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conciencia de su virilidad industrial y de vigorizarla más por medio de la lucha libre con todos los pueblos, fué la primera que inició la teoría y la práctica del libre cambio, que le aseguraba la baratura de las materias primas para alimento de suis fábricas, y la concurrencia de los artefactos exti anjeros para estimular el perfeccionamiento de los propios, si bien tampoco era temida, pues no solo fué solicitada al Parlamento por una peticion de comerciantes de Londres en 1820, sino llevada despues á su mayor amplitud por los representantes de las grandes industrias bajo la direccion del célebre R. Cobden.

El éxito del libre cambio en Inglaterra alentó la teoría de ese sistema en Europa, imprimiendo cierta liberalidad al proteccionismo en los tratados comerciales de carácter más bien rentistico y financiero, como el celebrado entre aquel país y Francia en 1860, y posteriormente con Suiza, Italia, Bélgica, el Zollverein Aleman y Austria, cuya tarifa convencional era de 15 á 20%, lo mismo que en los tratados de estas naciones entre si, acordándose la cláusula de la concesion á la nacion más favorecida, de manera que todas quedaban bajo el mismo régimen, con excepcion de Rusia y Estados Unidos, que no haciendo parte de aquéllos, eran regidos por la tarifa general, que en muchos casos, como la de Francia, era mas bien de carácter prohibitivo. Vencido el término de los tratados, fueron denunciados bajo la influencia reaccionaria de un proteccionismo riguroso sancionado por la tarifa general de 7 de Mayo de 1881, rebajada en cuanto a la con. vencional de los Estados que la estipulasen en sus tratados; pero siempre mayor que la anterior. Desde entonces comenzó á sentirse la reaccion del proteccionismo, no como sistema absoluto, sino como conveniencia práctica de cada país, segun cu condicion industrial y económica, y en la medida exijida por aquélla; pues toda proteccion es un caso concreto y en relacion à la cosa protejida, y si su mayor costo es compensado por el beneficio, sin tornarse estacionario el ramo industrial protejido. Es digno de notarse que con el creci. miento del sistema proteccionista coincide el crecimiento de los armamentos, y en ambos casos la concurrencia que se

hacen los Estados, para no quedar los unos en desventaja respecto de los otros. La verdad es que el sistema proteccionista es influido por ambas causas á que sirve, como pro teccion de la industria y de la renta al mismo tiempo. No poco ha influido en el prestijio de aquel su adopcion por los Estados Unidos desde Carey que lo proclamó hasta hoy que ha inundado de riqueza el tesoro fiscal, tendiendo a transformarse en prohibitivo segun los últimos proyectos de ley en discusion. La razon de este éxito no es general del sistema, sino particular y concreta de la triple condicion del país, productor de materias primas con que se basta, de fábricas y talleres perfeccionados, y de toda la maquinaria necesaria donde se inventa mayor número de máquinas. Pueden pues, por ahora dispensarse de la importacion extranjera, hasta que el exceso mismo de su produccion y poblacion, hoy de 65 millones, no los obligue á procurarse para su exportacion tarifas baratas, á cuyo objeto respondía el Congreso Panamericano de Union Aduanera, que les habría asegurado el monopolio aduanero del Continente rebajando su renta, y cerrando por este hecho la puerta al comercio europeo imposibilitado de competir con aquellas tarifas, teniendo que pagarlas mayores.

En cuanto á laz de Suiza que motivan el presente informe, ellas son el resultado no solo de su posicion industrial, sino tambien de su posicion topográfica, rodeada de cuatro grandes naciones industriales de primera fuerza, Francia, Alemania, Austria é Italia. Obligada a competir con ellas en los mercados de Ultramar, y siendo idénticas muchas de sus industrias, tienen la desventaja de hacer su i.nportacion y exportacion por el territorio y puertos de aquéllas. Sus tarifas son y tienen que ser protectoras, como las de los Estados fronterizos que cultivan su comercio limítrofe con una tarifa convencional estipulada en los tratados, y otra general para los países que no la han estipulado. Pero respecto de nuestras materias primas no hay diferencia entre ambas, teniendo el mismo valor, como se vé á continuacion:

Carne salada, ahumada ó cocida y en latas.
Extracto de carne..... .... .....
Cueros secos y salados.. ... ... ..
Pieles curtidas y al natural ..
Lana sucia y lavada......
Cereales en espiga ..........
Cereales desgranados.......
Ganado vacuno para matadero ..
Carneros y cabras......
Caballos y mulas..

4 frs. cada 100 kilos
30 i < < <
0.60
8.00 a <
0.30 i da
0.30,
2.50 s

< <
5.00 ( cada animal
0.50 < < <
3.00 < < <

La necesidad que Suiza tiene de las materias primas mencionadas han influido sin duda, no solo á la liberalidad relativa de sus tarifas, sino tambien en que la general y la convencional sean iguales. De este modo no habría ventaja en obtener la primera al precio de una compensacion aduanera, cuando sin ella gozamos del beneficio de la misma tarifa, aunque bajo el nombre de general. Al favor de su baratura penetran los frutos argentinos á este país a pesar de su desventaja de recibirlos en su mayor parte, no directamente de tránsito, sino de segunda mano por medio de las casas comerciales de los Estados limítrofes, importadores de artículos de Ultramar. No seria dificil que esa baratura facilitase la importacion del ganado argentino, que llega ya hasta Marsella, y podría avanzar hasta Ginebra donde obtendría remuneradores precios, por la gran carestia de carne en aquella plaza tan rica y comercial, como lo ha demostrado con datos satisfactorios el Señor Weber, Director de la Oficina de Informacion en la interesante Conferencia allí dada con ese objeto, y que remiti al Ministerio recomendando su mérito especial.

Cumplidos así los puntos sometidos por la nota del De. partamento de V. E. al estudio de esta Legacion, y teniendo en vista la generalidad de sus términos, creo convenien

te ampliarlos al objeto principal relacionado con aquel, á saber: el sistema proteccionista hoy imperante, cuyas causas y alcance conviene demostrar. Pienso que este sistema correcto en los casos prácticos que lo reclaman y en la medida de su necesidad constatada, se impone entre nosotros por la naturaleza misma de las cosas, que pueden condensarse en sus tres factores principales:

1.0–Tenemos todo el catálogo de las materias primas de los tres reinos, y sus numerosas aplicaciones industriales de gran consumo popular, ventajosamente conocidas en nuestras Exposiciones, y cuyas industrias son capaces de vida propia por su crecimiento espontáneo, y el carácter nacional de la materia y de su elaboracion.

2.0_Estas industrias monopolizadas hoy por la importacion extranjera, representan al menos un 20% del valor general de aquélla, que domina entre nosotros todo el menaje de la vida civilizada, desde la confeccion del vestido hasta la construccion de los palacios, su decoracion, amueblamiento y vehículos de lujo de sus dueños, inclusive los caballos que los tiran.

3.0— Estas condiciones de desequilibrio económico y de tributo general pagado en toda la línea á la industria extranjera, armada de su perfeccionamiento técnico y de la baratura de los jornales, que imposibilita la concurrencia del artefacto nacional gravado con los altos jornales de la subsistencia cara, y más encarecida por el agio del oro, hacen de urgente y fecunda aplicacion el sistema protector de las industrias nacionales llamadas á disminuir el drenaje de ese metal al exterior, y aumentar el núcleo de familias industriales.

En cuanto a los artículos de lujo, milita entre nosotros una doble razon para su alta tarifa aduanera, que no exis te en los países manufactureros, donde aquella es simplemente proctectiva de la industria que lo produce, y es una de sus fuentes de riqueza, mientras que en nuestro país es de amortizacion de los capitales, de desnivel económico in. ternacional y de desvalorizacion de la moneda, que se tor

na en una contribucion del tenedor de ella, por la pérdida que sufre, sin beneficio para nadie, sino es para los jugadores y fabricantes de su precio. La razon de esta diferencia es muy sencilla, á saber: que la Europa es exportadora del lujo que la enriquece, y nosotros somos importadores del lujo que empobrece, acrecentando el enorme déficit internacional y la cotizacion requerida para su pago.

III.

Las tarifas aduaneras restringiendo, no el lujo elaborado en el país, sino el importado, pueden ser al mismo tiempo una proteccion monetaria, disminuyendo en esa parte la extraccion del oro y anulacion de un capital improductivo, y una proteccion industrial, respecto de los artefactos que el pais produce, y que solo necesitan de aquélla para alcanzar su prosperidad, pues aunque hayan alcanzado su perfeccion, no pueden luchar con la moda que dá preferencia a la marca extranjera sobre la nacional; al revez de lo que sucede en Inglaterra donde el buen tono, consiste en usar lo que es inglés, porque prefiere serlo en todo, desde el vestido, menaje y carruaje, hasta el caballo que monta y lo tira. He ahí su patriotismo que abarca á la patria con todo su contenido, dándole el primer lugar en su afeccion y protecciori.

Imitando ese noble ejemplo de buen sentido y patriotismc á que ese país debe su grandeza, habremos disminuido en gran parte la deuda extranjera del lujo importado, y gradualmente llegará al nivel del servicio de las demás deu. das, el crecimiento de nuestra importacion siempre en aumento. Esto se ve por el hecho de que a pesar de las nuevas líneas y trenes de ferro carriles, no dán abasto para el transporte de carga. Es pues incontestable que la renta de los capitales empleados en ellos, será cubierta por la de su producto, con solo dejar por algun tiempo á las fuerzas económicas del país libre de toda perturbacion. En este ca

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