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durante seis años el Estrecho sin reclamar, sin hacer valer aquel derecho, pues es ménos humillante para Chile haber, al momento de ocupar el Estrecho, ignorado los derechos ajenos, que para el Gobierno de Buenos Aires haber ignorado los suyos propios hasta 1848. ¿Sabia Rosas en 1843 que tenia derechos incuestionables al Estrecho? ¿Por qué lo calló? ¿Por qué su enviado en 1845 no entabló este reclamo? ¿Por qué halló oportuno hacerlo en 1848 y no en 1843? La conducta de Chile ha sido, aunque sin estudio, la misma que las leyes ordinarias prescriben para la adquisicion de terrenos despoblados, de minas abandonadas, que es pregonar el intento, anunciarlo públicamente para que se presente quien se considere dañado, y estorbe la ocupacion en tiempo. Si vencido un plazo determinado nadie reclama, si mas tarde no se arguyen ausencia u otros motivos justificativos de ignorancia inevitable, entónces la lei acuerda el título de propiedad al denunciador y este título destruye la validez del otro que no se presentó en tiempo hábil. El Gobierno de Chile anunció su intento, la prensa lo pregonó, los diarios de Buenos Aires pusieron bajo los ojos de su Gobierno la noticia de aquel hecho, y este Gobierno finjióse sordo y mudo para no recobrar la palabra hasta seis años despues de consumada la ocupacion. El uso de la suma de los poderes públicos, tan estenso como pueda ser, no alcanza sin embargo a justificar estos procedimientos con Estados vecinos, hermanos y que nada mas desean que conservar la buena armonía. Las colonias españolas, si bien pertenecian en masa a la Corona, estaban subdivididas en distritos de gobierno, en vireinatos, audiencias, presidencias, etc., etc.; de manera que la limitacion legal de cada Estado puede, salvo ciertas escepciones, rastrearse por las leyes de la colonizacion, vijentes en todo caso en que no se hayan creado despues hechos en contrario. Si la demarcacion de los límites de Chile hecha por la corona, no incluyese el Estrecho de Magallanes, este punto perteneceria a Chile, por haberse creado posteriormente un hecho en contrario, que es su ocupacion efectiva, aconsejada por su interes, sin perjuicio del interes del Gobierno de Buenos Aires, y sin oposicion oportuna en el momento de la ocupacion. Por este otro derecho es que Bolivia es un Estado independiente a pesar de estar incluido en los límites del antiguo vireinato de Buenos Aires. Si a estos derechos viene a añadirse el título legal, escrito, la pretension estemporánea del Gobierno de Buenos Aires, seria, pues, no solo infundada, sino atentatoria, provocativa de un conflicto sin motivo, y manifestacion pura de un capricho y de un pretesto para encubrir malquerencia e intenciones hostiles hácia Chile. La lei 12 de Indias, en efecto, título 15, libro 2.0 de la Recopilacion que trae al márjen “Don Felipe III en Madrid 17 de Febrero de 1609 y Don Felipe IV” en esta recopilacion al crear la Audiencia de Chile, dice: “En la ciudad de Santiago de Chile resida otra “ nuestra Audiencia y Cancillería Real, con Presidente, Gobernador y Capi“tan Jeneral; quatro Oidores, que tambien serán Alcaldes del crímen; un “ fiscal Alguacil Mayor; on Teniente de Gran Cancillería, y los demas minis“tros y Oficiales necesarios; y tenga por distrito todo el dicho Reyno de Chi“le, con las Ciudades, Villas, Lugares y Tierras que se incluyen en el Gobier“no de aquellas Provincias, assilo que aora está pacífico y poblado, como lo “ que se reduxere, poblare y pacificare dentro y fuera del Estrecho de Ma“ gallanes, y la tierra adentro hasta la provincia de Cuyo inclusive.” Hé aquí, pues, un título que constituye chileno todo lo que se reduacere, poblare y pacificare dentro y fuera del Estrecho de Magallanes. Téngase entendido que al dictarse aquella lei, recopilada en 1685, las provincias de Cuyo eran chilenas, y el Estrecho habia un siglo ántes sido ocupado un momento por la espedicion de Sarmiento, de manera que la lei consagraba y completaba el territorio conocido entónces por chileno. La posterior segregacion de las provincias de Cuyo para agregarlas al nuevo vireinato de Buenos Aires, no importa la cesion del Estrecho cuya posesion interesaba a Chile y no a Buenos Aires, pues tal cesion debiera tener la cláusula espresada de dentro y fuera del Estrecho, lo que constituye el título escrito de Chile, y a mas de él su interes sin perjuicio de tercero y su ocupacion no disputada, que son sus verdaderos títulos. Quedaria por saber aun, si el título de ereccion del vireinato de Buenos Aires, espresa que las tierras al Sud de Mendoza, y poseidas aun hoi por chilenos, entraron en la demarcacion del vireinato, que año hacerlo Chile pudiera reclamar todo el territorio que média entre Magallanes y las provincias de Cuyo. Pero esta es una de las cuestiones que llamamos ociosas, entre los Gobiernos americanos, y las que de ordinario turban la tranquilidad pública, distrayendo de los verdaderos intereses nacionales, arruinando el comercio, por malquerencias infundadas, y por la mania de deprimirse recíprocamente alegando derechos a cosas que, dado caso que existan, son improductivas de bien alguno. ¿Qué haria el Gobierno de Buenos Aires con el Estrecho de Magallanes, el que léjos de poblar la inmensa estension del pais que tiene en sus límites no disputados, no ha podido estorbar que los salvajes lleguen ya hasta las goteras de Córdoba, San Luis y todos los pueblos fronterizos del Sud, interrumpiendo las comunicaciones con las provincias de Cuyo y arruinándolas hasta el punto de no esportar a Buenos Aires sus frutos? Dentro de diez años se habrá borrado el camino de la Pampa; y a seguir el órden actual de cosas, dentro de 20, en Buenos Aires ignorarán que tales provincias existieron. Que pueble, pues, el Gobierno de Buenos Aires el Chaco, el Sud hasta el Colorado y el Negro, que dé seguridad a sus fronteras, que allane las dificultades del comercio del interior; que regularice las leyes de aduana, y deje el Estrecho a quien lo posee con provecho, y no podrá abandonarlo sin mengua. Ningun interes nacional lo lleva a aquel punto, que a dejarlo Chile, lo recuperarian los bárbaros, sin que el Gobierno de Buenos Aires tenga interes para hacer las erogaciones que demanda la ocupacion de aquel pais remoto, fríjido e inhospedable. Deje, pues, el Estrecho a quien le interesa poseerlo. Este es el medio infalible de conservar la buena armonía con los vecinos; no disputarles la luz que podemos darle sin perjuicio nuestro, no ensuciarles el agua que han de beber. Ah! si el Gobierno de Buenos Aires emplease una sola vez su enerjía en abrir caminos al comercio, poblar sus desiertos, asegurar las fronteras de las provincias, abolir las trabas que embarazan el tránsito de las ya pobladas, cuántas bendiciones le merecerian estos actos; pero el Estrecho de Magallanes es inútil para él, y para sus gobernados, que no han de tener nada que hacer jamas en el Estrecho. Estos consejos de nuestra parte no son un entrometimiento ni un reproche. Es lo mismo que aconsejamos a Chile y a todos los Estados Sud-Americanos. Comercio, industria, poblacion, inmigracion, educacion pública, hé aquí los verdaderos intereses de los pueblos y el blanco de una política sábia, justa y provechosa.

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RESUMEN DE LA CUESTION DE MAGALLANES.

“LA CRÓNICA.”

29 de julio de 1849.

Con la publicacion de los documentos que rejistra la CRÓNICA anterior creo haber llenado cumplidamente la penosa tarea que me habia impuesto, y diera por terminado este asunto, si mi decoro personal y el deseo de ser tenido siempre por bueno y leal arjentino, en el ánimo de mis compatriotas no hiciesen necesarias algunas esplicaciones. Estoi acusado por el gobernador de Buenos Aires en documentos oficiales, en la GACETA MERCANTIL, su órgano oficial, y en la ILUSTRACION ARJENTINA que tiene en Mendoza a la vista los documentos del archivo de cuentas de Buenos Aires, de traidor a Chile y a mi patria a la vez, por aquella máxima política que constituye a don Juan Manuel Rosas en la República Arjentina y aun en América, y sus caprichos, sus pretensiones, en intereses de la República Arjentina y de la independencia americana de que se ha constituido procurador de oficio. Contrariarlo, pues, en algunas de sus miras, revelar su injusticia y desacierto es declararse traidor a la patria, a Chile y a la América. No era oficioso de mi parte, ocuparme con interes en el esclarecimiento de los derechos de Chile al Estrecho de Magallanes, era simplemente el deseo de salvarme de un cargo que podia pesar algun dia sobre mí. En 1842 se me presentó un pobre norte-americano, casi desnudo, Jorje Mebon, marino que habia hecho la pesca de lobos en el Estrecho de Magallanes, y con el ojo avisado del yankee habia visto que podia navegarse el Estrecho por medio de vapores, si una colonia de cristianos se estableciera allí. Este hombre me pedia el concurso de mi posicion como escritor para incitar al Gobierno a dar este paso. La empresa era punto ménos que desesperada; no conocia yo nada de la topografía de aquellos puntos remotos; conocíala ménos el Gobierno y el público, y una de esas tradiciones que grababan hondamente en los pueblos el recuerdo de grandes desgracias hacía de aquellos parajes una Siberia o una tierra del Labrador, inhospitalaria para el hombre blanco. Yo prometía Mebon lo único que podia ofrecerle, estudiar la cuestion, y desde aquel momento todas mis fuerzas de contraccion se suscribieron sobre viajes, mapas y derroteros del Estrecho. A medida que penetraba en aquel caos de oscuridades y contradicciones, la luz empezaba a vislumbrar en el horizonte; y una vez seguro de que la tentativa era físicamente hablando posible, inicié la redaccion del PROGRES0 con una serie de estudios que hoi despues de ocho años no son del todo estériles. Las objeciones me llovian de todas partes; don Miguel de la Barra me enviaba el viaje del Almirante español Córdoba para mostrarme lo ilusorio de mi empeño, y en la narracion misma encontraba nuevos datos que me confirmaban en la idea adoptada. El jeneral Pinto me proporcionó la obra de Fitz-Roy, con ella elevé mis conjeturas a la categoría de demostracion. Al concluir mis observaciones decia entónces: “Creemos haber “ tocado cuanto estaba de nuestra parte, para ilustrar un asunto que de “tanto interes nos parece para la prosperidad del pais y su futuro engran“ decimiento. Si no hemos logrado escitar el interes del pais y el de las “autoridades acháquese este defecto a nuestra inhabilidad y falta de luces. “Nuestra intencion nos servirá de disculpa. Esperamos que los que tengan “que hacer objeciones a nuestra manera de ver, las manifiesten por la “prensa, si las creemos infundadas, etc.” Puede dar una idea del estado de los espíritus en aquella época la carta a M. Jorje Mebon que traduzco del ingles, suscrita por sujeto respetable, a quien no tengo hasta hoi la honra de conocer personalmente,

“JoRJE MEBON, Esquire.
Santiago, San Miguel, noviembre 21 de 1842.
Mi estimado Señor: -

Su estimable del 19 que acabo de recibir me ha llenado de satisfaccion al ver que su asunto progresa rápidamente, gracias a los incomparables esfuerzos de su digno amigo Sarmiento. Tengo en mi poder todos los números del PROGRESO que se han publicado hasta esta fecha, y debo confesar que la materia está tratada con maestría (in a masterly style), segun mi manera de ver. Es imposible que aquellos caracteres obstinados, que hasta aquí han sido opuestos a esta empresa sostengan su opinion, como es inútil para todos, decir una palabra en contra, por la prensa, porque la relacion de Sarmiento, es perfectamente satisfactoria en todos respectos, y no deja nada bajo la probabilidad de ser cuestionable por nadie, en presencia de los inalterables documentos que él presenta. Si usted lo ve, no deje de saludarlo en mi nombre y espresarle mi gratitud por la parte activa que ha tomado en el negocio. Su servidor—Pedro Diaz de Valdez.

Las objeciones no aparecieron: en cambio un mes despues una comision nombrada por el gobierno, compuesta de don Diego Barros, don D. Espíñeira y don Santiago Ingran informó en el sentido de las ideas que se habian hecho populares, y poco despues se puso mano a la obra de la colonizacion del Estrecho de Magallanes. No es un mérito que quiero atribuirme, es un simple antecedente que traigo a la memoria, para motivar mi posterior injerencia en la cuestion de propiedad del Estrecho de Magallanes, suscitada tan a deshora por el gobierno de Buenos—Aires. Si el Estrecho pertenecia, en efecto, a aquel gobierno, quedaba yo en el poco honroso concepto de haber inducido en error al gobierno de Chile, a quien con tanto teson habia aconsejado dar aquel paso; y los pueblos no perdonan a los que los hacen pasar por la vergüenza de deshacer lo que les han inducido a hacer. De este modo la cuestion de Magallanes se convertia para mí en una cuestion personal, por simpatías, por actos anteriores y por delicadeza. Tenia ademas otro costado por donde me interesaba vivamente, y es por cuanto la cuestion suscitada sobre el Estrecho de Magallanes por el tirano de mi patria, formaba parte de ese sistema estúpido de rencillas y de disputas con todas las naciones del mundo con las que, absorbiendo la atencion pública a título de sostener la independencia nacional que nadie ataca, mantiene quietos en la degradacion y sume en la barbárie y en la pobreza a mis desgraciados compatriotas, arruinando el erario en cuestiones esteriores provocadas por él mismo, miéntras descuida todos los intereses nacionales. La cuestion de Magallanes habia sido provocada cuando ménos razon tenia de estar quejoso de Chile. Ni una palabra en oposicion a su sistema salia despues de 1845 de las prensas chilenas; el PROGRES0 habíase por el contrario declarado su sostenedor en Chile. La GACETA del 2 de mayo, copiando los últimos escritos del señor Espejo, lo llama defensor del jeneral Rosas. En estas circunstancias tan favorables para él en recompensa del silencio guardado por la administracion de Chile sobre las vejaciones que le ha hecho, mandándole un enviado diplomático sin poderes, ni instrucciones; cuando el gobierno ponia por base de Sus arreglos con los diarios subvencionados no atacar la política de Rosas, como lo han revelado el MERCURIO y el PROGREso, a fin de no dar asidero a don Juan Manuel Rosas, para sus pleitos, de que el gobierno de Chile huye; en estas circunstancias decíamos, Rosas reclama el Estrecho de Magallanes como propiedad suya. Defender la colonia a cuya fundacion yo habia contribuido con mis escritos; ahorrar a los arjentinos un nuevo enredo, del cual no saldrian en diez años sino por una guerra ruinOSa, y romperle en las manos al tirano el instrumento con que esclaviza a mi patria, yo, un arjentino y no el gobierno de Chile, a fin de que el amor propio nacional no quedase interesado; hé aquí los móviles que me han llevado a ventilar esta cuestion de la propiedad territorial del Estrecho de Magallanes. Si lo he conseguido verálo el lector en la siguiente compararacion de los títulos de ámbas naciones.

TITULOS DE CHILE. TITULOS DE BUENOS—AIRES. AL ESTRECHO DE MAGALLANES. AL ESTRECHO DE MAGALLANES.

Interes propio sin daño de tercero. Daño de tercero, sin interes propio.

La Ocupacion de este paso maríti- La Ocupacion del Estrecho por una mo por una nacion estranjera puede potencia estraña, no afecta las relaafectar los intereses de Chile, siendo ciones comerciales de Buenos-Aires una de sus vías de comunicacion con la Europa que, es el mercado de con Europa, de cuyo comercio de- sus productos. pende el de Chile.

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