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se deben hoi recelar, precautelando su anticipado remedio en la raíz del ejército".

En una vista que el doctor don Martin Gregorio de Jáuregui Tollo, fiscal de la audiencia, evacuó sobre el asunto precedente, a 3 de octubre de 1723, se encuentra el pasaje que sigue, en el cual pueden leerse algunos nuevos datos relativos a la materia:

"Es indudable que esta ciudad (Santiago) i sus * individuos, conociendo la estrechez i trabajos en que se esponia esta tierra, si no se contenian las insolencias de los indios, ha hecho una contribucion de caballos considerable, socorre con la remision que hace de los mulatos libres, i cada encomendero dar su escudero, habiendo ántes esforzado a todos los correjidores de los partidos esta real audiencia para que con la mayor brevedad se condujesen a la frontera los estranjeros, los que se socorrieron como a los dichos mulatos. Pues si con esta puntualidad i desvelo, se socorre el ejército, quedándose esta ciudad sin jente i sin armas, viéndose amenazada igualmente de los indios, pues es constante que las mas de las encomiendas están, si no sublevadas i rebeladas, mui poco ménos, ¿por qué motivo ha sido, o a qué efecto esta diputacion, i su instancia en el socorro, i cuando ha sido tan pronto i liberal,' que &e han quedado los partidos circunvecinos todos cuasi indefensos, i esta ciudad en la mesma constitucion?"

Como lo manifestaba el fiscal Jáuregui, Santiago habia quedado desguarnecida.

Cano de Aponte habia hecho formar en la capital del reino una compañía de cien mulatos, i otra de todos los estranjeros que residian en ella.

Las dos habian marchado a la frontera.

Ademas, el presidente habia determinado que

saliesen a la guerra de Arauco las milicias de caballería de los partidos de Quillota, Rancagua, Colchagua i Maule.

Parece que los indios domésticos de Santiago pensaron en aprovecharse de lo indefensa que quedaba la capital.

Del libro de cabildo aparece que en la sesion de 2 de octubre de 1723, el maestre de campo don Juan de la Cerda, correjidor i justicia mayor de Santiago, hizo la declaracion que sigue:

"La rebelion i alzamiento es de los indios de todo el reino, en que han conspirado los indios encomenderos, no solo de los partidos de Melipilla hasta la frontera, sino tambien los que se hallan en los valles de Quillota i la Ligua hasta Copiapó, constando i declarádose de los mismos indios complicados que se hallan presos en la cárcel de esta ciudad, que la víspera del Señor San Francisco, al tiempo de los fuegos, tenian determinado dar de improviso en la ciudad, matando a los españoles, que sin duda estarian divertidos con el regocijo de los fuegos" (1).

Todo esto era conocido de los vecinos de la ciudad, i tema de las conversaciones i comentarios.

La inquietud era grande, porque si los promotores de la conspiracion estaban bien asegurados en la cárcel, el alzamiento triunfante de los araucanos era un estímulo constante a la rebelion de los tiranizados indios de encomienda.

¿Quién podia garantir que muchos de ellos, visto lo difícil que la situacion era para los españoles, no estuvieran preparando en el silencio medios de libertad i de venganza?

(1) Libro de acia* del Cabüdo de Santiago, sesion de 2 de octubre de 1723.

El 3 de octubre, víspera de la fiesta de San Francisco, se celebraba una procesion mui concurrida, en la cual la imájen de este santo era llevada hasta la plaza, donde recibia i hacía una cortesía a la de Santo Domingo; i en seguida, las dos eran conducidas juntas hasta la iglesia del primero.

Estaba atestada de jente toda la carrera de la procesion, cuando se esparció la voz de que habia incendio en la Cañadilla.

Efectivamente, por casualidad se habia pegado fuego a un rancho en aquel barrio.

Todo fué anunciarse aquello, i suponerse que eran los indios que daban principio a su proyectada sublevacion para saquear i matar.

Fácil es de imajinarse el tumulto que semejante rumor ocasionaria, hallándose, como estaba, el vecindario mui alarmado con los sucesos de Arauco, con la venida de la diputacion de Concepcion en solicitud de socorros, con la indefension de la ciudad, con la prision de varios indíjenas que habian confesado sus planes de sublevacion.

A los pocos momentos, ya no se habló solo del rancho que se estaba incendiando, lo quo era cierto, i de los indios que habian comenzado el saqueo en la Cañadilla, lo que era inventado; sino que se corrió que se sabía de un modo positivo que en la Punta i en Renca habia cuerpos de indios alzados, prontos a precipitarse sobre la mal defendida Santiago.

"Hubo entonces en la ciudad, refiere un cronista, la mas horrible confusion. Ni los eclesiásticos se eximieron de tomar las armas; i se pusieron salvaguardias en los monasterios de relijiosas para que no las incomodasen. Se envió una partida de jente armada de los vecinos i mercaderes a recorrer los contornos; i todo era confusion".

Al fin de muchas esploraciones, i de muchas carreras, se vino a averiguar que todo habia sido susto infundado (1).

Pero lo que fué conseguir que los araucanos volvieran a la obediencia, costó todavía grandes esfuerzos i muchos sacrificios.

VIL

La representacion del cabildo de Santiago, fecha 12 de octubre de 1708, sirvió de antecedente para que el rei, por cédula de 8 de setiembre de 1710, mandase crear en Chile una junta compuesta del presidente, de los oidores, del protector de indíjenas, de los misioneros i prelados de las relij iones para que arbitrasen los medios de reducir los indios a sociedad.

Esta fué la primera de las varias juntas llamadas de poblaciones que se organizaron durante el curso del siglo XVIII; pues ha de saberse que durante todo ese tiempo, el pensamiento dominante del gobierno central i del particular de esta comarca fué el agrupamiento de los esparcidos habitantes de Chile.

De tantas deliberaciones sobre la materia, resultaron diversos planes, de los cuales tengo a la vista dos, que se presentaron al monarca en nombre de todo el reino, i que contienen datos mui interesantes i desconocidos acerca de la antigua condicion social de nuestro país.

Creo que se me agradecerá el que reproduzca algunos de ellos.

(1) Carvallo, Descripcion Histórica-jeográfica del reino de Chile, parto 1.», libro 5, capítulo 81.—Pérez Garcia, Historia Natural, Müitar, Civil i Sagrada del reino de Chüe, libro 7, capítulo 1.° Este historiador dica equivocadamente que esta alarma sucedió en agosto.

El primero de dichos planes esplica con,mucha exactitud los fundamentos de la gran zozobra que durante toda la época colonial inquietó a los habitantes de Chile, siempre temerosos entonces de un alzamiento jeneral de indíjenas, que pudiera enseñorearse de toda la comarca desde un estremo hasta el otro.

Leamos esta curiosa esposicion.

"Sin embargo de tanta prosperidad como depositó la Providencia en aquel paraíso terrenal (Chile), para felicitar a sus habitadores, dice, es mui lastimoso el estado miserable de despoblacion i miseria a que está reducido.

"Del número casi infinito de indios que se encontraron al tiempo de la conquista, apénas llegan a trescientos mil los de ambos sexos que residen entre las islas de Chiloé i la frontera del rio Biobio; i serán como otros tantos los que moran entre los españoles, no habiéndose padecido epidemia alguna a que pueda atribuirse despoblacion tan lamentable. Ni corresponde el número de los españoles al que ha pasado de estos reinos (España); pues en medio de la sanidad de su temperamento, mucho mas benigno que el de España, no pasan de trescientas mil las almas españolas, incluyendo en este número los mestizos i los mulatos. De suerte que puede formarse el juicio prudencial de que no pasan de ■seiscientas mil entre españolas, mestizas, indias, negras i mulatas las personas que están subordinadas al dominio de Vuestra Majestad, i que será como de trescientos mil el número de los indios que aun no están bien reducidos.

"Sobre no corresponder el vecindario a la fertilidad i sanísimo temperamento de reino tan dilatado, padecen sus habitadores la privacion de la

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