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república, segun en esta parte lo advierte el predicho ministro a consecuencia de haber este gobierno hecho efectiva la misma providencia el año próximo pasado con algunos colejiales de los que existian en esta capital, poniéndolos a cargo de maestros artistas de mejor nota, i asistiéndoles por el tiempo regular que pueden tardar en llegar a saber medianamente el respectivo oficio que elijieren, i ganar en él su jornal, con dos reales diarios para su mantencion, del ramo de temporalidades de jesuitas; pero observando la cautela de estorbarles que se dediquen al de herreros, plateros i semejantes que de cualquier modo conduzcan parà construir o habilitar armas blancas, de fuego, u otras piezas de uso de guerra i de manejo de caballerías, a fin de que nunca llegue el caso de que por su medio se introduzca en la tierra de los infieles la intelijencia de estas fábricas”. .. Desde el principio, habia habido la idea de que era mas económico i mas conveniente establecer el colejio de naturales, no en Santiago, sino en Chillan, donde primitivamente habia estado, poniéndolo a cargo de los misioneros franciscanos, que poseian el idioma araucano, i que "por medio de los padres de su mismo convento que residian en las diversas misiones situadas en los cantones de infieles, podian atraer para el colejio a los jóvenes de mejores esperanzas, i asegurar el contentamiento de sus parientes”.

El presidente Benavídes declaraba que él participaba de esta opinion.

En efecto, habiéndose vencido varias dificultades que habia para esta traslacion, el presidente Benavídes hizo salir para Chillan los diež únicos jóvenes araucanos que a la sazon se estaban educando en el colejio de San Pablo.

"Por aviso del padre guardian de los padres recoletos misioneros franciscanos de Chillan, informaba el presidente Benavídes al soberano en carta de 10 de febrero de 1787, tuve la noticia satisfactoria de haber llegado los colejiales araucanos enviados de esta capital el dia 3 de noviembre último en que tomaron posesion de su nuevo colejio, i que se mantenian mui contentos i bien hallados por la dulzura i agasajos con que los recibió toda la comunidad, segun ellos mismos me lo informaron tambien, dándome gracias por el beneficio i mejoras que recibian por su traslacion, confesándolo abiertamente, sin duda para desdecir las repugnancias i embarazos que a influjos estraños e interesables pusieron antes de su partida, suplicándome ahora de cuenta al rei, i que pida en nombre de ellos la real aprobacion de estas providencias”.

La condicion del colejio de naturales no mejoró con su traslacion a Chillan.

La direccion de este establecimiento solo sirvió para proporcionar asunto de interminables competencias al rector i al guardian de los recoletos franciscanos del convento de propaganda.

“Despues de seis años de fundacion, decia al intendente de Concepcion el presidente don Ambrosio O'Higgins en nota de 18 de marzo de 1791, el seminario de naturales aun está ofreciendo dudas sobre su constitucion i gobierno, i lo que mas es, sobre su local situacion".

Despues de mencionar algunas de las pueriles controversias sobre el particular en que los recoletos se habian enredado unos con otros, O'Higgins agregaba indignado: "En esto verá V. S. talvez por la primera vez, pero que seguramente no será la última, que en América dan menos que hacer los naturales de estos dominios, que aquellos mismos que son destinados para ayudar en la administracion i gobierno de estos países”.

"Todas estas disputas, añadia mas adelante, son impertinencias que habrian evitado cualesquiera otros que no fuesen los frailes, que siempre quieren que todo haya de gobernarse a su modo i por sus reglas”.

A pesar de las medidas que dictó O'Higgins, el colejio de Chillan debió seguir pésimamente dirijido.

Lo cierto fué que no produjo frutos, i que se estinguió sin que se notara su falta.

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He mencionado cronolójica i minuciosamente las diversas i multiplicadas providencias que fué dictando la metrópoli para protejer la libertad de los indios, i cómo i cuán escandalosamente fueron siempre desobedecidas.

La completa ineficacia de tantos esfuerzos inspiró a los consejeros del rei la idea de que era imposible remediar el mal, miéntras no se aboliesen las encomiendas, o en otros términos, segun el lenguaje de la época, mientras no se incorporasen a la corona. Una triste i larga esperiencia habia manifestado demasiado que la conservacion de las encomiendas i la abolicion del servicio personal eran cosas incompatibles.

Ya en 12 de julio de 1720, se" habia prevenido por una real cédula, comunicada tambien a Chile, que todas las encomiendas que vacasen en los dis. tritos del Perú por muerte de los actuales posedores se incorporasen a la corona, corriendo la recaudacion de los tributos por cuenta de los oficiales reales. En aquella cédula, se reconocia haber sido poco o ninguno el fruto que habia producido el premio de las encomiendas concedido a los conquistadores, pues, sin embargo de haber sido grande el beneficio que habian sacado de ellas, no las atendian como era debido, hasta el estremo de que el gobierno era el que hacía todos los gastos para dar a los indios el pasto espiritual.

Otra cédula, espedida en 31 de agosto de 1721, renovó la disposicion de la de 12 de julio del año anterior, fundándose en los mismos antecedentes.

Habiéndose publicado por bando en Chile esta real determinacion, la ciudad de Santiago representó al monarca que eran imponderables los inconvenientes que resultaban de la estincion de las encomiendas, entre los cuales enumeraba: el deservicio de ambas Majestades, la destruccion de los indios, el atraso en la recaudacion de tributos.

Remitida a España esta solicitud, Luis I, hijo de Felipe V, decidió en vista de ella por una cédula datada en el Buen Retiro a 4 de julio de 1724, que las encomiendas que vacasen en Chile, debian, no incorporarse a la corona, sino concederse a personas beneméritas i descendientes de los primeros conquistadores, de la misma manera que se efectuaba ántes de espedirse la cédula de 12 de julio de 1720.

La autorizada palabra del presidente don Ambrosio O'Higgins será la que continúe haciendo al lector la historia de las encomiendas.

O'Higgins se dirije al rei.

"Señor. Cumpliendo con lo que ofrecí a Vues. tra Majestad en carta de 9 de setiembre del año pasado acerca de la visita de este reino, que tenia ya entonces resuelto practicar, salí de su capital de Santiago el 21 del mes siguiente; i marchando por la ceja de la cordillera en reconocimiento de los minerales i asientos de Petorca, Pupío, Illapel i Combarbalá, llegué a la ciudad de Coquimbo; i tomando allí un barco, que encontré anclado en su puerto, me trasladé con toda mi comitiva al de la Caldera, del partido de Copiapó, término de esta jurisdiccion, i que por la parte septentrional se divide del virreinato del Perú. Empezando aquí propiamente mi visita, reconocí aquel distrito, i tomé conocimiento de todas las partes i ramos diferentes de que resulta su actual constitucion i gobierno para aplicar sobre cada una de ellas el remedio que me pareció oportuno. Lo mismo he practicado en los del Guasco, Coquimbo, Cuscus i el de Quillota, por cuyos distritos transitando hasta ponerme en estas inmediaciones de Valparaíso, en donde actualmente me hallo, tengo el honor de noticiarlo a Vuestra Majestad, no para hacer un detalle circunstanciado de mis operaciones en esta dilatada carrera, sino para adelantar la idea de un incidente cuya naturaleza le hace digno de ocupar el primer lugar en la atencion de Vuestra Majes

tad.

“Este es el de las encomiendas de este reino que abolidas jeneralmente por real cédula de 31 de agosto de 1721, i restablecidas por otras posteriores, hacian há mucho tiempo en mi imajinacion un motivo de compasion tan digno de remedio, como útil e interesante al servicio de Vuestra Majestad i gloria de su nombre en estos remotos dominios. Siendo éstas pertenecientes a vecinos de la ciudad de Coquimbo, i estando situadas en su distrito, segun las noticias que tomé sobre este particular antes de mi salida para esta visita, tuve mucho cuidado de instruirme acerca de este interesante asunto, luego que, regresando de Copiapó

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