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todas las Iglesias, y con otro del tercero Toledano, mandando guardar con reverencia las epístolas sinódicas de la Santa Sede, y que, en suma, no hace mas que renovar la decretal de San Hilario, una de las que componen su antiquisima Coleccion. Pero lo que hasta aqui no puede pasar

de lo que se llama indicios fuertes de la doctrina que congetorábamos, adquiere despues el grado de prueba plenísima y legal cuando, especulando mas los folios y títulos de la Coleccion, descubrimos la epístola de San Siricio Papa al metropolitano de Tarragona hácia el año de 384 ; la de San Inocencio, correspondiente al de 404, acerca de ciertos abusos introducidos en España; la de San Leon el Grande, dirigida el 440 á Toribio, Obispo de Astorga ; dos mas del Papa Hormisdas en el año 513 al metropolitano de Sevilla; y últimamente, varias de San Gregorio Magno á San Leandro y. á Recaredo hacia el fin del siglo VI. De todos estos testimonios se deducen claramente dos consecuencias muy óbvias, á saber: la primera, que nuestra Iglesia de España mantuvo constantemente comunicacion canónica con los Sumos Pontifices, cuyas decisiones la servian de norma en las consultas que elevaba por mano de sus clérigos legados; y la segunda, que tanto las epístolas referidas como otras diferentes de los Papas relativas a la correccion de las costumbres, celebracion de Concilios y condenagion de las heregías, se recibian por. los metropolitanos y Obispos safragáneos sin

sujecion a ningun registro ó examen de la autoridad civil.

No es mi ánimo disputar el derecho que asista a la Corona de informarse de todo lo concerniente al orden político del Estado , sino solo acreditar la absoluta independencia con que procedia la Iglesia de aquella edad en su comunicacion canónica con Roma, pues habiéndose interpuesto, por

decirlo asi, como una especie de apelacion ante la antigua Iglesia de España cuando los Obispos actuales reclaman la supremacía del Papa en el arreglo del clero y materias eclesiásticas, conviene hacer mérito de su práctica primitiva para dar a conocer la mala fe de los novadores; y probarles hasta la evidencia con mil documentos auténticos é irrecusables,

; que si durante los tres primeros siglos, tan acervos para la Iglesia, el cuarto mas templado con la paz de Constantino , y los dos sucesivos tan fatales de la irrupcion de los bárbaros, llevaban perdida ya la causa, podrá suceder que en su apelacion a los cánones de la Iglesia hispana queden descubiertos además sus depravados fines. Gracias, Señora , á la libertad civil de imprenta que disfrutamos en el reinado de Isabel II, llegó ya el dia á la Iglesia de levantar la voz y patentizar la simulada política con que los escritores mercenarios, sedientos de pensiones, y valiéndose de la noticia de nuestra antiquísima Coleccion, han aparentado desde Carlos III tener en mucha estima los antiguos cánones, pero con intencion muy dife

rente de lo que á primera vista se figuraban sus cándidos lectores, por cuanto la idea farorita suya no era restaurar la disciplina de la Coleccion hispana, restituyendo á su Iglesia los derechos de que habia estado en posesion desde los tiempos apostólicos, sino la de apropiárselos, á la autoridad civil, dejando a los Obispos á merced de los gabinetes, y quedándose ellos bien pagados de sus sofismas y lisonjas.

11. Estas verdades no han podido revelarse con tanta claridad como ahora, á causa del terror pánico que infundian antes los nombres de regalía y falsas decretales: voces funestas, semejantes a la de la Iglesia está en peligro, con que los protestantes ingleses suelen evadir las dificultades y mantener al pueblo en sus errores, :y voces con las que han tenido la

gracia ciertos escritores de venderse por amantes de la libertad , siendo asi que en su vida pública y privada no han servido mas que para hacer la corte al despotismo ministerial, conjurándose contra la independencia de la Iglesia. Por fortuna en comprobacion de estas aserciones existe un documento moderno (núm: 4..), prescindiendo de otros mas an!iguos, con el

que

el ministro Caballero propuso al editor de la Coleccion hispana suprimir los cánones opuestos a las regalías; prueba evidente de que el gabinete nunca ha soñado en restituir sus antiguos derechos á la Iglesia de España, , y sí solo subrogarse la autoridad eminente que ejerce el Papa en ella; y prueba

que se acredita

tambien de que nunca han estado persuadidos los escritores mercenarios de que nuestros cánones antiguos favorecen tanto á las regalías como ellos aparenlaban. Pero sean sus opiniones las que quieran, y lo mismo la de los Obisa. pos, la cuestion ha de decidirse

por
lo

que resulte del examen de los cánones que van á ser espuestos.

12. Antes de todo es necesario dar por sentado, que si se entiende por regalía el res-. peto y veneracion de la Iglesia de España á sus monarcas, no hay materia mas firme en los Concilios, porque desde el tercero Toledano, que recibió la profesion de fe del piadoso Recaredo, hasta el diez y siete celebrado al fin del siglo VII, no encuentran nunca los Padres espresiones con que alabar segun quisieran á los Reyes, pues no contentos con denominarlos gloriosisimos, religiosísimos y otros superlativos de igual clase, prorumpen en continuas aclamaciones, ruegan á Dios por su prosperidad y la de toda la prole regia , fulminan anatemas contra los que violasen el juramento de fidelidad ó escitasen motines y sublevaciones, y todo esto en términos tan vehementes y con tanta profusion de palabras, que el lector menos penetrante no puede menos de conocer, que además del celo por la Iglesia se trasluce en los Padres el interés estraordinario que les animaba en defensa de la Corona y la Familia Real. Asi que,

las personas de instruccion familiarizadas con la lectura de los Concilios, cuando reflexionan

sobre la influencia que habian de ejercer en los pueblos estas magníficas proclamaciones, divulgadas despues por los prelados en sus respectivas diócesis, no se estrañan de ningun modo de la incomparable fidelidad que

los

españoles han profesado siempre á sus Monarcas.

Pero dejando aparte esta loable correspondencia con que la Iglesia de España manifestó su gratitud á los Reyes por el inestimable beneficio que la hicieron atrayendo con el ejemplo á toda la nacion goda å su gremio maternal, está tan lejos de haber sacrificado su independencia á lo que se llama regalias, que antes bien algunas veces se hace dificil escusar la amplitud que daba á sus facultades. Tal es por ejemplo el cánon 5.0 del Concilio trece ToJedano, que prohibe á las Reinas viudas. contraer. segundas nupcias, confirmado despues por otro del tercero de Zaragoza, en el que se les impone además la obligacion de pasar

el resto de sus dias .en un convento de vírgenes, y se.escomulga á los que legítima o ilegítimamente quebrantasen esta delerminacion. La historia nos instruye

de las causas que se tuvieron presentes para dictar un cánon tan estraño; pero sin faltar al respeto á aquellos reverendos Obispos, no temo decir, que estando espresa la palabra de Dios en cuanto a las segundas nupcias, se resiste admitir esta doctrina si no se atiende á la política, y mas que, sin salir de Ja Iglesia hispana, habia impuesta excomunion en el Concilio Toledano tercero á los

que

im

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