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años arriba referidos ha sido saber dicho don Francisco de Menéses cuáles son los fardos de mejores jéneros; i que se aparten para sí sin creces ningunas, haciéndolos traer a esta ciudad con las mismas marcas reales que vienen de Lima, i vender la ropa por su cuenta en la tienda de mercadurías que manejaba en la plaza por Francisco Martínez de Argomedo, que comunmente llamaban Del Gobernador, ocasion de que los soldados fuesen mal socorridos i anduviesen desnudos, descalzos i muchos cubiertos con camisetas de indios; i como à la ropa que quedaba en la Concepcion para repartirles, se le echaban creces considerables, ellos estaban desesperados; i se ocasionaba a la república que pensase i murmurase que la causa de consentir que estuviesen fuera de sus banderas cometiendo los dichos delitos con color de que se pertrechaban, era no ser socorridos ni pertrechados enteramente”.

“Los vecinos i moradores no estaban seguros en sus casas por los agravios i robos de los dichos soldados, que consentia i tenia junto a sí, hasta entrarse de dia en ellas i en las tiendas de los mercaderes a pedir con libertad i descaro lo que habian menester; i si algunos agraviados se quejaban al capitan, volvian bien arrepentidos i maltratados de palabra”.

Consta del mismo resúmen que el presidente Menéses se entrometia en todo, en los acuerdos de los jueces, en las deliberaciones del cabildo, en los capítulos de los frailes, i todo lo resolvia a su antojo.

"Las cosas de justicia, dice, no tuvieron mas administracion ni ejecucion, que lo que queria don Francisco de Menéses”.

Cuando algun juez resolvia algo que disgustaba

al presidente, éste se avocaba el asunto; i "usaba luego, dice el resúmen, de desterrar al dicho juez, de improviso, sin que mudase el traje, por mano de los prebostes i soldados, con lástima i escándalo de la república”.

“Andaba acompañado en la paz con ministros de guerra, con armas de fuego i cuerdas encendidas, amedrentando el pueblo, discurriendo de esta suerte las calles, unos corriendo a caballo i otros a pié, quitando mulas i cabalgaduras ensilladas i enfrenadas, sin dar razon para que se quitaba lo ajeno”.

Los eclesiásticos no fueron mejor tratados por el presidente Menéses, que los seculares.

"El obispo de esta ciudad don frai Diego de Humanzoro, dice el resúmen, fué ajado con palabras públicas, injuriosas i de vilipendio, indignas de su dignidad i estado, i de ser referidas; i la clerecía pasó el mismo trabajo”. .

"Los predicadores, agrega, predicaban con temor la palabra de Dios Nuestro Señor, porque interpretándoles los sermones, trataba con aprieto que fuesen desterrados, i que tambien saliese el reverendo obispo”. .

Estas rencillas con el obispo i los predicadores dimanaron de las pueriles etiquetas que solian promoverse entre la autoridad civil i la eclesiástica.

Voi a presentar un ejemplo que basta para dar idea de lo que sucedia.

"En 30 de junio de 1667, estando en acuerdo real de justicia, es a saber: el señor presidente don Francisco de Menéses, i los señores doctores don Gaspar de Cuba i Arce i don Juan de la Peña Salazar, oidores, i don Manuel de Leon, fiscal, i conferidose largamente los inconvenientes que se

seguian cada dia de haberse omitido por los predicadores en algunas ocasiones por las dilijencias e instancias del señor obispo don frai Diego de Humanzoro el captar la venia a la real audiencia con el título de Mui Poderoso Señor, como ha sido costumbre desde la fundacion de dicha real audiencia en ejecucion de las cédulas que en esta razon lo determinan, despachadas para las reales audiencias de los Reyes i de Chárcas, pretendiendo dicho señor obispo no se captase en su presencia, como lo ha hecho llamando a su casa a los prelados de las relijiones, a quienes se lo ha ordenado, i reprendido gravemente a los predicadores que llevados de la costumbre i de la lei, han hecho a la real audiencia tan debida venia por la inmediata i vista representacion que tiene de Su Majestad; i considerando que el señor obispo, no solo ha opuesto los inconvenientes referidos en poca veneracion de esta audiencia, sino que en uno de los sermones de la octava del Córpus, que dicho señor obispo predicó, sin hacer jénero alguno de cortesía, pasó en la salutacion a decir palabras mui indecentes, quejándose de que no le habian convidado, sobre lo cual dijo:que los oidores se habian entrado riendo en la iglesia;i añadió el decir:-iyo mo rio de ellos, a que habia precedido que al entrar en la iglesia, i héchole la reverencia que acostumbran con grandes sumisiones i cortesías, dió grandes voces, que escandalizaron mucho, llamándolos:-;Grandes socarrones! i otras palabras correspondientes a éstas, que ejecutorian la poca atencion i buena urbanidad que ha tenido con esta real audiencia, habiéndosele dado por esta real audiencia un lleno de atenciones i cortesías. I porque no se falte en manera alguna a las que se deben a tribunal tan superior, unánimes i conformes fueron de parecer que el señor doctor don Juan de la Peña Salazar llame a los prelados de las relijiones de orden de este real acuerdo, i les advierta manden a sus súbditos que en las festividades que predicaren, presente la real audiencia, guarden la costumbre, captando en primer lugar la venia con el título de Mui Poderoso Señor, i despues la puedan pedir al señor obispo si quisieren" (1)

El gobierno del presidente Menéses, a causa de sus procedimientos arbitrarios i despóticos, fué una serie continuada de rencillas con todos i sobre todo.

espues la pueden título de Mundo en primer en

XIII.

Habria sido mui raro que un gobernante de aquella especie hubiera tratado con humanidad a los desventurados indíjenas.

I en efecto, apretó con mano de hierro, no solo a los rebeldes, sino tambien a los sumisos.

Aprovechándose de las ventajas obtenidas por sus dos antecesores, i prosiguiéndolas por su parte, impuso la paz a los araucanos.

En cuanto a los pobres indios de encomienda, toleró la continuacion de los inventerados abusos, i los agravó todavía.

Veamos lo que sobre esto contiene el resúmen de los autos de su residencia, que ya he citado ántes.

"Los indios naturales no fueron amparados en su libertad, ántes don Francisco de Menéses los entregaba a sus encomenderos para congratular

(1) Libro de votos de la Audiencia de Santiago de Chile, acuerdo de 30 de junio de 1667.

los, quitándolos do donde estaban i querian servir, facultad que les da la real tasa de Vuestra Majestad; i algunos de éstos, como otros oficiales que trabajaban para sustentarse, los sacaban maltratados, heridos i aporreados los ministros de guerra para que todo el año trajesen nieve de la cordillera para el regalo del gobernador; i el que quedaba pagaba al ministro o soldado aquello con que se habia de sustentar”.

"No pidió ni solicitó que a los dichos indios se les administrase la doctrina cristiana, como lo hicieron sus antecesores”.

Este exceso de opresion habia anonadado a los indíjenas; pero la dureza con que se les trataba era tan cruel, que evidentemente no se conformaban de buen grado con su suerte, i aguardaban anhelosos cualquiera oportunidad de recuperar la libertad i de castigar a sus tiranos.

Tal fué una de las principales consideraciones de que se valió la audiencia, en uno de los lances apurados en que se halló el presidente Menéses, para salvarle de las censuras eclesiásticas que se habian fulminado contra él.

El presidente Menéses habia inferido un agravio feroz al veedor jeneral don Manuel de Mendoza, sin otro motivo que el de haber éste pretendido contenerle en la manera fraudulenta de distribuir el situado.

Mendoza, que era arrebatado, buscó ocasion de vengarse.

Cierto dia, que el presidente pasaba cerca de la iglesia de San Juan de Dios con un ayudante, el implacable veedor, que le acechaba emboscado con otras personas, le tiró varios pistoletazos, que hirieron a Menéses gravemente, pero sin causarle la muerte.

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