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mienda, como todas las demas, habia sido una sentina de vicios i un cementerio de indíjenas. · El réjimen establecido en la encomienda de Quiroga, como en todas las otras, dice un cronista, redundaba "en notabilísimo detrimento de los cuerpos i almas de los desventurados naturales, porque hombres i mujeres de tal edad, que toda es fuego, todos revueltos en el agua hasta la rodilla, bien se puede presumir que ni toda era agua limpia, ni el fuego dejaba de encenderse en ella, ni el lavar oro era el lavar las almas, ni finalmente era oro todo lo que relucia”.

El mismo autor añade que era mui poco el cuidado que los conquistadores tenian para instruir a los indios en la lei de. Jesucristo i en las buenas costumbres, a pesar de ser aquel el título que hacian valer para la conquista; i que antes por el contrario, en lugar de esto, sobresalian en darles malos ejemplos, "i en enseñarles maneras de pecar que ellos no sabian, como era jurar, i hacer injusticias, i negaciones, i sacar las mujeres del poder de sus maridos, i ser ministros de maldades, sirviéndose los españoles de los yanaconas para sus manejos deshonestos, ultra de otras muchas cosas, que se verán i juzgarán el dia del juicio univer

sal.

Lo estraño es, concluye diciendo el cronista citando, "que no llueva fuego del cielo sobre nosotros."

I no vaya a pensarse que el caudal de Rodrigo de Quiroga fuese una escepcion.

Nó; habia varios a quienes sus encomiendas les producian mas o menos lo mismo.

Estas riquezas estupendas estraídas de las pobrísimas tierras auríferas de Chile son la prueba mas convincente que pudiera aducirse del rigor

inhumano i feroz con que se obligaba a los infelices indios a que, a costa de un trabajo excesivo, a costa de la vida, sacaran hasta la mas pequeña pepa de oro que se ocultaba entre los granos de polvo.

Segun un cronista, a Rodrigo de Quiroga le produjo la encomienda de su mujer, doña Ines de Suárez, mas de cuatrocientos mil pesos en treinta i dos años de matrimonio.

I para que se comprenda mejor la espantosa significacion del hecho, adviertase que los naturales trabajaban con instrumentos, no de hierro, sino de cobre.

III.

Estos crudelísimos tratamientos disminuyeron sobre manera en pocos años la poblacion indíjena.

Todos los testimonios primitivos están conformes acerca de este punto.

Voi a citar algunos, declarando que en mi concepto sus guarismos deben tomarse, no de ninguna manera como exactos, sino como figuras de espresion.

Segun Mariño de Lovera, los valles de Copiapó, Guasco i Limarí tenian una poblacion de mas de veinte mil indíjenas, que en medio siglo habian sido reducidos à menos de dos mil.

En 1594 no quedaban en la Serena mas que cuatrocientos naturales, siendo necesario traer para el servicio indios de las otras provincias, "forzados casi en servidumbre de esclavos.”

“Hallaron los primeros conquistadores esta tierra, agrega, hablando de la Serena don Miguel de Oleverría, a quien pertenece el dato precedente, mui poblada de indios; i con el largo tiempo, i mucho trabajo que les han dado los españoles, se han consumido i acabado, i venido en esta disminucion.”

En la misma fecha, Santiago, segun Oleverría, no contaba mas que cuatro mil indios de sesenta mil que tenia cuando se fundó. "Han venido en tanta disminucion, dice, por ser los indios mas trabajados que hai en aquel reino, i los que mas han acudido con sus personas i haciendas al sustento de la guerra i cargas della.”

El hecho en lo sustancial se encuentra confirmado por Mariño de Lovera, quien asegura que se habian “disminuido tanto los indios de Santiago, que apenas llegaban los de ese valle a siete mil en el año en que estaba de 1595 con haber hallado en él los españoles el año cuarenta i uno pasados de cincuenta mil.”

Las apuradas tareas impuestas por los amos i el látigo a que recurrian para hacerlas desempeñar habian causado idénticos estragos en los naturales de todo el país.

"Los indios que ahora sirven en la ciudad de la Serena, Santiago, Concepcion i las demas, añade todavía el contemporáneo Oleverría, han venido en tanta disminucion, que no se saca casi oro en todo el reino, i apenas son bastantes a sustentar i cultivar las haciendas i ganados de sus encomenderos."

Mariño de Lovera corrobora todavía esta observacion de Oleverría, mencionando ejemplos prácticos. “Cuando Alderete murió, dice, dejó dos encomiendas de indios en este reino, la una en la ciudad de Santiago, i la otra en la ciudad Imperial, las cuales heredó doña Esperanza de Rueda, su mujer; i le valian ambas veinte mil pesos de renta cada año; pero han venido en tanta disminucion, que no valen al presente los tributos mas de tres mil pesos al año; i a este paso va todo lo demas, de suerte que ha venido el negocio a tanta miseria, que lo lastan agora los hijos de los que ganaron la tierra con tanto estremo, que hai muchas huérfanas hijas de conquistadores i descubridores del reino que andan a buscar de comer por casas ajenas, i sirviendo a los que en España estaban por nacer cuando los pobres hombres andaban descubriendo i conquistando estos reinos por muchos años i con muchos trabajos, derramando su sangre. Mas todo esto no es sin disposicion divina, pues allá en la divina escritura a cada paso amenaza con semejantes calamidades a los que atesoran por medios tan desordenados.”

IV.

Los conquistadores no tardaron en esperimentar las funestas consecuencias de su inhumanidad.

Los indios del norte de Chile eran mucho ménos numerosos, menos altivos, menos protejidos por los accidentes del terreno, que los del sur, los de ultra-Biobio, los renombrados araucanos.

No obstante, los españoles, sin hacer distinciones, trataron a los unos con igual dureza que a los otros.

No pensaban mas que en hacer por toda especie de medios que los indios les entregasen oro i mas oro.

En solo las minas de Concepcion, pusieron a trabajar veinte mil indíjenas.

Esto, advierte un cronista contemporáneo, importaba tanto como hacerlos trabajar a todos; "pues así como para sacar veinte mil hombres de pelea, es necesario que haya mas de trescientas mil personas de donde entresacarlos, así el sacar veinte mil mineros es ocupar medio reino, pues los que restan son sus hijas i mujeres (que ni aun esas dejaban en la ocasion presente); ultra de que es inescusable el remudarse por sus tandas por ser el trabajo excesivo, i haber ellos de ir a sembrar lo que habian de comer so pena de morir de hambre, de suerte que acudiendo siempre veinte mil, venian a ser mas de cien mil al cabo del año, que es lo mesmo que decir todo el reino, pues los hombres que quedaban servian a los españoles de caballerizos, pajes i hortelanos, de beneficiar sus sementeras, i guardar sus ganados, si suyos pueden llamarse, que no sé con cuán justo título lo poseen.”

Los indios del norte, despues de alguna resistencia, se habian sometido a este réjimen arbitrario i tiránico; pero los del sur fueron mucho menos pacientes.

Con otro sistema, ¿los conquistadores habrian evitado la insurreccion de Arauco? ¿habrian conseguido que fuera ménos sangrienta, menos porfiada?

No es mi ánimo lanzarme en el vasto e ilimitado campo de las presunciones; quiero concretarme a los sucesos realizados i a sus consecuencias.

Pedro de Valdivia, allá por el año de 1553, tenia ocupados ochocientos indios en sacarle oro de unos lavaderos mui ricos que se habian descubierto cerca de Concepcion.

Cierto dia le trajeron una batea grande i honda llena del precioso i codiciado metal, que habia sido estraído en mui pocos dias.

-"Desde ahora, esclamó Valdivia al verlo, comienzo a ser señor.”

Nunca habia estado mas próximo a su ruina.

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