajes le habia parecido digno de nota , descorriendo con encantador aseo el cuadro sublime de los remotos paises, de sus lascivas producciones, y de sus variadas riquezas, como para probar la importante conquista que allí tenia segura la relijion cristiana, de tan fácil asiento entre unos habitantes de suyo pacíficos, afables y condescendientes; y por si mas fuera necesario par completar el embeleso, expuso á la jeneral espectacion las raras curiosidades, los vistosos adornos de oro, de plumas, etc., cuya extrañez nadie se cansaba de mirar y de admirar.

La presencia de tantas riquezas pintó en el semblante de todos los espectadores un loco enajenamiento; pero ¡ cual seria el de los monarcas, que, reconocidos á tantos beneficios como acababan de recibir de mano del omnipotente, se arrodillaron, y, con los brazos hácia cl ciclo, tributáronle gracias entonando el Te Deum

« AnteriorContinuar »