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NOV 12 1936

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MEMORIA

DEL

MINISTRO DE RELACIONES ESTERIORES

SEÑORES SENADORES Y DIPUTADOS:

Al dar cuenta del estado de nuestras relaciones esteriores, tengo la satisfaccion de anunciar al Honorable Congreso que la Con. federacion Argentina continúa en paz con todas las naciones. El principal anhelo del Gobierno ha sido mantener esa paz y dar en. sanche á los intereses que en ella se radican. Si acaso no se han recojido aun, en toda su plenitud, los beneficios de una politica que se apoya en la liberalidad de los principios que nos rigen, debe alimentarse la esperanza de que su desarrollo progresivo,dará los resultados mas felices para la prosperidad de la Nacion.

Despues de lo que se espresó en la última memoria de este De. partamento, nuestras relaciones con el Imperio del Brasil no han sufri. do ninguna alteracion fundamental. Sin embargo, en las últimas di. sidencias de la República Argentina, los principios que sirvieron de base a los tratados de 12 de Octubre de 1851 y 7 de Marzo de 1856, no han tenido por parte del Brasil, sensible es decirlo, una aplicacion capaz de demostrar prácticamente su eficacia. El Gobierno de la Confederacion colocado en el terreno de la ley y del derecho, reclamó en vano, en nombre de las obligaciones contraídas y de los deberes internacionales, el cumplimiento de las cláusulas que en los tratados existentes eran favorables à la causa que defendia y á los intereses de los neutros. Estrasjas vacilaciones de la política hi. cieron que mientras en la corte del Janeiro se reconocía haber viola do Buenos Aires en el hecho de la ocupacion de la Isla de Martin

Garcia, el principio que en los pactos citados garante la libre navegacion del Plata y sus afluentes, la diplomacia brasilera, no solo no reclamase eficazmente de aquella violacion, sino que, usando de un proceder inesplicable, llegò hasta el punto de interponer su influencia en el Estado Oriental, para que en un momento supremo, se hiciese salir de allí a la escuadra Argentina, á medio armar, cuando la de Buenos Aires entonces mejor aparejada, la esperaba apercibida al combate.

Entretanto, el Gobierno de la Confederacion que conservaba un agente en el Brasil, no cesó un punto de instar por la ejecucion de los tratados. Antes de eso, insinuaciones repetidas le llevaron á procurar una ampliacion de las estipulaciones existentes en que, tomando ingerencia la República Oriental, se asegurasen y se confirmasen los derechos de las partes contratantes, en provecho de cada una de ellas y en beneficio comun. Pero el resultado no correspondid á lo que debía esperarse ante la solucion, entonces todavía dudosa, de cuestiones ardientes.

Subsecuentemente, circunstancias especiales han impedido al Gobierno el considerar el tratado firmado en Rio Janeiro en Setiembre de 1857 y que acaba de anularse por el rechazo que ha sufrido en las Cámaras del Estado Oriental. Los de 14 de Diciembre de 1857 sobre límites y sobre estradicion, se hallan en suspenso por no haberse canjeado las ratificaciones.

Debo aqui mencionar la interposicion amistosa ofrecida en nom. bre del Imperio por el Sr. Joaquin Tomas do Amaral, en su carácter diplomático, para facilitar un arreglo de las diferencias pendientes entre la Confederacion y Buenos Aires, cuando el ejército nacional sitiaba esa ciudad. La conducta observada en este caso por el ilustre ex-Presidente de la Confederacion, se halla suficientemente esplicada por

las circunstaucias y los antecedentes que influyeron en su resolucion. Apesar de los

graves motivos

que

el Gobierno Argentino ha tenido para observar una prudente reserva, sus sentimientos de benevolencia hácia el Imperio no han cambiado. Asi lo han mani festado repetidas ocasiones al representante del Brasil cerca de la Confederacion, quien se ha ausentado con permiso de su Gobierno, y asì tambien lo ha hecho presente el ex-Secretario encargado de la Legacion Argentina en Rio Janeiro, D. Marcos A. de Arredondo, antes de retirarse de esa Corte, despues de haber llenado dignamente Jos objetos encomendados a su celo. [Anexo A. B. C.]

La República Oriental del Uruguay, fiel á las tradiciones de su historia y de acuerdo con los intereses mas importantes de estas regiones, sigue siempre en la mejor armonia con la Confederacion. Las nuevas administraciones de ambos paises han comprendido, como las anteriores, la mútua conveniencia de estrechar los lazos de una amistad fundada en tantos titulos respetables y antiguos.

Durante la última guerra con la Provincia de Buenos Aires, las simpatias del Gobierno Oriental por la causa que sostenía la Confederacion, han sido francas y leales. La situacion complicada de los negocios en esa época, hicieron necesario el envío de una mision especial, confiada á la capacidad de uno de nuestros mas hábiles es. tadistas, y que habiendo llenado cumplidamente los objetos à que fuè destinada, contribuyó del modo mas eficaz á la organizacion definitiva y al triunfo de nuestra Escuadra en el pasaje de Martin Gar.

cia.

. Despues de hecha la paz con Buenos Aires y habiendo quedado en armas en esa Provincia los emigrados Orientales alistados en su ejército, el Gobierno Oriental reclamò con repeticion, que visto el cambio que habian traído los sucesos en la República Argentina, se desarmase é internase á aquellos emigrados, cuya actitud con respecto al Estado vecino, tenia un caràcter alarmante y peligroso. . El Gobierno Nacional no vacilo en acceder, en la parte que le correspondía, á una solicitud reiterada á que parecía dársele la mayor importancia, si bien al poco tiempo de haberse presentado, apareciese un proyecto del Gobierno reclamante, amnistiando á los mismos emigrados contra quienes acababa de representar de una mane. ra tan urgente. Por el Ministerio del Interior, se ofició al Gobierno de Buenos Aires en el sentido indicado, y si en aquella Provincia no se ha hecho todo lo que era conforme con los deberes de buena vecindad, al menos la Confederacion, ha dado mas testimonio de sus vivos deseos porque se conserven el orden y la tranquilidad del Estado Oriental. (Anexo D. E.)

La República del Paraguay ha estrechado en estos últimos tiempos su amistad con la Confederacion, por actos de recíproca benevolencia, consultándose por acubos países con elevacion y lealtad, los intereses positivos de su tranquilidad, de su progreso y de su por. venir.

Cuando la Confederacion Argentina luchaba aun, ya declarada la guerra, con las dificultades de una situacion tan violenta, acreditó cerca del Paraguay un Ajente diplomático encargado de una mision de circunstancias. Cambiada la situacion de las cosas, el Gobierno Paraguayo ofreció su mediacion, que fué aceptada en la cuestion con Buenos Aires. Nadie ignora el éxito completo de ese paso que ha ejercido tan benéfica influencia en la terminacion de una deplorable contienda.

El Sr. General Lopez, representante del Paraguay en las nego. ciaciones que dieron por resultado el pacto de 11 de Noviembre, puso el sello á sus nobles procedimientos prestando á aquellos ajustes la garantía del Paraguay: que despues ha sido sancionada por su propio Gobierno.

El de la República de Chile con el cual el Gobierno de la Con. federacion conserva siempre la mas cordial inteligencia, desembarazado de la crisis revolucionaria que absorvia su atencion, ha atendido las jestiones de nuestro Encargado de Negocios, conforme á la reso. lucion del Congreso de 10 de Setiembre de 1858, para que estable. ciese un consulado Chileno en San Juan, que evitase al comercio de la Provincia los perjuicios que le resultaban de su falta, á llevarse á efecto, como en realidad se ha hecho, lo estipulado en el art. XIII del Tratado de 1855.

Antes de esa determinacion, el Gobierno de San Juan, toman. do en cuenta los reclamos de respetables comerciantes, nombró provisoriamente una comision que, haciendo las veces del Cónsul de Chile, interviniese en el despacho de las mercaderias depositadas en aduana y espidiese los documentos necesarios para la cancelacion de las fianzas, de las que en la Aduana de Valparaiso habian sido despachadas en tránsito, con direccion á la República Argentina.

La comision citada creyó deber cobrar durante estuvo en ejerci. cio, los emolumentos que segun el Cónsul Chileno que la sustituyo, corresponden esclusivamente á su consulado, agregando que en su cobranza se había ido mas lejos de lo que le permitían sus propias instrucciones.

Informado el Gobierno de este incidente, que ha dado orijen á algunas contestaciones entre el Cónsul y el Gobierno de San Juan, ha tratado de evitar por medio de una resolucion equitativa, las consecuencias perjudiciales que pudiera tener ese asunto para los negociantes complicados en él.

En Mendoza han surjido asimismo algunas dificultades con el

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