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ordenaros i-mandaros (como lo hago) que a los indios que se apresaren, se les haga buen tratamiento, procurando se agreguen (como proponeis) a algunas encomiendas, por los motivos que referis en vuestra carta, poniendo gran cuidado en que no se les moleste, ántes bien se les particularice, para que se logren las fines que discurris, con advertencia de que entre ellos debe ser el mas principal el inclinarles a seguir nuestra sagrada relijion, i a quitarles el horror que muestran, poniendo gran cuidado en que se ejecuten las leyes de la Recopilacion que hablan en favor de los indios, i a la suavidad con que deben ser encomendados respecto de que el ser prisioneros no les ha de aumentar gravamen, pues es acaso su desgracia, i siendo bárbaros, tienen la fortuna de venir debajo del dominio de un príncipe católico, a quien Dios ha llenado de piedad; i este despacho lo manifestareis a la audiencia, haciendo se rejistre para que se tenga presente, i con ningun motivo se exceda de su contenido, dándome cuenta con testimonio de haberse ejecutado, i de la forma en que hubiéredes hecho el repartimiento i requerimientos a los encomenderos, que así es mi voluntad. Fecha en Madrid a 24 de marzo de 1707.—Yo el Rei.—Por mandado del Rei Nuestro Señor, Bernardo Tinajero de la Escalera".

IV.

El rei, alarmado por la creciente despoblacion de Chile, habia determinado por cédula de 11 de junio de 1703 que se redujeran a pueblos en sitios cómodos los indios, tanto de encomienda, como de la corona o libres.

El cabildo de Santiago, que siempre salia a la defensa de los encomendemos, porque sus individuos eran, o encomenderos ellos mismos, o parientes o amigos de encomenderos, hizo al monarca observaciones contra esta disposicion en una respetuosa carta fecha 12 de octubre de 1708.

Esta representacion puede considerarse como un manifiesto oficial de los encomenderos, i por lo tanto es mui digna de llamar la atencion.

Los cabildantes, como lo acostumbraban siempre los sostenedores del servicio personal, hacian un retrato harto poco lisonjero de los indíjenas.

Segun ellos, éstos estaban entregados a todos los vicios, a los siete pecados capitales, especialmente a la pereza i a la embriaguez.

Su inclinacion dominante era la vagancia.

Los mejores i los mas felices eran los de encomienda que vivian en las haciendas, porque sus amos los obligaban a estarse quietos, a trabajar i a llevar vida cristiana.

¡I cuánto todavía les costaba sujetarlos!

Los indios de esta clase estaban continuamente huyéndose; pero los hacendados o encomenderos lograban recojer siquiera a algunos, porque obtenian del gobernador o de la audiencia decretos i provisiones para estraerlos de donde estuviesen, sin que debieran respetarse los conciertos o contratos que los fujitivos hubieran celebrado.

El cabildo cuidaba de advertir al rei que aquellos naturales se huian de las estancias de sus amos, no porque recibiesen algun mal tratamiento, sino por depravacion de carácter.

"La causa de vagar, decia, debe atribuirse, no a las molestias del encomendero, sino al natural inquieto de estos indios, que tienen repugnancia a la residencia determinada de un lugar".

"El principal cuidado del encomendero, agregaba, es asistirlos, doctrinarlos i vestirlos; i cuando los encomenderos cometen algun exceso, i el indio se queja, se repara luego por la real audiencia, el gobernador i demas justicias, castigando severamente al encomendero culpable; i bien por este terror,

0 lo que es mas cierto, por necesitar de su servicio personal para la cultura i labor de los campos, de donde depende el sustento de una familia, los miran i atienden como a propios en la educacion, en el sustento i vestuario; i solo con beneplácito de ellos, el encomendero se sirve de sus hijos i hijas;

1 si alguna vez, que será rara, este servicio es involuntario, se repara luego por los jueces i justicias que ponen todo el desvelo en evitar cualesquier molestias i vejaciones que padezean, viviendo al presente mui contentos i gustosos con sus encomenderos.

"I aunque el servicio personal lo tiene Vuestra Majestad prohibido, pero ningun vecino les violenta a ello, a menos que voluntariamente se ofrezcan al trabajo por el concierto de cuarenta i tres pesos i dos reales, que es lo ménos que gana el indio en cada año, segun lo nuevamente ordenado por la real audiencia, fuera de otros conciertos por cincuenta, sesenta i setenta pesos, reservándoles el tiempo suficiente para sus siembras i labores, a que el encomendero contribuye con tierras, bueyes, arados i semillas; i si no se aplicasen al trabajo, se privarian de estas conveniencias, motivo, Señor, que los incita a ofrecer su servicio personal sin violencia de su encomendero. I aunque esto procede en los indios que tienen alguna aplicacion por la necesidad de vestir a sus mujeres e hijos; pera en los solteros, que del todo se dedican al abuso de la embriaguez, importa mas el cuidado i vestuario del encomendero, que el servicio personal de todo

el año, por causarles este vicio una total desnudez; i los mas dias subsecuentes al de fiesta, es preciso recojerlos i volverlos a vestir de nuevo, porque sus mantas i camisetas, o las dejaron empeñadas, o fueron despojados de ellas; i si el encomendero se privase del servicio personal, carecerian de esta caridad, i lo demas del año lo pasarian desnudos a la intemperie del tiempo".

Si la maldad injénita de los indíjenas, segun el cabildo, llegaba a tanto, cuando estaban sujetos a un honrado i celoso encomendero, el cual ejercia sobre ellos una constante vijilancia en su propia hacienda, ya se presumirá hasta dónde, segun aquella respetable corporacion, llegaria la vituperable conducta de los indios que no reconocian un señor inmediato.

Todos■ eran unos vagamundos, unos haraganes, unos ebrios, unos ladrones, que solo trabajaban en el año un mes o una semana, i que el resto del tiempo se entregaban a la práctica del vicio i aun del crímen.

La conclusion a que arribaba el cabildo era que todos los indios sin escepcion debian reducirse a encomiendas, i que debian tener por residencias, no pueblos especiales, como lo habia mandado el rei, sino las estancias mismas de los encomenderos.

ÍCra este el único arbitrio para que estuvieran bien vijilados, para que no fuesen viciosos i criminales, para que fueran útiles a sí mismos i al estado, para que llevasen vida civil, para que recibiesen los santos sacramentos.

De lo espuesto resulta que, segun el eabildo de Santiago, lo que habia despoblado a Chile, e impedido su prosperidad, era no el que hubiera habido encomiendas i servicio personal, sino el que no hubiera habido mas encomiendas i mas servicio personal. ,

He mencionado ya, i seguiré mencionando, hechos i documentos que manifiestan todo lo contrario, de modo que el lector puede con pleno conocimiento de causa formar juicio acerca de tan encontradas opiniones.

V.

El cabildo ponderaba mucho en su representacion el poderoso amparo que los magistrados concedian a los indíjenas.

Es verdad que en ocasiones reprimian los excesos de los encomenderos, i yo mismo he tenido oportunidad de citar algunos ejemplos de ello; pero conviene no dar a aquella decantada proteccion mas importancia de la que merece.

Evidentemente el cabildo la exaj eraba.

Los funcionarios públicos ele la época colonial no pecaban de paternales con los indíjenas.

Es el rei mismo quien nos lo hace saber en una cédula dirijida con fecha 10 de febrero de 1720 al fiscal de su audiencia de Santiago de Chile.

"En mi noticia se ha puesto, dice, lo mucho que padecen los indios de todo ese distrito en los repartimientos violentos que hacen los correjidores, de forma que, aunque a éstos les está prohibido tratos i mercancías, no tan solo no lo observan, si no abusan del uso de estos tratos con tanta tiranía, que es intolerable a los indios, obligándolos a recibir dichos jéneros con violencia, i cobrándolos con apremio, no teniendo estos pobres otra salida de ellos, que buscar quien se los compre por la mitad o tercera parte del precio en que los obligan a comprarlos, añadiéndose a esto, el que los jéneros

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