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hubiera habido mas encomiendas i mas servicio personal.

He mencionado ya, i seguiré mencionando, hechos i documentos que manifiestan todo lo contrario, de modo que el lector puede con pleno conocimiento de causa formar juicio acerca de tan encontradas opiniones.

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les con lo hace saber 120 al

El cabildo ponderaba mucho en su representacion el poderoso amparo que los majistrados concedian a los indíjenas.

Es verdad que en ocasiones reprimian los excesos de los encomenderos, i yo mismo he tenido oportunidad de citar algunos ejemplos de ello; pero conviene no dar a aquella decantada protec. cion mas importancia de la que merece.

Evidentemente el cabildo la exajeraba.

Los funcionarios públicos de la época colonial no pecaban de paternales con los indíjenas.

Es el rei mismo quien nos lo hace saber en una cédula dirijida con fecha 10 de febrero de 1720 al fiscal de su audiencia de Santiago de Chile.

"En mi noticia se ha puesto, dice, lo mucho que padecen los indios de todo ese distrito en los repartimientos violentos que hacen los correjidores, de forma que, aunque a éstos les está prohibido tratos i mercancías, no tan solo no lo observan, si no abusan del uso de estos tratos con tanta tiranía, que es intolerable a los indios, obligándolos a recibir dichos jéneros con violencia, i cobrándolos con apremio, no teniendo estos pobres otra salida de ellos, que buscar quien se los compre por la mitad o tercera parte del precio en que los obligan a comprarlos, añadiéndose a esto, el que los jéneros

que les reparten no son de los que se pueden aprovechar para su vestuario, pues al pobre indio, que anda descalzo, i con una manta cubierto, le obligan por fuerza a que compre en la forma referida medias de seda, sombreros de castor i otros jé. neros de esta calidad, i sobre esto les mortifican i obligan a que deserten de sus pueblos, i se huyan a los montes, negándose a la enseñanza, a oír misa, i aun a ser enterrados en iglesias; i por evitar estas estorsiones, se pasan muchos de ellos a los infieles, abandonando la relijion cristiana; sobre que concurre que estos excescs, i otros muchos que cometen los gobernadores i correjidores, proceden de la seguridad de que no han de ser castigados por ellos, ni dar residencia, como tolerados por los ministros a quien toca su remedio, como se ha esperimentado contra la observancia de las leyes i ordenanzas por los espresados gobernadores i correjidores en el uso de sus oficios, i oficiales reales i fiscales en hacerlas cumplir, segun lo tengo mandado en ellas”.

Desgraciadamente, tendré todavía ocasion de citar otros documentos, de los cuales aparece que la proteccion de los majistrados a los indios estaba mui distante de ser tan eficaz, como se decia.

VI.

Vejaciones análogas ejercidas con los araucanos, provocaron en 1723, uno de los mas formidables alzamientos.

Era entonces presidente don Gabriel Cano de Aponte.

Tenia éste un sobrino llamado don Manuel de Salamanca, a quien nombró maestre de campo jedios, nu, ciertos hom un informe de

neral del reino, el mismo empleo que tuvo el de infausta memoria don Juan de Salazar.

Como éste, Salamanca concibió el pensamiento de enriquecerse a costa de los araucanos.

Para esto, reunió a los capitanes de amigos, que estaban bajo sus órdenes, i les mandó que vendiesen a los indios toda especie de baratijas.

Los indíjenas debian pagar el precio en ponchos, su principal artículo de produccion, que se les prohibió vender a cualesquiera otras personas.

Es preciso saber lo que eran aquellos capitanes de amigos.

“Todos ellos son por lo regular, decia al soberano el virrei Amat en un informe de 28 de agosto de 1774, ciertos hombres mezclados con los indios, sin relijion i con plenitud de vicios, señaladamente el de la embriaguez”.

Aquellos individuos, no solo cumplieron al pié de la letra las instrucciones de Salamanca, sino que las sobrepujaron. Cuando los indios no alcanzaban a pagarles con ponchos las baratijas con que los habian sorprendido, les quitaban los hijos para venderlos como esclavos.

El comercio de carne humana volvió a ser floreciente (1).

Aquello era mas de lo que los araucanos necesitaban para correr a las armas.

Pero esta vez invitaron a los naturales de todo el reino hasta Copiapó a que les ayudasen a espulsar del país a sus opresores.

Segun se dijo, este vasto plan no se ejecutó en todas sus partes, i no llegó a estallar simultaneamente la insurreccion, tanto de los indios de gue

(1) Carvallo, Descripcion Histórica-jeográfica del reino de Chile, parte 1.a, libro 5, capítulo 30.

rra, como de los de paz hasta Copiapó, solo porque, como suele suceder en casos semejantes, los araucanos dieron el grito antes del dia señalado.

Sin embargo, el alzamiento tuvo de todos modos proporciones mui grandes, i hubo fundadísimos temores de que las tuviese todavía mayores.

En setiembre de 1723, comparecieron ante la audiencia de Santiago, en nombre de la ciudad de Concepcion, i con poder suyo, el alcalde de la misma don Sebastian de Mandiola i el rejidor don Antonio Pineda i Bascuñan, con un largo memorial relativo a los asuntos de la guerra, el cual principiaba así:

"Parecemos ante Vuestra Alteza, i decimos que la ciudad de Concepcion i sus fronteras se hallan en el último i mas apretado conflicto que ha esperimentado este reino desde su descubrimiento i poblacion por el alzamiento jeneral de toda la tierra, no solo del enemigo rebelde que hasta ahora ha sacudido el yugo del santo evanjelio i la obediencia i fidelidad a Su Majestad, sino aun de los mismos indios encomenderos i otros criados i alimentados en las chacras i estancias de todo el reino que llaman yanaconas, que pretendiendo el li. bre uso de sus acciones, sin reconocimiento ni a Dios ni a la lei, han hecho fuga, desamparando sus ranchos i casas de vivienda, i aun su mesma naturaleza, por incorporarse con los demas indios sublevados, perpetuando una guerra ofensiva contra la paz, quietud i sosiego en que se ha mantenido todo el reino despues del último alzamiento .que sobrevino el año de 1655, internándose mui cerca de doce mil lanzas de esta parte del rio de la Laja con gran osadía, desprecio i desacato de las armas de Su Majestad, sin ejemplar alguno

desde la conquista de este reino; i hai noticias, segun el último correo, que se incorporaron las lanzas de otras reducciones de la tierra adentro, como son Valdivia, Osorno, los Juncos, i que en el descaecimiento que se halla el real ejército, podrán penetrar hasta esta ciudad (Santiago), como en otras ocasiones, aun estando mas ventajosas nuestras armas, lo han intentado, saliendo por la cordillera nevada hasta la boca del rio de Cachapoal, que a no haberse puesto pronta i aceleradamente el remedio necesario con escuadron que salió al opósito, hubiera padecido esta ciudad la ruina i asolaciones que en tiempos pasados esperimento la ciudad de Concepcion, i hasta ahora llora todo el reino en la pérdida de las ciudades de Angol, la Villarica, de los Infantes, Santa Cruz de Loyola, la Imperial, Valdivia i Osorno, sin que en tiempo de ciento veinte i tres años, haya sido posible restaurarlas del enemigo, por mas que los señores gobernadores, celosos del servicio de Su Majestad, hayan movido las armas contra la obstinacion de los naturales de la tierra, porque engrosando sus masas, han querido hacer ostentacion de su infidelidad pertinaz, teniendo por timbre i blason morir por la libertad de la patria, i por descrédito i deshonor la obediencia a nuestra santa madre iglesia i el reconocimiento a Su Majestad”.

Despues de mencionar a la lijera todas las grandes insurrecciones de los araucanos, los procuradores de Concepcion dicen: “Ultimamente este año, volviendo a su antigua infidelidad, i al em. peño i pertinacia de su libertad natural, i al mor.. tal odio que profesan a la relijion cristiana, al rei i a sus vasallos, conspirando la tierra, segun se presume, desde el valle de Copiapó hasta los últi

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