Imágenes de páginas
PDF
EPUB

España, la que sin exageracion ninguna se ha acreditado en todos tiempos del apoyo mas firme de la Santa Sede, como que creada por la vigilancia de San Pedro y constantemente sometida á la primera cátedra, cuenta diez y ocho siglos y medio de existencia, sin haber quebrado jamás con Roma por parte de los prelados. Los Obispos españoles, siempre adictos á la maestra de la verdad, han hecho de esta doctrina un punto

de honor propiamente nacional, asi como los franceses se han gloriado de lo que se llamaba antes libertades, y ahora con mas razon servidumbres de la Iglesia galicana. Y no se diga que han desmerecido los primeros en cuanto á dignidad y constancia de carácter, pues cuando se han presentado en un Concilio ecuménico como en Trento, nuestros prelados se han mostrado los mas vehementes de los Padres en llevar adelante la reforma del clero principiando por

los Cardenales, y en defender el obispado; pero va mucha diferencia de hallarse sentados en medio de la Iglesia desempeñando su mision como sucesores de los Apóstoles, á la de estar en sus sillas haciendo frente á los Papas para congraciarse con los Reyes. Este contraste tan relevante á la gloria del obispado español, da un realce á nuestra Iglesia en Roma que nunca ha tenido semejante, pues diga lo que quiera Bossuet de la de Francia, sus pronósticos, asi como

los riesgaba del imperio eterno de sus Reyes, no le han acreditado de profeta. La Iglesia de Es

que ar

pañia, si por cierto, es la que, identificada con la Cátedra de Roma, ofrece una perspectiva singular y luminosa que naturalmente ha de interesar en estremo á los Pontifices, por cuanto prescindiendo de las glorias respectivas y preiensiones nacionales de cada reino, ninguna monarquia se halla en el caso de disputar á la española haber propagado el imperio de la Cruz en todo el continente americano y en las islas Filipinas, que están tocando con las inmensas poblaciones de la India. El idioma de Fray Luis de Granada y de Cervantes se habla desde las Californias hasta el Cabo de Hornos; de modo que cuando la poblacio

cuando la poblacion ascienda al grado que calculan los economistas, habrá cuatrocientos millones de habitantes en las Amé. ricas que

cultiven la lengua de Castilla. Esta circunstancia tan notable, de la que por regla general depende el triunfo de la religion, no puede menos de prestar una importancia en Roma á la Iglesia española, de la que no participan al presente las de otras monarquías; porque la Francia, cuyo idioma ha sustituido en la literatura al italiano y español del siglo XVI, ha perdido sus antiguas colonias en toda la estension de la palabra, pues no se habla en ninguna de ellas el francés como lengua vulgar, que es el elemento indispensable de la predicacion y del ministerio religioso. Esta observacion no obstante no la recuerdo con el objeto de encarecer la gloria de la Iglesia española cediendo al impulso nacional, sino

para con

se halla

únicamente con el de probar las estraordinarias causas que concurren para interesar al Soberano Pontifice en un concordato que asegure la permanencia de una hija tan predilecia de la Santa Sede, escogida por

Dios vertir medio universo, y la liberte de los riesgos

á
que
espuesta á no auxiliarla

opor. tunamente con una medida concertada por ambas autoridades.

9. Probadas como han sido las grandes y recomendables ventajas que resultarian á la Iglesia y á vuestra Real Persona de un solemne concordato, pareceria inútil hacer mencion des. pues de las que redundarian igualmente al Es. tado, participe natural de todas ellas; mas sin embargo, considerando

que
el sistema

representativo comprende una rueda distinta en la máquina de la monarquía que te, me contraeré ahora separadamente al Gobierno constitucional, con tanto mayor gozo, cuanto que

rodeado

por
todas

partes gros, se halla mucho mas interesado sin exageracion ninguna en el concordato que el Papa y los Obispos. La razon es porque la Iglesia, aunque no se verificase nuevo concordato, como que ha de

permanecer eternamente, subsistiria, con escasez y violencia sí, pero siempre subsistiria; en vez de que el Gobierno constitucional, espuesto a todo género de vicisitudes, arriesga y mucho su existencia si, por falta de medidas oportunas y políticas, irrita la constancia de los pueblos, bastante ilustrados ya para saber

debe entrar apar.

de peli

que ningun gobierno del mundo

goza

el fuero de hacerles mudar de comunion, y que siendo ellos la masa colectiva en la

que
les dicen

que reside la soberanía nacional, ellos son tambien los que poseen todos los elementos de fuerza у de derecho con que contener al Gobierno en su deber, y obligarle á conservar la religion divina de sus padres, espresamente garantida en la Constitucion.

10. No me esplicaria, Señora, de este modo si no lo contemplase absolutamente necesario atendida la audacia de los enemigos de la Iglesia , pues

á veces se vierten discursos tan acalorados en los papeles públicos, que nos dan á entender sin disimulo que los novadores se hallan persuadidos de que son dueños de volver cismática la España, ó á lo menos arrastrarla en el error de grado ó fuerza; pero acaso no habrán meditado que mientras los pueblos lidiaban en favor de Isabel II, habrán creido suficiente descargar en los Obispos el cuidado de defender la religion para no complicar la causa civil con la sagrada, pero que desvanecido ya este riesgo no es regular que permitan que estando los españoles católicos en comparacion de los apóstatas en razon de mil á uno, dejen introducir cobardemente á un corto número la irreligion y el cisma en la magnánima España, atropellando sus cánones, sus leyes, y la misma Constitucion cuya observancia han jurado. La esperiencia nos lo avisa. Meditando bien la historia del siglo y estudián

dola, no en sus relaciones diplomáticas sino en el espíritu característico nacional, resulta que el sistema representativo ha caido dos veces y caerá trescientas en España, mientras que

las

providencias constitucionales Heven consigo un vicio de nulidad cual sucede en las pertenecientes á materias eclesiásticas. La Francia ha salido felizmente de este caos, y se ha constituido á satisfaccion de aquel pueblo numeroso por baber subsanado el concordato las nulidades de los decretos revolucionarios; y asi, aunque el consulado de Napoleon se trasformó en imperio, y éste dejó de existir haciendo lugar á la dinastía de los Luises y despues á la rama de Orleans, la Francia nunca ha suscitado la disputa del despojo procedente de la revolucion, por cuanto el concordato lo habia puesto á salvo todo; en vez de que si en Españia ocurriese la mas ligera contraseña, el Gobierno que se colocara al frente tendria miles de plumas que defendiesen por principios de justicia la nulidad de los decretos referentes á materias eclesiásticas espedidos sin consentimiento de la Iglesia, y las declamaciones que en tal caso repitieran los interesados quejándose de los efectos retroactivos, se oirian con sarcasmo ó irrision porque

realmente los legisladores que no habian temido echar abajo los cánones, las leyes y la posesion no interrumpida de diez y ocho siglos, no debian considerarse acreedores á que se guardase respeto á Jos atropellos cometidos durante media docena de años de su odiosa dominacion.

« AnteriorContinuar »