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· Precisamente por aquellos dias comenzaba el formidable alzamiento de Arauco.

Desde luego se esparció por los fuertes i encomiendas una noticia vaga i trasmitida por lo bajo de la insurreccion que se estaba tramando entre los indíjenas.

Los medios que algunos españoles emplearon para descubrir la verdad pueden dar a conocer la manera brutal con que estaban acostumbrados a tratar a los naturales.

El gobernador del fuerte de Puren, Sancho de Coronas, hizo acostar desnudos a ocho caciques sobre brasas derramadas por el suelo, intimándoles primero que moririan en aquel lecho de dolor si no revelaban lo que sabian.

Pero los indios de esta tierra, dice un cronista, "son tan hombres en sus cosas," que aquellos caciques lo soportaron todo antes que declarar una sola palabra.

El encomendero don Francisco Ponce de Leon, para conseguir igual objeto, ató de piés i manos a un indio de su repartimiento, i le hizo asperjar con un hišopo empapado en manteca hirviendo; pero tampoco logró su intento, porque el indio prefirió morir en aquel espantoso tormento, antes que responder a lo que se le preguntaba.

Es de todos conocido cuál fué el resultado de esta insurreccion, famosa en nuestros anales.

El gobernador Valdivia fué vencido i muerto con todos los españoles que le acompañaban.

Segun una de las versiones que corrieron, los araucanos triunfantes presentaron a su ilustre prisionero una olla de oro fundido, i se lo echaron por fuerza en la boca, diciéndole: "Hártate de este metal, de que te has mostrado tan sediento”.

Sea verdadera o falsa esta version, de todos modos suministra un símbolo poético i espresivo de la codicia que impulsaba a los españoles, i del castigo que por ella recibió su caudillo en Chile (1).

Así comenzó la larga i tenaz guerra entre los españoles i los araucanos, que constituye el acontecimiento culminante de la historia colonial de Chile, i que aun no ha concluido.

El teson inquebrantable de aquel pueblo idólatra de su libertad para rechazar al invasor estranjero mantuvo por muchos años, por siglos aun, la dominacion española en nuestro país bajo la amenaza de un peligro permanente i mui serio.

Aquella porcion de bárbaros, poco considerable i desprovista de recursos, ofreció durante toda la época colonial un bello ejemplo de lo que puede hacerse en favor de la independencia nacional.

Su conducta, aplaudida por el mundo, sirvió de modelo al principio de este siglo, a los chilenos descendientes de los españoles, para alentarse en la lucha contra la metrópoli.

Las encomiendas i el servicio personal eran lo que habia producido el alzamiento de Arauco i la muerte desastrosa de Valdivia.

A pesar de todo, los españoles, en vez de escarmentar, perseveraron por el contrario en el mismo sistema respecto de los indíjenas.

Precisamente, Francisco de Villagra, quien sucedió como gobernador interino a Valdivia despues de varias turbulencias i disensiones intestinas, repartió, a fin de ganar prosélitos i de reunir

(1) Mariño de Lovera, Crónica del Reino de Chile, libro 1.o, capítulos 11, 13, 19, 21, 23, 34, 36, 41 i 42, i libro 2, capítulo 27.

jente contra los rebelados araucanos, cuantas encomiendas habia dejado vacantes su antecesor en la rejion austral, ya fuera que las hubiese reservado para sí, ya fuera que hubiera querido hacerlas servir de aliciente para que viniesen del Perú o de España personas que le ausiliasen.

De esta manera, Villagra distribuyó mas de seiscientes mil indios, "en que habia paño, segun un contemporáneo, para satisfacer a doscientos vecinos” (1).

¿Dónde estaban aquellos seiscientos mil indios? En Arauco. Estaban alzados, i ademas victoriosos.

Pero eso importaba poco para los españoles que consideraban aquella insurreccion como cosa de poco momento; i que si los recibian, era para ir a sujetarlos, i a castigarlos, i a hacerlos trabajar, especialmente en los lavaderos.

El levantamiento de Arauco tenia por causa conocida el sistema de las encomiendas; pero sin embargo, para sosegarlo, se creaban otras nuevas.

¡Tan profundo era el desprecio que los indíjenas inspiraban a los conquistadores!

Pero mientras tanto, los araucanos tenian cercadas las ciudades de Valdivia, Villarrica i la Imperial; habian arrasado las de Angol i Concepcion; i habian osado marchar contra Santiago, llegando hasta las riberas del Mataquito, a las órdenes del intrépido Lautaro, a quien Francisco de Villagra tuvo la buena fortuna de arrebatar la victoria i la vida, salvando así de un ataque terrible la primera ciudad del reino.

(1) Gongora Marmolejo, Historia de Chile, capítulos 18 i 19.-Mariño de Lovera, Crónica del reino de Chile, libro 1.o, capítulo 50.

VI.

En este estado se hallaban los negocios de Chile, cuando el año de 1557, Villagra fué reemplazado por don García Hurtado de Mendoza, quien, aunque mui jóven, poseia toda la prudencia de un hombre esperimentado.

Uno de los primeros cuidados del nuevo gobernador fué procurar poner remedio a los abusos de los encomenderos, dictando, apenas llegado a la Serena, ordenanzas por las cuales mandaba que el encomendero se valiese tan solo de la sesta parte de los indios de su encomienda para labrar las minas, i que ésta fuese de varones desde diez i ocho a cincuenta años; que del oro que le sacase se diese al indio la sesta parte como en retribucion de su mismo tributo, i que esto se repartiese el sábado; que se pusiesen en las minas hombres de buena intencion por alcaldes, que no permitiesen las molestias i malos tratamientos de los indios; que los bastimentos para los obreros no se llevasen como hasta allí en hombros de mujeres, sino en bestias a costa del vecino; que se diese a cualquier indio cada dia comida bastante i carne los tres dias de la semana; tambien alguna ropa a cuenta de lo que le habia de tocar; que los encomenderos se abstuviesen de pedir a los indios otra cualquier cosa, sabiendo que no tienen por caudal sino su trabajo; que en los pleitos de los súbditos se interpusiese el amo como juez sin usurparles la cosa sobre que tuviesen diferencia; que cuidasen particularmente en domesticar i enseñar los indios con caricias, no con rigor; que por ningun caso les hiciesen trabajar domingos i fiestas, antes procurasen que no perdiesen la misa i otros ejercicios cristianos los que fuesen” (1).

Pero si don García Hurtado de Mendoza, fiel en esto al espíritu del gobierno español, se esforzó por suavizar la servidumbre de los desventurados indíjenas, estuvo mui lejos de pensar en suprimir las encomiendas, que era el medio imajinado para realizar i consolidar la conquista. .

Por el contrario, continuó el plan seguido por sus antecesores en el reino de Chile, i por todos los conquistadores de América, de premiar con repartimientos de indios los servicios de los que le ayudaron a vencer la insurreccion i a pacificar el

país.

Al efecto, nombró una comision compuesta de cuatro individuos de esperiencia i antigüedad en el reino i de buena fama i conciencia para que le informasen acerca de los mas acreedores a sus favores, i le ayudasen en la distribucion.

Ordenó con el mismo objeto que todos los que se considerasen con méritos para ser remunerados le elevasen memoriales en que los hicieran valer.

En las nuevas mercedes que hizo, no respetó las que habian hecho sus antecesores, particularmente Francisco de Villagra, el cual, a lo que Hurtado de Mendoza creia, no habia estado autorizado para dar encomiendas.

En sus concesiones, don García dió la preferencia a los que habian venido acompañándole del Perú sobre los que ya estaban en Chile, a pesar de que algunos de los últimos habian servido tanto como lo primeros, o mas que ellos.

(1) Suárez de Figueroa, Hechos de don García Hurtado de Mendoza, libro 1.0

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