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sesenta mil pesos de oro sin rejistro; i llegando a España fundó en Toledo, en Alcalá de Henáres, en Sevilla, memorias que no tuvieron efecto, porque eran de hacienda ajena, i no suya. Mandáronle volver a su obispado, i murió en Sevilla en el convento de su órden, año de 1622. La riqueza que trajo, por sentencia pública i jurídica, se declaró pertenecer a la santa iglesia de Chile como verdadera i lejítima heredera de sus bienes. Hasta aquí aquel autor. Véase tambien por indicio de su jenio poco sosegado lo que refiere su sucesor mediato el ilustrísimo señor don frai Gaspar de Villarroel en su Gobierno Eciesiástico Pacífico (2a parte, cuestion 17, artículo 2, número 7).

"Un prelado, pues, de tan poco miramiento considérese qué molestias no causaria a los que nunca fué propicio, i contra quienes ahora estaba empeñado, i los miraba indefensos i aborrecidos. Como conspiraba con el presidente en un mismo designio, aunque por rumbo diverso, le fué fácil alcanzar guardia de soldados que acompañase al apóstata, porque no pudiese la Compañía apoderarse de su persona, i le contraponia en las funciones mas graves de los jesuitas. Estos, como viesen que en fiesta principal, a que concurrian con las demas relijiones en el convento de Santo Domingo, queria asistir tambien Fonseca, se vieron forzados a salirse de la iglesia, por no comunicar in sacris con el descomulgado, hasta que los reverendos padres predicadores le obligaron a desampararla i salirse, porque no faltase a su funcion solemne nuestra comunidad, obrando consiguientes al empeño en que entraron desde el principio de esta causa, movidos de la razon, porque defendieron constantes que Fonseca era verdadero apóstata, i debia ser tratado como tal, i habia incurrido en las censuras, como tambien todos sus fautores.

"El mismo parecer siguieron los reverendos padres mercenarios, que favorecieron tambien grandemente a la Compañía. El licenciado Gabriel Sánchez de Ojeda, abogado de mucho nombre, publicó un doctísimo parecer contra Fonseca, i le suscribió el licenciado Antonio Rosillo, abogado célebre; el fiscal de la real audiencia de Chile i el doctor Juan Cajal, uno de sus oidores, estuvieron tan firmes en el propio dictámen, que jamas quisieron acudir a sermon o funcion sagrada del apóstata, o se salian de la iglesia, si él concurria. I lo que mas es, la universidad de Lima, emporio celeberrimo de la sabiduría, se declaró a favor de nuestra justicia; i movido de su dictámen, el excelentísimo señor marques de Montes Claros, virrei del Perú, escribió una carta a favor de la Compañía al obispo, i otra al presidente, para que sobreseyesen de sus empeños, i dejasen a nuestros superiores castigar aquel mal hijo. Ni aun tan soberana insinuacion fué poderosa a hacerles retroceder; ántes bien el obispo continuó las vejaciones, i nos solicitó ocasiones de desaires pesados. Tal fué el que intentó a principios del año de 1614, porque habiendo si. do estilo desde que en aquella capital se fundó nuestro colejio que el dia de la Circunscision fuese el cabildo eclesiástico en procesion, acompañado de los nuevos alcaldes, desde la catedral a nuestra iglesia, pretendió que se omitiese esta funcion, aunque se frustraron estas dilijencias por la constancia de los prebendados que reprobaron este designio, fundándose en lo aparente en otras razones políticas, pero en realidad movida poderosamente su relijiosa discrecion de la indignidad de que se echase mano de lo sagrado para despique de ciegas pasiones.

"El presidente, no solo movido de su inclinacion, sino arrastrado tambien de las interceciones de nuestros émulos, proveyó a Fonseca en un ofi, cio igualmente honroso que útil, gozando el miserable apóstata del aplauso popular, de que abusaba para malquistar a los jesuitas en público i en secreto, culpándolos tanto con su ingrata lengua, cuanto a sí se santificaba. Pero con el tiempo volvió él mismo por nuestro crédito con sus procede. res; i descubriendo la hilaza, verificó el comun adajio, que no es oro todo lo que reluce, porque el que pretendiente i necesitado procedió compuesto, moderado i quieto, despues que se vió en alto, se dejó cegar de su presuncion loca. Empezó a des. preciar a sus fautores, i a muchos de ellos dió no poco que hacer, disponiendo altamente próvida la Divina Justicia que aquel por cuyo amor pecaron fuese el cuchillo de sus honras i haciendas, i el maş idóneo instrumento de su merecido castigo. Movióles pleitos en que lastaron con la pérdida del crédito i bienes temporales, las aflicciones que contra razon i justicia causaron al provincial jesuita i sus súbditos, dándoles la vejacion entendimiento para conocer cuán mala causa patrocinaron, i cuán acertada andaba la Compañía en descartarse de este mal hijo, i en desterrarle del reino de Chile. Así dispone sabiamente el cielo que la misma materia de la culpa se convierta en azote que la deje bien castigada, i haga abrir los ojos al escarmiento a los que se dejaron cegar de sus pasiones para cometerla, i a otros sirva de luz que los haga advertidos para huir de las temeridades. En fin paró todo en que viendo destituida nuestra justicia, resolvió la Compañía espeler totalmente de sí a este mal hijo, i darle de órden de nuestro padre jeneral la dimisoria absoluta.

"Esto no sucedió hasta tres años despues; i en todo el tiempo de este ruidoso litijio, no es ponderable cuánto crecieron las molestias i vejaciones contra la Compañía, hecha blanco de las lenguas maldicientes i del odio comun, que tenia tan poderosos promotores, que por todos caminos i maneras le fomentaban, ideando cada dia trazas para desfogar sus injustos sentimientos. A eso los incitó poderosamente con diabólicas sujestiones el apóstata, complicando su causa con la comun del rei. no, porque les hacía creer que su espulsion de la Compañía i mal tratamiento no tenian otro oríjen que el de haberse sentido mal afecto a los arbitrios del padre Valdivia. Con esto se encendian mas los émulos, como si estas razones echaran nueva leña al fuego de sus iras contra nosotros, i dieron tanto que padecer a los jesuitas, que se tiene por cosa averiguada, no fué inferior, o ménos fecunda de trabajos i tribulaciones esta persecucion del reino de Chile, que las primitivas de Zaragoza i del cardenal Siliceo, permitiéndolo altamente la Divina Providencia para que, campease mas la virtud invicta de los perseguidos” (1).

XIV.

A pesar de tan furiosa oposicion, el padre Valdivia permanecia incontrastable en sus propósitos de traer los indios a la paz solo por medio de la persuasion.

Para ello, quiso enviar nuevos misioneros jesui. tas al territorio araucano; pero el gobernador, te meroso de que fueran a correr la misma suerte que

(1) Lozano, Historia de la Compañía de Jesus de la provincia del Paraguai, libro 7, capítulo 15.

Vechi, Aranda i Montalban, se lo prohibió espresamente; i por el contrario determinó que se hicieran malocas o entradas a la tierra para hacer botin i cautivar indios.

El jesuita representó enerjicamente al gobernador que de aquel modo iba contra la voluntad espresa del monarca.

Como los dos no pudieran entenderse sobre el particular, enviaron a España a defender ante el soberano sus respectivas opiniones, Luis de Valdivia al jesuita Gaspar Sobrino, i Alonso de Rivera al franciscano frai Pedro de Sosa i al coronel Pedro Cortes.

Felipe III resolvió la cuestion en favor de Valdivia por real cédula espedida en Madrid a 3 de enero de 1616.

Se dice que esta decision aceleró la muerte de Alonso de Rivera, que falleció en 9 de marzo de 1617.

Lo cierto fué que el virrei del Perú, marques de Montes Claros, el cual se mostró siempre mui adicto al padre Valdivia i a sus planes, se aprovechó de esta real cédula para impartir al sucesor de Rivera las órdenes mas severas en favor de la guerra defensiva, i en contra de los que la censuraban.

"He llegado a entender, decia, que algunos hablan mal de las disposiciones del soberano; i me admira que Vuestra Señoría lo tolere, i no castigue severamente a quien no respeta i venera los mandatos de su rei. Que si no hai enmienda, tomaré en mí todo el gobierno, i proveeré i despacharé todos los empleos de guerra en sujetos que asienten i apoyen lo que Su Majestad ordena con tanta prudencia, i despues de un maduro exámen. El rei vuelve a dar al padre Valdivia plena potestad pa

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