Imágenes de páginas
PDF
EPUB

gunas contra ellos, i si algunos autos estuvieren hechos o comenzados a fulminar contra cualesquier de los dichos indios o sus caciques que ántes estaban de paz por cabezas de bandos o conspiradores, los doi por ningunos i de ningun valor ni efecto, como si no se hubieran hecho, ni ellos incurrido en los dichos delitos; i es mi voluntad que todos los que se redujeren sean declarados por vasallos mios, i se les conserve en la franquicia i libertad que conforme a derecho i leyes de estos i esos reinos les está concedida a los que lo son; i para que esto sea notorio en todas partes, mando se publique este indulto i perdon en las ciudades de Santiago i la Concepcion de las dichas provincias de Chile, i en las demas partes que convenga, que así procede de mi voluntad".

X.

El gobierno de Madrid comenzaba a dar la mayor importancia a la guerra de Arauco, como se comprueba por una significativa declaracion que hizo poco despues.

"Teniendo presente que la guerra de Chile siempre se ha tenido por mui ardiente i ofensiva, reputándola con igual estimacion a la que se profesa en los demas mis ejércitos, decia el rei por cédula de 20 de febrero de 1663, he resuelto de declararla por guerra viva para que los militares que me sirviesen en Chile gocen de todos los honores i privilejios que están concedidos a los ejércitos de España, Italia i Flándes".

Probablemente el rei recibió malos informes de las aptitudes de don Pedro Porter Casanate para gobernar a Chile en tiempos tan calamitosos.

Lo cierto fué que el 9 de abril de 1662 le nombró un sucesor para que rijiese el país interinamente, miéntras se encontraba un militar idóneo a quien confiar en propiedad tan delicado i difícil cargo.

Cualquiera se imajinará que ya que se quitaba a Porter Casanate, talvez porque se creia que su táctica i esperiencia de marino no eran las que se necesitaban en las circunstancias, se le reemplazase por algun veterano esperimentado en la especialísima guerra de Chile.

Pero estuvo mui léjos de ser así.

El designado fué nada ménos que el obispo de Concepcion don frai Dionisio Cimbron.

¿Cómo podia elejirse, aunque fuera en calidad de suplente, a un prelado para dirijir campañas i reconquistas?

La esplicacion de hecho tan sorprendente está para mí en que el señor Cimbron habia escrito mucho en favor de los indíjenas; i en que el gobierno de España deseaba en aquel tiempo obtener la obediencia de los araucanos, no por la fuerza, sino por la benignidad.

Sin duda temió que un militar prefiriera emplear los medios violentos, i acabara de perderlo todo.

Los araucanos habian logrado hacerse respetar en la corte de Madrid.

XI.

El nombramiento del obispo de Concepcion para presidente interino no produjo efecto, porque, aun ántes de que se espidiera la real cédula, ya habian fallecido en Chile el ilustrísimo don frai Dionisio Cimbron i el almirante don Pedro Porter Casanate.

Esto dió oríjen a que el virrei del Perú nombrara de presidente-gobernador, miéntras el soberano proveia, a don Anjel de Peredo, quien continuó con acierto la obra de pacificacion comenzada por Porter Casanate, el cual habia sido equivocada e injustamente apreciado por el gobierno de Madrid.

En un resúmen de los autos de residencia de varios de los gobernadores de Chile, dirijido al rei en 16 de agosto de 1668, por los oidores don Gaspar de Cuba i Arce i don Juan de la Peña Salazar, se encuentran, entre otras, las siguientes anotaciones.

"Pruébase que don Pedro Porter Casanate, cuando vino a gobernar despues del alzamiento jeneral del año pasado de 1655, se conservó lo mejor que pudo, e hizo algunas poblaciones por entónces convenientes; i que don Anjel de Peredo, su sucesor, en ménos de dos años que gobernó, pobló la ciudad de San Bartolomé de Gamboa, asolada con el dicho alzamiento, reedificando los templos, i la iglesia parroquial, un fuerte real, plaza de armas i otras cosas menesterosas para que permaneciese por ser la parte mas conveniente i el paso del enemigo por donde peligraba esta ciudad de Santiago i sus partidos hasta la ribera de Maule".

"Don Anjel de Peredo conservó las muchas parcialidades que redujo en su tiempo, porque no permitió que se cojiesen piezas".

XII.

El presidente-gobernador propietario que al fin envió el rei a Chile fué todo un jeneral de artillería, don Francisco de Menéses, que habia militado treinta años en Flándes, Milan, Ñapóles i Cataluña.

El nuevo presidente podia ser un excelente militar, pero era un pésimo gobernante, que no se asemejaba en nada ■a sus dos antecesores, particularmente al último, que llevaba perfectamente su nombre de Anjel.

Menéses, por el contrario, era un hombre apasionado, arbitrario, despótico, que no guardaba consideraciones a nadie, que no seguia otra lei que la de su capricho i de su conveniencia.

Así le pintan las crónicas nacionales; así aparece del resumen de los autos de su residencia, que antes he citado.

El presidente Menéses no entregaba a los soldados los ausilios que el soberano les enviaba; pero en compensacion les dejaba cometer todo linaje de robos i de violencias para tenerlos gratos.

"Pruébase, dicen los oidores que formaron el resúmen ántes mencionado, que los soldados en los cuatro años que gobernó don Francisco de Menéses han estado, i están, desnudos, descalzos de pió i pierna, mal socorridos, descontentos, con pocos vestimentos i los mas de mala calidad, sin espadas, i no bien armados; i que trescientos de ellos, pocos mas o ménos, los mejores, estuvieron en esta ciudad de Santiago i sus partidos, fuera de sus banderas, a la vista de dicho don Francisco de Menéses, casi los cuatro años que gobernó, permitiéndoles cometer delitos enormes de robos, salteamientos, matando, hiriendo, estuprando i otros excesos de malísimas consecuencias, sin que fuesen castigados, ni sirviesen a vuestra real persona".

"Pruébase bastantemente que la forma en que se han distribuido los reales situados en los cuatro años arriba referidos lia sido saber dicho don Francisco de Menéses cuáles son los fardos de mejores jéneroa; i que se aparten para sí sin creces ningunas, haciéndolos traer a esta ciudad con las mismas marcas reales que vienen de Lima, i vender la ropa por su cuenta en la tienda de mercadurías que manejaba en la plaza por Francisco Martínez de Argomedo, que comunmente llamaban Del Gobernador, ocasion de que los soldados fuesen mal socorridos i anduviesen desnudos, descalzos i muchos cubiertos con camisetas de indios; i como a la ropa que quedaba en la Concepcion para repartirles, se le echaban creces considerables, ellos estaban desesperados; i se ocasionaba a la república que pensase i murmurase que la causa de consentir que estuviesen fuera de sus banderas cometiendo los dichos delitos con color de que se pertrechaban, era no ser socorridos ni pertrechados enteramente".

"Los vecinos i moradores no estaban seguros en sus casas por los agravios i robos de los dichos soldados, que consentia i tenia junto a sí, hasta entrarse de dia en ellas i en las tiendas de los mercaderes a pedir con libertad i descaro lo que habian menester; i si algunos agraviados se quejaban al capitan, volvian bien arrepentidos i maltratados de palabra".

Consta del mismo resumen que el presidente Menéses se entrometia en todo, en los acuerdos de los jueces, en las deliberaciones del cabildo, en los capítulos de los frailes, i todo lo resolvia a su antojo.

"Las cosas de justicia, dice, no tuvieron mas administracion ni ejecucion, que lo que queria don Francisco de Menéses".

Cuando algun juez resolvia algo que disgustaba

« AnteriorContinuar »