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cuatro i cinco meses del invierno que se están en esta ciudad, no asisten al servicio de Vuestra Majestad. De esta bajada se siguen grandes escándalos i ofensas de Dios en mucho daño del reino, porque ademas de inquietar la república con deshonestidades i pendencias, hacen muchos hurtos i otros diversos excesos, i sobre todo cuando suben i vuelven a la guerra, ninguno deja de llevar hurtados cuatro o seis indios varones, i hembras con quienes van amancebados, con color de llevarlos para su servicio; de manera que todos los años se llevan trescientos o cuatrocientos indios, descasando a muchos, i a otros llevándoles sus hijos e hijas, con que se apuran i consumen los indios de

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XIV.

Un ejército de esta especie no podia menos de inspirar serios temores, i los inspiraba en efecto.

El monarca escribia al gobernador Alonso García Ramon, con fecha 5 de diciembre de 1606, entre otras cosas, lo que sigue:

"Si en la jente de guerra, hubiere algunos soldados sediciosos e inquietos i revoltosos, conviene que a los que diesen causa para ser castigados los castigueis con tanta demostracion, que sea escarmiento i ejemplo para todo el ejército; i a los otros por cualquier traicion o sospecha que de ello se tenga en razon de esto, los echareis de ese reino con disimulacion i recato, enviándolos con cartas i despachos al Perú o a estos reinos, i usando de los otros medios i trazas que conviene, previniendo que tampoco queden allí ni en otra parte de las Indias, siendo posible, por los inconvenientes i daños que podrian causar semejantes hombres en esas partes; i siempre estareis en esto con la vijilancia, cuidado i recato que fio de vos i conviene, habiendo tanta jente como hai al presente en ese reino, que en todo ello me servireis.

El gobernador don Alonso de Rivera recomendaba al rei en 1613 que aumentase el sueldo de las tropas de Chile, a fin de tener en ellas hombres de honra, “porque son éstos los que estorban los motines i otros deservicios de Vuestra Majestad; i si aquí sucediese algun desman de alteracion de soldados, como lo han intentado en tiempo de don Alonso de Sotomayor i del presidente Alonso García Ramon, perderáse este reino, porque los amotinados dejarian los puestos i se retirarian a Santiago, que es lo mas bien parado, i todo lo demas se perderia, i aquella ciudad no estaria se

gura."

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El proyecto de motin en el gobierno de Sotomayor a que se hace referencia tuvo lugar el año de 1587.

Tenia por entonces el mando interino de la fortaleza de Puren Tiburcio de Heredia, que cayó enfermo a consecuencia de las fatigas de la guerra.

Habia entre los soldados de la guarnicion algunos que estaban exasperados al verse pobres, hambrientos, cansados, i, lo que peor era, desesperanzados de que sus trabajos fuesen debidamente remunerados.

Estos determinaron aprovecharse de la oportunidad que les ofrecia la enfermedad de su jefe para levantar bandera de rebelion.

Segun un cronista, "el concierto entre ellos fué de esta manera, que tomando las mejores armas i caballos habian de ir a la ciudad de los Infantes i a la de Chillan i a los dos fuertes del Biobio a Ilevar de camino algunos amigos suyos tan desesperados como ellos, i con toda esta fuerza habian de dar sobre la ciudad de Santiago, saqueándola con mano armada para irse con todas sus riquezas al reino de Tucuman, i a posesionarse de él como señores absolutos”.

Heredia, que en la cama donde le retenian sus dolores, supo lo que se estaba tramando, trató de evitarlo por la astucia, ya que no lo podia por la fuerza.

Para ello, incluyó a varios de los conjurados en un destacamento que, so pretesto de ir a buscar víveres, hizo salir para la Imperial, donde se encontraba el gobernador.

Heredia escribió con ellos a Sotomayor una carta en flamenco, en la cual le comunicaba todo lo que sucedia.

El gobernador se dirijió entonces a Puren, a la cabeza de un escuadron, con las apariencias de venir a visitar al enfermo i de custodiar los bastimentos.

En seguida, condujo consigo a los principales conjurados a Angol, donde les mandó dar garrote a todos, "con lo cual, dice el cronista, se obvió el notable daño que pudiera causarse en estos reinos si Dios Nuestro Señor no lo remediara” (1).

Por lo que toca al otro motin acaecido en 1607 bajo el gobierno de García Ramon, no he encontrado mas noticias que las mencionadas en un informe de la audiencia que antes he copiado.

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(1) Mariño de Lovera, Crónica del reino de Chile, libro 3, capítulo 36.

Pero estos dos ejemplos bastan por ahora para manifestar que pudo ser serio el peligro que aquel ejército mal pagado i peor disciplinado hacía correr a la dominacion española en Chile.

CAPITULO IV.

LOS ENCOMENDEROS I LOS JESUITAS EN CHILE.

Encontradas opiniones que habia en Chile acerca del servicio personal.

-Disposiciones tomadas por el virrei del Perú marques de Monte Rei para preparar la abolicion del servicio personal en Chile.--Primeras e infructuosas tentativas del padre Luis de Valdivia para conseguir igual objeto.--Dilijencias que don Juan de Zalazar hace en la corte para el mismo fin.--Medidas contrarias al servicio personal tomadas en Chile por el proyincial de los jesuitas Diego de Torres.Disensiones entre los encomenderos i los jesuitas.-Resolucion de la audiencia de Santiago.-Felipe III acepta el plan propuesto por el padre Valdivia de hacer solo guerra defensiva contra los araucanos i de abolir el servicio personal.—Los encomenderos de Chile envian inútilmente a Lima un procurador para reclamar contra aquella resolucion.-Luis de Valdivia da principio sin dificultad a la realizacion de su plan.- Visita la diócesis de la Imperial.-Fuga de las mujeres de Ancanamon, i martirio de tres misioneros jesuitas.- Plan propuesto por Alonso de Rivera para tratar a los araucanos.-Au. mento de descontento que el mal éxito del proyecto del padre Valdivia para convertir a los araucanos produjo, tanto contra él mismo, como contra los jesuitas en jeneral.-Luis de Valdivia, decididamente apoyado por el gobierno metropolitano, continúa empeñándose por realizar su plan de guerra defensiva. Su vuelta a España.-Resultado de las misiones de infieles fundadas i dirijidas por los jesuitas en Arauco.

1.

Los hechos i documentos hasta aquí mencionados permitirán fácilmente comprender la ardiente lucha que a principios del siglo XVII fué provoca

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