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veo tambien que, estando encargados antes por sí mismos de la distribucion de las limosnas, varian la disciplina encomendando este ministerio á los diáconos; veo que se demarcan en grande sus respectivos campos en los que habian de sembrar la fe : y por consiguiente, sin salir de los primeros actos públicos de la Iglesia congregada, encuentro que ejerció al instante la autoridad de nombrar sus Obispos y. ministros, disponer de sus bierfes, y acomodar la demarcacion al mejor desempeño de sus ministeriales. No hablaré de la adquisicion y uso de las propiedades de que gozó la Iglesia , trayendo à la memoria para comprobarlo el terrible castigo de Ananías y Safira; tampoco de las limosnas enviadas por los Apóstoles de Jerusalén á Antioquía, ni de otros muchos testimonios que abundan en las actas apostólicas, pues con solo las indicaciones antedichas, queda demostrada la independencia de la Iglesia para gobernarse, con estension á las personas, á los bienes y materias de disciplina, que es puntualmente todo lo comprendido en el derecho canónico: — Ahora bien, como los Obispos son los sucesores legítimos de los Apóstoles y depositarios de su autoridad, se infiere concluyentemente, sin salir de la primera época del cristianismo, que no pueden ser despojados del ejercicio de ella por ninguna clase de ciudadanos, pra en particular ó reunidos en las Cortes, á no ser que se pretenda sostener, contra un ejemplo tan irrecusable, que el ciudadano de estos tiem.

pos debe disfrutar de mas derechos en punto á religion que los antiguos fieles; pero se cometeria el mas alto grado de imprudencia en traer la disputa á este terreno, pues todos saben que los antiguos fieles, para merecer este glorioso nombre, profesaban la fe públicamente, y muchas veces la sellaban con sự sangre; siendo asi

que

el título de ciudadano , tan honorífico y respetable en la consideracion civil, no está en contradiccion

por su naturaleza

propia .con ninguno de los errores que impiden hasta la comunicacion religiosa con los fieles. Por ejemplo, no lo está con la idolatria : gentiles fueron los ciudadanos romanos; tampoco con la heregia: luteranos y calvinistas son los ciudadanos suizos, protestantes los ingleses, presbiterianos, cuácaros y metodistas los angloamericanos. No es tampoco incompatible con el materialismo, deismo y ateismo, pues -ciudadanos fueron los monstruos de la convencion francesa: y para que no se recuse esta prueba por intempestiva, citaré la constitucion actual

· por la que los judíos gozan la misma distincion.

19. Deseoso de no aventurar ningun juicio suspicaż en una materia tan grave, he examinado atentamente en la constitucion las calidades exijidas á los diputados para ocupar tan importante destino, y no he encontrado que en ninguna de ellas esté comprendida la profesion de Fe católica; he registrado igualmente con la mayor diligencia los debates suscitados en mu

francesa , por

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chas ocasiones para la admision de los vocales electos, y jamás he visto que se haya hecho mencion de semejaurte circunstancia, sin embargo de que se han presentado en el Congreso personas públicamente desacreditadas por apóstatas y antagonistas de la revelacion, Sé, bien la rectitud y religiosidad de muchos diputados, cuyo, honor, en general no me puede ser indiferente, contándose en su número dos hermanos mios, varios primos y muchos amigos esclarecidos con quienes estoy íntimamente estrechado ; pero, con todo el respeto que merecen estas consideraciones, siempre resulta que las Cortes, aun en el acto de estender sus facultades á la reforma de la Iglesia , no garantizan con las pruebas necesarias. la ortodoxia de sus vocales, siendo asi que los concilios en actos semejantes nunca prescinden de esta prevencion, No hay escepcion en esta parte: desde el concilio de Jerusalén presidido por san Pedro hasta el de Trento, la primera diligencia que practican los Padres congregados es la protestacion esplícita de la fe. Por mas que asistan al concilio Obispos tan ilustres en defensa de la fe como el Crisóstomo y san Atanasio, tan milagrosos como el Taumaturgo, el acto de la protestacion de la fe no se dispensa, pues la Iglesia sabe que el hombre de un dia á otro puede variar sus opiniones. é incurrir en algun error, y necesita por lo mismo estar asegurada de la ortodoxia de los Padres en el momento de hallarse congregados para

*dictar sus cánones, Con

este medio tan espedito, espresa el Tridentino, se ha conseguido en varios casos persuadir á algunos hereges, refrenar á otros y espulsar de los concilios á los contumaces. Asi que, cuando la Iglesia se halla representada por sus legitimos Pastores, está siempre asegurada de la profesion de la fe de los que promueven y decretán las reformas, en vez de que,

trasladada su representacion á los cuerpos legislativos, se espondria á que la gobernaran y reglamentasen sus mayores enemigos, los sectarios, hereges, materialistas, ateos, ó la raza infernal de jacobinos, como sucedió en la revolucion francesa. ¿Qué necesidad , pues, tienen las Cortes de cargarse con tal responsabilidad y el peligro de tan terribles contingencias? La Iglesia, Señora, cuando defiende su causa no aboga solo por su utilidad, sino también por la del Estado: las disputas de competencia son odiosas; son además impertinentes é indignas de las luces del siglo las contestaciones sobre las opiniones religiosas de los legisladores, y todas podian evitarse circunscribiéndose cada potestado á los límites que Dios les tiene señalados. ¿A qué viene renovar las envejecidas controversias de si la Iglesia está en el Estado, ó mas bien este en la Iglesia , sobre la disciplina interna ó.esterna, entendida de este ú otro modo?

20. Es innegable que nuestro Señor por su inefable providencia dejó enteramente separadas la potestad de la Iglesia y la del Estado, proveyendo á cada una de todo lo necesario

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para subsistir independiente y prestarse á la vez mútuos auxilios para su mayor engrandecimiento, si asi se concertaban; y toda tentativa para oscurecer esta verdad y poner la Iglesia en clientela, debe orillarse ya por insolente. Desde que la naturaleza , abriendo sus entrañas al gran Cuvier,

la antigüedad rasgando el velo que la ocultaba á nuestros antepasados, reveló en Calcuta sus monumentos irrecusables á los sabios, y se formó la generacion estudiosa , fuerte y emprendedora de este siglo que, arrojándose sobre el Babel de los enciclopedistas, echó abajo su ignominioso edificio, todos los planes contra la religion católica , todas las declamaciones de los antiguos sofistas se han quedado á cien leguas de distancia de la ilustracion del siglo : la Iglesia y el Estado, caminando paralelos sin inclinarse á un lado' ni á otro, prosiguen a la vez, nunca encontrándose, hácia su término, la felicidad eterna y temporal; y la Union americana, que es la que mas rigurosamente observa este principio, y tambien la que mas progresa , presenta el modelo mas acabado á que deben dirigirse los gobiernos de todas las naciones. Los Obispos no aspiran á mas gracia, y por lo menos no se dirá asi, que pidiendo para la Iglesia el derecho que goza en el pueblo mas libre del universo, reclaman privilegios de los siglos bárbaros. Sin embargo, estando ya por

ya por medio el respeto de las Cortes y la sancion de tantas leyes espedidas para

lo

que se llama arreglo del clero y de

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