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cia, i lleve conferido i resuelto por sus votos la fuerza de que puede disponer para resguardar el Maule i defender esta ciudad.

Los capitulares encargaron al escribano que dijera de parte de ellos a los señores de la real audiencia que precisamente se estaban ocupando del asunto.

Despues de referir este incidente, el acta concluye como sigue:

"Habiendo estado en la conferencia mas tiempo de cuatro horas, se resolvió en que para mañana, a las dos de la tarde, puedan tener tiempo los dichos señores para pensarlo mas bien, se vuelvan a juntar a cabildo los señores dél, i traigan sus pareceres en la dicha razon para que de todos se forme uno, i se lleve a los señores oidores en conformidad de lo acordado" (1).

No he encontrado ni en los libros del cabildo, ni en los de la audiencia, cuál fué la resolucion que se adoptó para enviar socorros a la frontera del Maule; pero lo que puedo asegurar es que por mucho tiempo no se suspendieron los apercibimientos de los vecinos de Santiago para que saliesen a la guerra.

Consta por el contrario que ya materialmente no iba quedando jente de que disponer.

IV.

En 3 de diciembre de 1658, se presentó a la audiencia "un escrito de doña Juana de Saavedra, mujer lejítima de Lúeas Diaz, en que decia que su marido tenia cincuenta años; que él mismo por su propia mano trabajaba; que tenia cuatro hijos, el mayor de ocho años; que no tenia otra persona

(1) Libro de actas del Cabildo de Santiago, sesion de 28 de noviembre de 1657.

que sirviese en la labor de unas tierrecillas con que se sustentaban hijos i padres; que tenia solo un yerno, llamado Pedro Bastídas, el cual iba a la ribera del Maule por tenerle el correjidor apercibido para ir; i que a pesar de todo esto, el correjidor de Melipilla habia apercibido a su marido para que fuese a la dicha frontera".

El ejemplo precedente basta para hacernos comprender cuán duro habia llegado a ser el gravámen personal que el servicio en la milicia reclutada para contener los asaltos de los indíjenas imponia a los españoles que vivian en la jurisdiccion de la capital del reino.

No es menos significativa la providencia que el supremo tribunal dictó con motivo del escrito de la señora Saavedra.

Héla aquí:

"Habiéndose conferido este punto, i lo que se ha representado al señor gobernador presidente don Pedro Porter Casanate en cartas que están en el archivo de los muchos i graves inconvenientes que tiene el sacar jente de los partidos por dejarlos desarmados, libertar a los ociosos que dejan el reino, i solo poderse compeler a los que por sus mujeres, hijos i pobreza no pueden desamparar sus casas, i ser necesarios éstos i todos para guardar sus partidos, donde los indios domésticos intentan levantarse, fueron de parecer unánimes i conformes los señores don Nicolas Polanco de Santillana, don Pedro de Hazaña i don Juan de Huerta Gutiérrez de que el correjidor i teniente de capitan jeneral don Martin Ruiz de Gramboa informe a esta audiencia en vista de esta peticion qué orden tiene del señor gobernador presidente para sacar jente de los partidos, qué número, i de qué calidad, i sí es verdad lo contenido en dicho escrito para que sobre todo se provea en lo que tocare a esta audiencia lo que convenga, i que se le haga saber luego esta dilijencia para que con la misma brevedad informe" (1).

V.

I en efecto, como lo indicaban los oidores en la providencia anterior, los españoles de Santiago tenian que defenderse, no solo contra los araucanos i demas indíjenas del sur, que llegaban en sus correrías hasta el Maule mismo, sino contra los que vivian entre ellos, contra sus propios sirvientes.

Abundan los documentos inéditos en que se manifiesta esta alarma continua, esta inquietud de todos los dias.

Voi por via de ejemplo a tomar del libro de la audiencia uno que es bastante curioso por mas de un aspecto.

"En 12 de diciembre de 1659, se vieron en la sala, en el secreto de ella, los autos remitidos por el correjidor de Melipilla en la apelacion interpuesta por el defensor de Rodrigo, indio del almirante don Juan Rodulfo, del auto de tormento que pronunció el correjidor contra él; i habiéndose dado vista al señor fiscal, pidió se ejecutase el auto de tormento, i se le devolviesen los autos. I vistos, se remitió en discordia de votos al licenciado don Alonso Hurtado de Mendoza, abogado de esta audiencia; porque los señores don Nicolas Polanco de Santillana i don Alonso de Solórzano fueron de parecer que el auto de tomento se confirme, i en que sea solo de una manera que no llegue a tres

(1) Libro de votos de la Audiencia de Santiago de Chile, acuerdo de 3 de diciembre de 165£.

vueltas, dándoselas al indio Rodrigo sobre sí dijo al indio Diego las palabras que niega en el careamiento; i si confesase, sustancie la causa i haga, justicia; i si negase, ponga tambien en el potro al dicho Diego para que se afirme en su dicho, i si Jonegase, sustancie la causa, sin que pase de tres vueltas; i vaya en persona a las estancias de la Compañía i Santo Domingo i las demas de su jurisdiccion, i haga la averiguacion de sí tiene fundamento o cuerpo esta alteracion, i sí hai prevencion de caballos, armas i otros pertrechos, o sí se descubre alguna mas prueba, averiguando sí este indio que denuncia es de creer, i dónde ha estado; i el Rodrigo, qué opinion se tenga de él; i ejecute el auto acordado i publicado para que no salgan de las estancias sin papel dónde van, ni tengan armas, ni caballos, ni anden en ellos, i los visiten de noche sus encomenderos, i se eviten los juegos de la chueca; i no se consientan indios forasteros, sino que se manifiesten, para que se sepa los que vienen de la guerra i andan por esta tierra de paz; i de todo dé cuenta a esta audiencia como fuere resultando, i para ella se le devuelvan los autos.—Los señores don Pedro de Hazaña i don Juan de Huerta fueron de parecer se suspenda por ahora el auto de tormento, i que el correjidor haga informacion de la opinion de estos indios Rodrigo i Diego, i se informe de todo, haciendo todas las dilijeneias que los dos votos dicen, i dé cuenta de ellas a esta audiencia para proveer sobre todo, lo que convenga.—I habiendo entrado el dicho don Antonio Hurtado de Mendoza, se conformó con los votos del señor don Pedro i don Juan, que hicieron sentencia" (1).

(1) T.ibro de votos de la Audiencia de Santiago de Chile, acuerdo do 12 de diciembre de 1659.

Forzoso es confesar que los proyectos de conspiracion atribuidos a los indíjenas se apoyaban a veces en fundamentos bien poco sólidos, lo que es mui fácil de concebir, conocido el estado de continua zozobra en que vivian los colonos.

Con frecuencia, veian fantasmas que el temor convertia en realidades.

La suspicacia, como era natural, se llevaba en ocasiones hasta el estremo.

Del libro de la audiencia consta que se procesó por aquel tiempo a una desventurada negra solo porque se le sorprendieron guardadas en una bolsa unas cuántas puas de flechas (1).

Mas otras veces, los planes de alzamiento tramados por los indios domésticos eran demasiado efectivos.

VI.

I a la verdad que cuando se piensa en el inhumano i cruel tratamiento que se les hacía soportar, es de asombrarse que no prefirieran morir con las armas en la mano, atropellando por todo, ántes que seguir con la vida de privaciones, vejámenes i sufrimientos físicos i morales que se les imponia.

Se sabe que en América i en Chile, durante la época colonial, los funcionarios públicos, i en jeneral los habitantes de raza española, no se distinguian por la benevolencia i la compasion hacia los indíjenas.

Sin embargo, el tratamiento que algunos encomenderos inflijian a estos desventurados era tan

(1) Libro de votos de la Audiencia de Santiago de Chile, acuerdo de 27 de noviembre de 1658.

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