Imágenes de páginas
PDF
EPUB

cálculos formados en la ciudad de Santiago i de la Concepcion por algunos curiosos, correspondian a cada varon mas de diez mujeres, pensó que en todo el reino no dejarian de corresponder cinco mujeres por hombre, i por esto reguló todo el vecindario en seiscientas mil almas. Mas siendo excesivo este número en sentir de los graves ministros que componen la junta de poblaciones en la capital de Santiago, es de creer tendrian presente el número de las mujeres, i así no debe ser atendido en este punto el autor de los dichos dos proyectos" (1).

Por lo demas, don Joaquin de Villarreal reconocia en 1752 que "era empresa propia de los piadosos desvelos del rei el contener i sujetar a unos indios nunca tan formidables, como en el siglo presente (el XVIII)"; porque "con justa razon se deberia temer la triste noticia de la desolacion total de aquel reino, si prontamente no se ocurriese al inminente riesgo que le amenaza" (2).

¡Por tan formidables habian llegado a ser tenidos los araucanos aun en la misma España!

Viil

Algunos años ántes de que clon Joaquin de Villarreal hubiera evacuado el informe de que he estractado los pasajes que se han leído, ya el rei, por cédula espedida en 5 de abril de 1744, habia autorizado a su presidente de Chile para que procediendo de acuerdo con varias juntas que organizaba, tratase de fundar las poblaciones que indicaban los dos planes, i dictase las otras medidas

(1) Villarreal, Informe a Fernando VI, números 14, 15 i 16.

(2) Villarreal, Informe a Fernando VI, introduccion.

que estimase conducentes a reunir los españoles i los indios que vivian dispersos i apartados unos de otros.

Para conseguir este objeto, el monarca se mostraba pródigo de mercedes i de privilejios, con tal que no gravaran su real erario.

Entre otras cosas, concedia el título de rejidores de las nuevas poblaciones a los primeros españoles que se avecindaran en ellas; i el privilejio de nobleza, a los que ayudasen con sus bienes, ganados o trabajo.

Ordenaba que a los indios que consintieran en reducirse a poblaciones, se les eximiera de la mita, del servicio personal, i del pago de tributos, tratándolos en todo esto como a los españoles.

Mandaba que a los caciques que formasen un pueblo, se les diesen porciones o lotes de terreno como a dos o tres vecinos; i que a los que mas se esforzasen, se les declarasen distinciones honrosas, como el uso de una medalla de oro o plata, o el privilejio de nobleza, o algo parecido.

Aun ántes de recibir esta cédula, el presidente de Chile don José de Manso habia procedido a fundar diez poblaciones, a saber: San Francisco de la Selva en el correjimiento de Copiapó; San Martin en el de Quillota; San F.elipe el Real en el de Aconcagua; San José de Logroño en el de Melipi11a; Santa Cruz de Triana en el de Rancagua; San Fernando de Tinguiririca en el de Colchagua; San José de Buena Vista (Curicó), San Agustii n de Talca i Nuestra Señora de las Mercedes (Cauquénes) en el del Maule.

Todas estas poblaciones habian sido erijidas desde sus cimientos por el presidente Manso, ménos la de San Martin de Quillota que habia sido fundada en 1717 por el presidente don José de Santiago Concha, bien que habia prosperado mui poco.

El rei decretó la venta de seis títulos de Castilla, . cuyo producto debia emplearse en los gastos que demandase la fundacion de las nuevas poblaciones de Chile.

Don José de Manso vendió estos títulos en Lima a veinte mil pesos cada uno, lo que le permitió reunir una suma de ciento veinte mil pesos.

El rei habia ordenado que "para incentivo del mayor adelantamiento de las poblaciones" se diesen al presidente-gobernador por cada una de las que formase cuatro mil pesos, sacados de lo que produjese la venta de los seis títulos de Castilla; pero Manso devolvió al monarca los cuarenta mil pesos que correspondian al fundador de las diez poblaciones mencionadas, porque dijo "que al recibo de los reales despachos, se hallaban formalmente establecidas diez, i que aquel caudal era aplicado a lo que habia de trabajarse, i no a lo ya ejecutado".

Manso entregó los ochenta mil pesos restantes a la junta de poblaciones para que los invirtiese en la mejora de ellas (1).

El presidente Manso echó todavía en la estancia del Rei los cimientos de una poblacion denominada los Anjeles.

Para recompensarle tan eminentes servicios, fué mui poco despues promovido al alto cargo de virrei del Perú, habiéndole el soberano manifestado cuánto le habia complacido su celo por la formacion de poblaciones en Chile.

(1) Real Cédula, fecha en Buen Retiro a 29 de julio de 1749.

IX.

Don Domingo Ortiz de Rosas, sucesor de Manso en la presidencia de este país, alentado por las marcadas muestras de aprobacion con que el gobierno de Madrid fomentaba el pensamiento de erijir nuevas villas, tomó el asunto con estraordinario empeño, estimulando la fundacion de cuantas podia.

El presidente Manso habia tenido mui buen cuidado de delinear las que llevó a cabo, en terrenos, o bien vacuos, o que le eran cedidos voluntariamente por sus dueños.

Gracias a este modo de proceder, obtuvo solo aplausos.

Pero Ortiz de Rosas fué acusado de no tener reparo en espropiar las tierras de los particulares para establecer nuevas villas.

Esta conducta le suscitó mui pronto una fuerte oposicion en el poderoso gremio de los hacendados, quienes en 20 de agosto de 1755 elevaron al soberano un largo memorial para esponerle sus quejas contra el presidente de Chile.

"No podemos, Señor, espresar la turbacion de todo el reino, decian, con el motivo de esta numerosa multiplicacion de villas. No solo se pierde la hacienda elejida, sino tambien las inmediatas. No tienen las haciendas otros frutos considerables, que los ganados, cuyos cebos i pieles se comercian a Lima i el Perú. Para conservarlos contra los ladrones, se solicitan sitios defendidos de altos montes o crecidos rios, o de industria se hacen cercas de costosos estacones. Dedicada cualquiera hacienda de éstas a una villa, se imposibilita la cria i subsistencia de ganados, en medio de una comunidad que por el fin de congregarse i falta de medios, se han de valer de los ganados para vivir. Piérdense igualmente las haciendas vecinas, porque la misma servidumbre del camino les facilita el hurto, no pudiéndose negar el paso, estando la que se supone villa en el centro.

"Por todas partes, sentimos las consecuencias de tan repetidas poblaciones. Carecen todas las haciendas de sirvientes, i así todos nos reducirémos a la misma miseria, porque los que ántes se sujetaban a algun trabajo en las haciendas, se han hecho pobladores, queriendo vivir mejor en las tierras propias, que en las ajenas, i los pocos que subsisten en el ministerio de las haciendas es siempre con el amago de que pueden hacer suya la hacienda con ofrecerse a poblarla. Anima su pensamiento ver siempre propensos a él al correjidor i al cura; el primero, porque influye con la poblacion al mérito del capitan jeneral, de quien pende; el segundo, porque en cualquiera villa por su estado i ministerio, se le asigna el mejor sitio para casa, i el mas fértil i estenso para chacra, i no es mucho no se detenga en los inconvenientes de la villa, cuando solo su informe le hace dueño de una posesion".

Los hacendados esponian mui estensamente los numerosos inconvenientes que resultaban de la espropiacion de sus haciendas para villas i caminos.

El rei, por cédula de 18 de octubre de 1660, se limitó a ordenar a don Manuel de Amat i Junient, sucesor de Ortiz de Rosas, que manejara el asunto con prudencia, i procurara remediar los perjuicios que se denunciaban.

Entre tanto, aquellas villas, tan maldecidas por los hacendados, habian valido a su fundador el título de conde de Poblaciones.

« AnteriorContinuar »