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gaba hasta el estremo de que las frutas que allá se producian no habian podido introducirse acá a fuerza de industria; que estaba seguro que si se proponia a los indios la libertad con la trasportacion, o la esclavitud sin ella, preferirian indudablemente la segunda; que los indios poseídos como esclavos estaban casados con indias naturales de Santiago i demas ciudades del reino, i que como tenian familias, sería menester espatriarlas con ellos para no atentar contra la santidad del matrimonio i romper los vínculos de la patria potestad; que Chile necesitaba especial asistencia para su conservacion por mantener una guerra interior casi continua, i por hallarse tan espuesto a las invasiones de los enemigos europeos, deseosos de establecer colonias en su territorio; que si se ejecutaba la medida decretada, la tierra quedaria sin poblacion, i los campos sin cultivo; i que el trasporte de tantos indios ocasionaria gastos inmensos al erario, porque viniendo fletados solo hasta Chile los buques que traian el situado, sería necesario, desde que se les despachase con carga, pagarles la vuelta, para lo cual no habia absolutamente fondos.

Las razones alegadas influyeron en el ánimo del monarca, quien por cédula espedida en Madrid a 19 de mayo de 1683, revocó la traslacion ordenada por él mismo; dispuso que los indios esclavos a quienes habia dado la libertad i estuviesen reducidos no pagasen tributo por el término de diez años contados desde 1679; concedió a los que se sometiesen voluntariamente, igual esencion por otros diez años contados desde su reduccion i conversion, en la intelijencia de que, pasados estos términos, todos ellos debian pagar el correspondiente tributo a la corona, a la cual los declaraba incorporados.

Esta real cédula dejó las cosas en el estado que ántes tenian.

Cualquiera comprenderá, sin que sea necesario decirlo, que solo fué cumplida en la parte que revocaba la traslacion de los indíjenas; i que los indios esclavos declarados libres, i los que en adelante se cojieron en la guerra, fueron incorporados en las antiguas encomiendas, donde prestaban los mismos servicios, i ejecutaban los mismos trabajos, que los otros naturales.

XV.

A pesar de las reiteradas i terminantes declaraciones del monarca, la idea de que miéntras no se disolviera la poblacion araucana, no se obtendria jamas una paz duradera, i no se evitaria el peligro mui efectivo que amenazaba a todo el país, tuvo siempre los mas fervorosos defensores.

Voi a presentar un ejemplo mui notable de semejante opinion.

En 1684 era presidente-gobernador de Chile don José de Garro, que mereció de sus contemporáneos el renombre de Santo por sus esclarecidas virtudes i la bondad de su carácter.

Hé aquí lo que este hombre honrado osaba proponer al rei en carta de 7 de enero de aquel año.

"Hai solo dos medios para la pacificacion de Arauco, decia; uno, el de la guerra, que es el mas agrio, donde es vario el suceso; i otro, el de la cautela, que lo tengo por mas a propósito i seguro, i éste será fácil de conseguir haciendo una convocacion jeneral, i apresando en ella a todos los caciques, indios i principales en una plaza o en muchas; porque en faltándoles las cabezas, se acobardan; i enviando a los españoles a conducir sus familias, ganados i caballos, reduciéndolos con ellos a donde sean mantenidos en política; pero para conseguirlo por cualquier modo de paz o de guerra, es necesario anticipar la provision de soldados i municiones respecto de la flaqueza de este ejército por componerse solo de mil setecientas i noventa i nueve plazas, divertidas en presidios inescusables, como consta de la muestra que pasé en 17 de noviembre de 1683, de que remito certificacion del veedor jeneral."

El rei contestó a esta proposicion como, sigue por cédula de 19 de noviembre de 1686..

"Habiéndose visto en mi junta de guerra de Indias, ha parecido deciros se ha estrañado mucho lo que proponeis acerca de apresar los caciques, porque ningun engaño es medio justo ni relijioso por faltarse en él a la fe pública, i así no hareis novedad en la forma de la buena correspondencia que se tiene con los indios.

"En lo que mira a la falta de jente de ese ejército, por despacho de la fecha de boi, ordeno a mi virrei de las provincias del Perú, que, correspondiéndose con vos, disponga en la mejor forma que pareciere, reclutar las compañías de soldados sencillos hasta, cuatrocientos o quinientos hombres, i en las de caballería, ciento, para que se reparta esta jente en puertos i presidios marítimos, i en las plazas mas vecinas a la cordillera donde viven los indios para tener en ella alguna parte de caballería e infantería con un cabo principal para sujetarlos en la obediencia i respeto que deben tener, tratándolos bien, i procurando enseñarles la lei evanjélica i las letras, tratando i comunicando con ellos, fuera de armas o cosas semejantes, de que se pudieren servir contra esa milicia, mis súbrditps i pueblos; pero en cuanto a que tengan caballos, no lo prohibireis, porque podrán servirse de ellos para la agricultura, i tambien se facilitará sacar de aquellas montañas caballos de gran trabajo que puedan servir en el llano, i contra los mismos indios, a quien no serán tan útiles para el combate en la aspereza de las montañas, ni sabrán con su jénero de armas servirse bien de ellos, porque sería disgustarlos i agraviarlos el quitárselos, i mas si tienen casta de ellos en sus montañas i habitaciones; i si fuere necesario, el reformar algunas compañías por el corto número de j ente «de ellas, lo confirireis asimismo con dicho mi virrei del Perú, a quien tambien ordeno os remita doscientos i cincuenta quintales de pólvora, i cuide mucho de que estén bien prevenidos i amunicionados de todo lo necesario los presidios de ese reino.

"Tambien tengo resuelto se os remitan en la primera ocasion que se ofrezca, quinientas carabinas con sus frascos i bandolas, quinientos hierros de picas i doscientos hierros de partesanas, que decis en la carta citada son necesarios en el ejército por la falta que hai de estos jéneros; i asimismo dos mil granadas respecto de que el año de 1681, no se remitieron a ese reino sino mil i quinientas, por lo que conviene a mi servicio esté ese reino i los presidios de él con las prevenciones i resguardos necesarios; i se queda haciendo la diligencia con el capitan jeneral de la artillería de España, para la provision de las armas referidas; i de lo que en razon de todo ejecutáredes, me dareis cuenta en la primera ocasion que se ofrezca."

Como se ve por la cédula que acaba de leerse, el gobierno español, a pesar de las indicaciones contrarias de muchos de sus aj entes en América, i de la oposicion de los españoles avecindados en los dominios del nuevo continente, perseveró en el buen propósito de que se tratara con la posible humanidad, no solo a los indíjenas de paz, sino tambien a los de guerra.

XVI.

Ajustándose a este plan, el soberano espidió en 21 de junio de 1693, una cédula jeneral para todos sus dominios americanos, que fué comunicada a Chile i mandada observar en este país, por la cual "concedia a los indios la facultad de pagar a su arbitrio los tributos en reales, o en jéneros i frutos de los que abundan i cojen en sus provincias, i a los precios correspondientes que tenian en ellas regularmente."

Sin embargo, el soberano autorizaba a sus representantes en el nuevo mundo «para que en caso de esterilidad, o excesivos precios de los frutos, o demasiada flojedad de los indios», pudieran exijir a éstos los tributos precisamente en producciones de la tierra.

Adviértase que esta disposicion mui terminante queria que en todas las circunstancias pagasen su contribucion, o en dinero, o en frutos, mas nunca con jornales, o sea con servicio personal.

Pero en Chile, los encomenderos acataban al rei como a un semidios, ménos en lo que perjudicaba a su avaricia, i continuaron por lo tanto en cobrar a los infelices indíjenas un tributo, no de dinero o frutos, sino de sudor, de vida, por decirlo así.

El rei mismo consigna en el documento que paso a copiar datos bastante curiosos i especificados sobre el asunto de que estamos ocupándonos.

"El Rei. Presidente i oidores de mi audiencia

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