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La derrota de Rancagua le trastornó, sin embargo, por completo.

Elocuente prueba de ello ofrece el artículo que va a leerse, publicado en la Gaceta del Gobierno de Chile, de 26 de marzo de 1816.

«Don José Antonio Valdes i Huidobro, capitan de milicias del rejimiento del Príncipe, se presentó a esta superioridad abjurando el sistema insurjente, que durante la revolucion de este reino siguió, ofreciendo rendir su vida en obsequio del soberano, bajo las mas solemnes protestas que con juramento ha ratificado; i, decidido el jefe a dar prueba de su benignidad i paternal amor, a nombre del soberano, ha puesto el decreto siguiente:

»E1 gobierno, que benigno oye los sentidos ecos del arrepentimiento, no puede despreciar los que el suplicante manifiesta, si vienen revestidos de la sinceridad con que se escriben. Ellos, si fueron dignos de escucharse, no pueden dejarse al olvido, i deben trascribirse a la posteridad. Sea ésta el fiel testigo que en alegres dias recuerde a la descendencia de don José Antonio de Valdes que, si tuvo valor para ofender al soberano, ha tenido honor para confesarlo arrepentido, i en lágrimas detestarlo. No le sirva de confusion el haber sido ayer delincuente cuando hoi publica el engaño en su prostitucion. Vuelva al seno de los fieles quien vivió de ellos separado, i aumente con su virtud la constancia que los distingue. Goce a nombre del soberano un indulto a que se ha hecho acreedor, i su injenua confesion sea un eterno testimonio de las bondades que caracterizan a los jefes que las admiten. Bórrese la nota que dejaba a su familia si con heroicidad publica la debilidad del sistema que sostuvo, el que, si incauto admitió, ya bajo de juramento detesta. Sirva con empeño a aquél contra quien se ejercitó. Trascríbase a los libros de cabildo el documento en que lo patentiza; i para su mayor satisfaccion infórmese en la Gaceta del Gobierno, sirviendo de estímulo a los perversos i de satisfaccion a los buenos».

> Santiago, 22 de marzo de 1816.

Marcó del Pont.-»

No fué éste por cierto el único acto de palinodia que presenciaron aquellos dias.

El triunfo de las armas del rei parecia que iba a ser eterno.

Mui pocos de los favorecidos de la fortuna soportaron entónces con resignacion el destierro o el cautiverio.

La mayoría de los ricos volvió a doblar la cerviz, con el objeto de conservar sus propiedades i sus talegos.

Don José Antonio Valdes i Huidobro formó parte del último cabildo realista de Santiago.

En vísperas de la victoria de Chacabuco, la Gaceta del Gobierno, en su número de 11 de febrero de 1817, dió a luz un acta, firmada por los mas conspicuos representantes de la alta sociedad de Santiago, en la cual éstos rindieron público homenaje a la majestad de Fernando VII i ofrecieron sacrificar hacienda i vida en defensa de la causa realista.

Esta acta, cuya primera firma es la del marques de Casa Real, se hallaba tambien suscrita por sus sobrinos don José Antonio i don Francisco de Borja Valdes i Huidobro.

Nada tiene, pues, de estraño, que los patriotas victoriosos contra el ejército de Maroto no respetaran al cortesano de Marcó del Pont.

El primer alojamiento de San Martin en Santiago, donde limpió sus botas polvorientas despues de Chacabuco, fué la casa del mayorazgo Valdes (1).

Aunque don José Antonio se hallaba mui léjos de ser un hombre político, fué elejido diputado por Rancagua al Congreso de 1828, i su firma se lee al pié de la Constitucion de aquel año.

Don José Antonio Valdes i Huidobro fué sepultado en el Cementerio Jeneral a 17 de enero de 1839.

Su hijo mayor, don José Agustin Valdes i Saravia, esvinculó las propiedades del mayorazgo con fecha 25 de noviembre de 1854, imponiendo sobre ellas un capital a censo de 442,052 pesos i 7 i medio reales, al cuatro por ciento anual.

(1) Zap1ola, Recuerdos de treinta años, Santiago, 1902, pajina 56.

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