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“En efecto, sometía V. E. dichos proyectos, reduciendo la cuestion a los territorios del Sur, y proponiendo como transaccion la division del Estrecho de Magallanes en la bahía Gregorio, dejando como territorios adyacentes a nuestra colonia los que se comprendiesen dentro de una línea prolongada desde aquella bahía hasta el grado 50, en direccion recta al norte, siendo nuestro límite al norte el grado 50, hasta el paralelo del seno de Reloncaví la base oriental de las cordilleras. “Ni en la discusion verbal, ni en las proposiciones escritas, se hizo por mi parte cuestion, ni siquiera mencion de los territorios de la Patagonia, dominados por la República Arjentina. “En las conferencias que posteriormente tuve con V. E. sobre mis proposiciones, me repitió V. E. lo que ya ántes me habia significado con el apoyo del Exmo. Señor Presidente, a saber: que el Gobierno arjentino carecia de los estudios convenientes sobre esta cuestion y que por tanto no se hallaba en el caso de poder aventurar una transaccion amigable. Pero despues de muchas reflexiones convinimos en que se podia fijar en una convencion los límites que son incontrovertibles, transijiendo algunos puntos que son de fácil avenimiento, y dejando para un arbitraje aquellos en que la transaccion no es posible, a causa de ser mui dignos de respeto los títulos que ámbas Repúblicas alegan. Mas aun para esto V. E. me significó que necesitaba de tiempo para estudiar el asunto. V. E. recordará que ni en éstas ni en las otras conferencias en que lo tratamos se debatió sobre el dominio de la Patagonia. “2o Pasado algun tiempo recabé de nuevo alguna resolucion sobre el particular, y V. E. me indicó que tendríamos una conferencia, en union con el Exmo. Señor Ministro de Gobierno, debiendo yo llevar formuladas definitivamente mis proposiciones. Esa conferencia tuvo lugar a principios de setiembre de 1865, y en ella, despues de oir la lectura de la esposicion que hice de los derechos alegados por Chile, V.E. y aquel señor Ministro abundaron en reflexiones sobre lo imposible que era por parte del Gobierno arjentino entrar a discutir estos derechos a causa de no tener todavía ordenados sus conocimientos y sus documentos sobre los derechos que le pertenecian; y V. E. concluyó declarando que una vez en posesion de todos esos datos, los someteria al Congreso Nacional para que arbitrase el modo de terminar la cuestion y diera sus instrucciones al Ejecutivo. Así fué que dicha conferencia no tuvo otro resultado que demostrarme otra vez mas que todas mis jestiones para arreglar la cuestion de límites eran inútiles, en tanto que el Gobierno arjentino no estuviera suficientemente preparado y autorizado para el arreglo; siendo de notar que el punto relativo al dominio de la Patagonia no ha figurado en las discusiones ni ha sido, por supuesto, un embarazo para terminarlas amigablemente. “Confiando en la bondad de V. E. y en su notorio empeño por mantener las buenas y amistosas relaciones que felizmente ligan a las dos Repúblicas, no dudo de que V. E. satisfará la interpelacion que tengo el honor de dirijirle, reiterando a V. E. las consideraciones de mi mas alta estimacion.—(Firmado.)—J. V. Lastarria.—Al Exmo. Señor Ministro de Relaciones Esteriores de la República Arjentina, don Rufino de Elizalde.”

“MINISTERIO DE RELACIONES EsTERIORES.—Buenos Aires, agosto 23 de 1866—Señor Ministro:—Tengo el honor de responder a la nota de V. E. de ayer 22 del corriente que he recibido hoi. -

“Me complazco en aprovechar esta oportunidad para declarar a V.E. que siempre que hemos tratado de la cuestion de límites entre las Repúblicas de Chile y Arjentina, he encontrado en V. E. el espíritu mas amistoso y fraternal, abundando en pruebas del mas sincero deseo de darle una solucion definitiva.

“Satisfaciendo los deseos de V. E. me es mui agradable ademas confirmar la verdad de los dos puntos contenidos en la nota de V. E., debiendo agregar para mayor esplicacion de lo que ha tenido lugar sobre este negocio, que habiéndose negado V.E. a aceptar el medio propuesto por el Gobierno arjentino que es el

mismo pactado con el Plenipotenciario de Bolivia para arreglar definitivamente los límites con esta República, e insistido V. E. en el que menciona en su nota, para lo cual se necesitaba la autorizacion del Congreso que no podia solicitarse sino despues de estudios y trabajos prévios, ha venido a postergarse hasta que esto tenga lugar, la solucion de la cuestion de límites entre las Repúblicas Arjentina y de Chile. “Creo indispensable, por otra parte, hacer notar a V. E. que si bien es cierto que no pretendia toda la Patagonia solicitaba una parte de ese territorio como se ve por la proposicion que V. E. confirma en su mota. “Por lo demas, el Gobierno arjentino está íntimamente persuadido que cualesquiera que sean las manifestaciones de la prensa en Chile y en la República Arjentina en pro o en contra de la política de los Gobiernos de ámbos paises, y sin admitir la apreciacion que V. E. hace de las causas que han producido las enemistades internacionales que recuerda, que tienen un oríjen mui distinto, y que si llegan a ser funestas a la República Arjentina, lo han de ser mucho mas a quienes las provocan, y cualesquiera que fuesen las diverjencias de opinion que tuviesen con el de Chile en las cuestiones que hubiesen de tratar, han de prevalecer los principios de una sana, justa y elevada política, el mayor respeto y consideracion no solo a los grandes intereses de estos pueblos sino tambien a sus vínculos fraternales y a sus glorias y recuerdos comunes. “No puede, por consiguiente, admitirse que una guerra estallase entre una y otra República sin que medien graves y justos motivos y despues que se hubiesen agotado hasta los últimos arbitrios conciliatorios, porque la maldicion de los héroes que fundaron y sellaron con su sangre jenerosa su independencia, haria caer de sus manos las armas fratricidas, si la guerra estallase por frívolos pretestos. “Con este motivo me es mui agradable reiterar a V. E. la espresion de mi mas alta y distinguida consideracion y aprecio.— (Firmado)—Rufino de Elizalde.—A S. E. el Señor Ministro Plenipotenciario de la República de Chile, doctor don J. V. Lastarria.”

Lo primero que se ocurre despues de leer los documentos diplomáticos que se acaban de trascribir, es preguntar si realmente es cierta y exacta la terminante afirmacion de V. S. de que “el señor Lastarria declaró que Chile no pretendia la Patagonia oriental, que ella era del dominio de la República Arjentina” ¿En dónde están, señor, esas declaraciones? Por mas que leo la nota del señor Lastarria nada puedo encontrar en ella que me induzca siquiera a presumir, no ya la existencia de tan grave y trascendental declaracion, pero ni siquiera la intencion de formularla. *o El señor Lastarria con el objeto de desmentir malignas suposiciones quiso consignar en un memorandum lo que habia tenido lugar en conferencias amistosas y verbales de las cuales ninguna constancia escrita se habia dejado. En esas conferencias se trató solo de una transaccion, y, para arribar a ella mas fácilmente, el señor Lastarria redujo la cuestion a los territorios del Sur, y propuso que se reconociera como propiedad chilena toda la parte de ese territorio que se estiende hasta el grado 50, esto es, dos grados jeográficos mas al Norte de la Colonia de Punta Arenas. Ni en la discusion verbal ni en las proposiciones escritas, dice el señor Lastarria, se hizo por su parte cuestion ni siquiera mencion de los territorios de la Patagonia, dominados por la República Arjentina. ¿Significa esta proposicion que aquel diplomático reconocia que la Patagonia oriental era arjentina? ¿Significa que Chile no pretendia ese territorio? Pero esa proposicion se refiere no a la cuestion misma sino a las bases de transaccion, única cosa que se discutia, pues jamas el Gobierno arjentino quiso, durante aquella época, entrar en esa cuestion, segun terminantemente se afirma en el mismo memorandum. Todo esto, señor, es tan claro, tan evidente que me parece inútil insistir en ello por mas tiempo.

Ni en el testo espreso de la nota, ni en su intencion, ni en concepto alguno se encuentra la declaracion que V. S. aseVera. Por otra parte, solo un accidente estraño a la negociacion, como lo eran las publicaciones de los diarios, fué lo que indujo al señor Lastarria a formular por escrito un memorandum de conferencias que sin ese accidente habrian permanecido hasta hoi en el secreto de lo meramente verbal, confidencial y amistoso. ¿Habrian tenido esas conferencias privadas y verbales valor alguno ante las prescripciones del derecho internacional, ante . las leyes de los dos paises a quienes se hacia contraer tan graves compromisos? Y si no lo tenian, ¿cómo puede tenerlo el memorandum que no era sino la manifestacion, el efecto, por decirlo así, de aquella causa inválida e insostenible como oríjen de obligaciones positivas? Lo erróneo de tales proposiciones resalta mas y mas a medida que se avance en la deduccion de las consecuencias que de ellas se desprenden. Entre otras, una de esas consecuencias seria indudablemente la de que la cuestion de límites que en la actualidad sostenemos habria quedado definitiva e irrevocablemente resuelta en aquellas conferencias amistosas y verbales, sin que de ello se hubieran siquiera apercibido los pueblos cuyos grandes intereses quedaron así comprometidos. Y dije que la cuestion de límites habria quedado definitiva e irrevocablemente resuelta, porque, en efecto, los títulos que Chile tiene para sostener su soberanía en Punta Arenas, son los mismos que le asisten para sostenerla sobre el resto de la Patagonia, como hasta aquí y especialmente en mi nota de 7 de abril he creido demostrarlo con evidencia. Dada, pues, por valedera la supuesta declaracion, habria sido inútil continuar en una discusion que para Chile tendria por base y fundamento un antecedente eliminado ya del debate. Pero si es insostenible en este terreno la aseveracion de V. S., que estoi combatiendo, es no solo sostenible sino racional y lójica la consecuencia contraria.

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