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El espíritu de nuestra publicacion que no es otro que distraer la atencion de los gobiernos americanos de esas querellas internacionales que deshonran y empobrecen la América del Sur, perpetuando por un tiempo indefinido el malestar de colonias, derrochando, por decirlo así, sus fuerzas mas vitales en la prosecucion de intereses frívolos que no conducen a resultado positivo ninguno, que no mejoran la situacion respectiva de los estados, este deseo de nuestra parte de excitarlos a la adopcion de medidas salvadoras, curando los males donde están y mejorando la situacion de sus pueblos por la inyeccion de nueva vida, por la aplicacion de todos los medios que hacen el poder real y la riqueza de las naciones modernas, harán presentir a nuestros lectores nuestra manera de ver la cuestion del Estrecho de Magallanes tan a deshora suscitada por el gobierno de Buenos Aires. Que cada uno eche una ojeada sobre los pueblos Sud-Americanos en el momento en que escribimos y sentirá la indignidad, la mezquindad de las cuestiones que dividen a los gobiernos, con ruina de los pueblos, víctimas de pretensiones que a ser justas, serian inútiles, improductivas y destructoras. El Perú y Bolivia, Nueva Granada y Venezuela, Montevideo y Buenos Aires, Chile y esta última potencia, por todas partes se ajitan cuestiones ociosas que invierten fondos, tiempo, atencion que debieran ser consagrados a otros intereses y con la alarma sobre el porvenir amenazado que es ya un mal gravoso y un motivo de medidas y de previsiones que alteran el curso natural de las cosas.

La política de Chile y de Buenos-Aires no se toca naturalmente sino a traves de los Andes, y tan nacientes son los intereses que ámbos estados. tienen allí, que su conato debiera ser promoverlos con amor, allanarles. dificultades, abrirles vias para que se levanten, se muevan y desarrollen. Desde tiempos antiguos, existia un poderoso comercio de cordillera. En Mendoza habian centenares de carretas para el trasporte de las mercaderías a traves de la pampa, medio poderoso y económico de movilidad. Andando el tiempo, empero, los salvajes han invadido los caminos interrumpiendo la comunicacion entre Buenos Aires y la provincia de Cuyo; las tropas de carretas se han desbandado, por la imposibilidad de marchar en medio de tantos peligros, y tenemos que en lugar de adelantar los medios de comunicacion que la colonizacion habia dejado, se retrograda, sirviéndose de mulas y de muleteros que puedan huir rápidamente o hacer circuitos para salvar de las depredaciones de los bárbaros, que vuelven a posesionarse del territorio, miéntras que gobiernos engañados por una falsa gloria, se ocupan de ventilar altas cuestiones, como la de la pertenencia del Estrecho de Magallanes, cuestion en que nos proponemos entrar nosotros, con el objeto de apartarla como ociosa, improductiva para el gobierno que la provoca, e indigna de aumentar un escándalo mas en América, una desavenencia, acaso una guerra por cosas que no merecieran cambiar dos notas. ¿Cómo pueden fijarse los derechos de los gobiernos americanos a tierras no ocupadas, de las que ántes de la independencia formaron en comun los dominios españoles? Hé aquí, segun nuestro concepto, la verdadera fórmula de la cuestion que veinte veces se ajita entre los estados sud-americanos; y la manera de resolverla nos parece óbvia y sencilla, dado el supuesto de que estos nuevos gobiernos salidos del tronco comun de la colonizacion española, no son manadas de lobos, prontos a arañarse entre sí, sino seres racionales animados del espíritu de conciliacion que debe notarse entre los que se titulan hermanos, casi siempre para disimular su espíritu de hostilidad. El primer principio de equidad que ha de consultarSe es este: Un territorio limítrofe pertenecerá a aquel de dos estados a quien aproveche su ocupacion, sin dañar ni menoscabar los intereses del otro. Este principio seguido en todos los tratados de demarcacion de límites en paises despoblados, tiene su completa aplicacion en Magallanes. El Estrecho es una vía necesaria, indispensable de comunicacion para Chile; es uno de sus caminos para Europa, que le conviene aclarar, asegurar, poblar, para mejorar su comercio. Para Buenos Aires el Estrecho es una posesion inútil. Entre sus terrenos poblados; median los rios Negro y Colorado como barreras naturales para contener a los bárbaros; median las dilatadas rejiones conocidas bajo el nombre de Patagonia, pais ocupado por los salvajes y que ni la corona de España ni Buenos-Aires han intentado ocupar hasta hoi, sino es por el establecimiento riberano que lleva aquel nombre, y situado a centenares de leguas del Estrecho. Buenos-Aires para proceder a la ocupacion de este pais ha de partir desde sus fronteras del Sud y ganaria mucho en tener al estremo opuesto un pueblo cristiano que en épocas futuras le ayudase a la pacificacion de los salvajes. Supongamos que Chile abandonase su establecimiento de Magallanes por ceder a la pretension de Buenos—Aires, ¿lo ocuparia inmediatamente su gobierno? Para qué? A no ser que lo hiciese con miras hostiles a Chile y entónces nos saldríamos de aquellos principios de equidad natural que deben servir de base

para el esclarecimiento del derecho. Magallanes, pues, pertenece a Chile por el principio de conveniencia propia sin daño de tercero. Otro principio mas jeneral y mas obvio, en materia de demarcacion de límites sobre tierras despobladas es aquel que el derecho de jentes llama de primer ocupante; y este derecho pertenece a Chile. La espedicion desgraciada de Sarmiento en 1585 no hizo mas que establecer el derecho de la corona de España al Estrecho de Magallanes y este punto ha permanecido inocupado hasta 1843 en que el Gobierno de Chile tomó posesion solemne de él. ¿Habia tomado Buenos Aires posesion anterior, habia siquiera intentado como la corona de España poblarlo? En el momento de tomar Chile posesion del Estrecho, una corbeta de guerra francesa ocupaba sus aguas, con el pensamiento de utilizar este pasaje para la ocupacion de las Marquesas, y tan sagrado es este principio entre las naciones, que la Francia abandonó su proyecto desde que Chile tomaba posesion, silenciando aquel su intento. Las islas Malvinas le son disputadas al Gobierno de Buenos Aires en nombre del derecho, cierto o no, de primer ocupante. Este principio, pues, obra esclusivamente en favor de Chile; y es un principio sagrado que todo Gobierno está obligado a respetar, por consideracion no solo al interes del Estado, sino a su dignidad, a su honor. ¿Quién no se siente humillado a la idea solo de mandar, Chile, a consecuencia de las reclamaciones de Buenos Aires, a recojer sus colonos, destruir sus poblaciones y abandonar su posesion por condescender con un Gobierno estraño? Estos son derechos de decoro, de dignidad que el Gobierno de Buenos Aires, amigo, hermano del de Chile, debe cuidar de no atropellar, porque las naciones tienen las pasiones de los individuos, y no se las ha de forzar a reconocerse humilladas, vencidas sin que para ello medien intereses de gravedad. Dado, pues, caso de que Chile hubiera procedido lijeramente, ocupando el Estrecho que le convenia sin dañar a tercero, Chile habia adquirido por ello un derecho incuestionable, el derecho de primer ocupante, suponiendo que la ocupacion de Sarmiento no diese derechos a Chile ni a Buenos Aires, sino solo a la corona de España, de cuyos derechos son herederos ámbos Estados en los límites no cuestionados de sus dominios. El respeto de este principio tiende a favorecer la poblacion por naciones civilizadas de las partes inocupadas del globo; ocupacion en que están interesados el cristianismo, la civilizacion y todas las naciones de la tierra; de manera que una vez ocupado un punto que no lo habia sido por otra nacion, las demas están obligadas a respetar este hecho a fin de no esponer a la poblacion y despoblacion sucesiva, que tan graves males puede ocasionar. Hai, pues, prescripcion, como en todas las adquisiciones, de o fé consumadas en la ocupacion del Estrecho de Magallanes por Chile. Hai todavía otro principio que corrobora el anterior y es la aquiescencia tácita o esplícita de las naciones, con respecto a la ocupacion hecha por una de ellas de un territorio desocupado; y Buenos Aires ha hecho esta aquiescencia, este reconocimiento tácito del buen derecho de Chile para ocupar el Estrecho de Magallanes. Para esclarecer este punto necesitamos recordar algunos antecedentes que ilustrarán los espíritus sin dejar lugar a dudas ni terjiversaciones. El Gobierno de Buenos Aires encargado de la suma del poder público, ejerce la prévia censura en virtud de este derecho sobre las revelaciones de la prensa. Hai en Buenos Aires dos diarios, si no oficiales, disciplinados, que nada publican sin contar de antemano con la sancion del Gobierno. En aquel órden de cosas no puede ser de otro modo, siendo ademas personal la política, la prensa ni la opinion pública pueden ni aconsejar ni contrariar las miras del Gobierno, que no pueden ser conocidas sino por los actos ya consumados. Así, vese en la prensa de Buenos. Aires un instrumento para apoyar las medidas gubernativas, sin que en quince años se haya leido en aquellos diarios una sola espresion de vituperio, de censura contra los actos del Gobierno, sino por el contrario, un coro universal, eterno, de alabanzas de la política, en que ellos no tienen VOtO. La posicion de la prensa chilena es enteramente diversa. Aquí el misterio le es imposible al Gobierno; y su empeño de disciplinar la prensa seria un ataque directo a la Constitucion. La prensa de Chile es, pues, tan indiscreta como la de todos los paises libres del mundo. El Gobierno de Buenos Aires puede, pues, sin necesidad de ajentes secretos, contar por minutos las pulsaciones de la política del Gobierno de Chile, saber nada mas que por la lectura de los diarios, lo que el Gobierno piensa, lo que la opinion desea conocer, los costados vulnerables, y buscar los medios de herir si quiere o de precaverse. Un hecho reciente vendrá en apoyo de esta verdad. No há mucho que el PROGRESO reveló que el Gobierno tenia . dada órden a los diarios de no tocar las cuestiones ajentinas. Una aseveracion del PROGRESO no debe ser sospechosa para el Gobierno de Buenos. Aires; son amigos. El COMERCIo, que se sentia injuriado por esta asercion, por lo que a él le atañe, protestó contra ella. Insistió el PROGREso, que debe creerse bien informado, y desmintió la segunda vez el COMERCIo. ¿Qué ha quedado averiguado de todo esto para el Gobierno de Buenos, Aires? Que el de Chile tiene sus razones de política para proceder así, o para hacernos comprender mejor, que aquel Gobierno está viendo las cartas del juego de su contrario. ¿Sabe el Gobierno de Chile por las revelaciones indiscretas de la prensa d Buenos Aires lo que piensa su Gobierno? Puede meter su ojo en aquel abismo oscuro de misterio y de silencio? Tiene allá un diario que se encargue de defenderlo preconizándolo como, tiene en Chile Su adversario? Estos antecedentes no son ociosos para el esclarecimiento de los derechos de Chile al Estrecho de Magallanes, pues en ellos estriba su fuerza y su lejitimidad. La ocupacion del Estrecho de Magallanes se ha hecho a la luz del dia, a la faz del Gobierno de Buenos Aires, bajo el martillo de la discusion de la prensa y el Gobierno de Buenos Aires ha consentido tácitamente, durante seis años, en la realizacion de este hecho, sin protestar, sin alegar derecho ninguno, en contrario, dejando a Chile afirmarse en su posesion, invertir sumas injentes de dinero, levantar su pabellon quieta y pacíficamente, para venir despues de consumado aquel grande hecho, en que se comprometia el decoro y la dignidad de Chile, para venir despues de tan largo y tan voluntario silencio a decir a su hermano, arrea tu pabellon, recoje tus colonos, pierde el dinero invertido, sufre un poco de vergüenza, que aquello es mio. Oh! esto no se hace entre Gobiernos amigos, ni entre enemigos tampoco! Los derechos del Gobierno de Buenos Aires al Estrecho de Magallanes, deben ser preexistentes a la ocupacion realizada en 1843 y no posteriores; y las razones que en 1848 ha tenido para reclamar de aquella ocupacion debió tenerlas en aquella época; con esta diferencia, que entónces habrian sido alegadas en tiempo y hoi vienen a deshora, y a imponer a Chile un vejámen y un perjuicio que se habria. evitado entónces, por la oportuna esposicion de los derechos del Gobierno de Buenos Aires. ¿Ignoró aquel Gobierno en tiempo, la determinacion en que el Gobierno de Chile estaba de ocupar el Estrecho? Pero veamos si esto era posible. El PROGRESo, que hoi tan bien sirve los intereses de aquel Gobierno, su eco, su preconizador en Chile, principió su carrera por mostrar las ventajas de la ocupacion del Estrecho. En el número 6 de 16 de noviembre de 1842, léese este epígrafe: Navegacion y colonizacion del Estrecho de Magallanes; y durante una larga época fué éste el tópico de sus trabajos. Tan léjos estaba el Gobierno de Buenos Aires de ignorar lo que en Chile se pensaba entónces, que el DIARIO DE LA TARDE, de un mes despues, reprodujo íntegros aquellos artículos; fenómeno inaudito en la prensa de Buenos Aires, que no ha reproducido jamas otros artículos de los diarios estranjeros que aquellos que favorecen y encomian la política de su Gobierno, inclusos unos ciento del PROGREso de épocas posteriores, que la GACETA MERCANTIL, halla siempre dignos de su ilustrado redactor, y de Ser rejistrados en sus pájinas. Una sola palabra que al trascribir aquellos artículos hubiese añadido el DIARIO DE LA TARDE o la GACETA MERCANTIL. de Buenos Aires, revindicando algun derecho de Buenos Aires al Estrecho, habria bastado para detener en sujérmen la ocupacion, pues el Gobierno de Chile no habria aventurado una série de gastos en asunto contencioso. El Gobierno de Buenos Aires consintió, pues, tácitamente en la ocupacion. Desde entónces, año por año, el mensaje del Presidente de Chile a las Cámaras ha dado cuenta del estado de la Colonia, gastos hechos, y mejoras que demanda, y año por año el mensaje del Gobierno de Buenos Aires a la lejislatura de la Provincia ha estado guardando silencio sobre aquella ocupacion del Estrecho de Magallanes, propuesta primero por la prensa, acojida despues por el Gobierno, discutida, decretada, consumada, sostenida y guardada en pacífica posesion hasta que en 1848, el Gobierno de Buenos Aires sabe por la primera vez y hace saber, que tiene derechos perfectos, incuestionables al Estrecho de Magallanes? Pero este modo de proceder si no es desleal, es bisoño; y léjos de ser Chile responsable de haber agredido intereses y derechos ajenos, seria el de Buenos Aires, dado caso de tener derecho al Estrecho, responsable de todos los gastos hechos, porque él ha consentido en que se hagan y consentido a sabiendas, deliberadamente. Esta tardia revindicacion de un derecho abandonado, silenciado, ocultado en tiempo hábil solo puede aparecer hoi, como una hostilidad inútil, una tracaseria con que aquel Gobierno ha correspondido al deseo mal disimulado del de Chile de evitar cuestiones con él. Su silencio oficial durante seis años, el silencio oficioso de sus diarios morijerados, disciplinados importan para Chile la consagracion de sus dos derechos incuestionables de conveniencia sin daño de tercero y de primer Ocupante sin reclamo Oportuno del Estado limítrofe. Hemos establecido todos estos principios que las naciones respetan, cuando las rije una sana intencion, cuando no hai miras secretas, ni hipocresia en la cordialidad que debe reglar sus actos. No le es dado a un Gobierno decir hoi lo que calló ayer, cuando este silencio y aquella tardia pretension imponen a un pueblo perjuicios y humillacior; porque si es razon para que Chile pierda su Colonia el que ignora y lo dejaron ignorar que el Estrecho de Magallanes no le pertenecia, el Gobierno de Buenos Aires pierde todo derecho, porque sabiéndolo, dejó poblar, ocupar y poseer

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