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i.° Un crucifijo de bronce, con peana de plata.

Una imájen de Jesucristo, pintada al óleo, con marco de plata.

3.0 Una imájen de la Vírjen del Rosario, pintada tambien al óleo.

4.0 Un sello, o escudo de armas, vaciado en plata, con su cubo de marfil.

5.0 Seis mil cabezas de ganado vacuno (1), doscientas ovejas, setenta muías, setenta caballos, i cincuenta yeguas con sus respectivos padres, existentes en la hacienda de Puangue.

6.° Mil quinientas cabezas de ganado menor, que se hallaban en la chacra.

7.0 Ochocientas cabezas de ganado vacuno, de un potrero adyacente a la anterior propiedad, el cual tambien habia sido espresamente vinculado.

Fueron llamados al goce del mayorazgo, despues de los dias de los fundadores, las personas que a continuacion se enumeran, en este órden:

1.° Don Pedro José Prado i Jaraquemada.

2." Su hijo don José Miguel Prado i Sotta i los descendientes lejítimos de este último.

3.° Don Antonio Domingo Prado i Sotta i sus descendientes.

4.0 Doña Antonia Prado i Sotta i los suyos.

5.0 La descendencia lejítima de doña María Mercedes Prado i Sotta, la de doña Javiera Prado i Sotta i la de doña Micaela Prado i Jaraquemada.

Entre otros deberes, se imponia a los poseedores del

(1) Posteriormente, en su testamento, don José Miguel redujo este número a cuatro mil cabezas.

vínculo el de llevar por primero el apellido de Prado, i las armas de la familia; el de mandar decir doscientas misas al año por el alma de los fundadores, de sus descendientes i de todos aquellos respecto de quienes tuvieran obligacion; i el de costear anualmente una serie de ejercicios espirituales, destinados con preferencia a cincuenta campesinos de eleccion del mayorazgo.

Como ántes se ha leido, don José Miguel de Prado i Covarrúbias se casó en terceras nupcias con una hermana de padre i madre del célebre patriota de 1810 don José Antonio de Rojas, i de esta union sobrevivió un solo hijo.

En su testamento, otorgado ante Tadeo Gómez de Silva en 21 de febrero de 1795, don José Miguel recomendó especialmente al mayorazgo protejiera a este último vástago, i a su madre.

Don José Miguel falleció pocos dias despues, i fué sepultado con fecha 3 de marzo en la iglesia de Santo Domingo (1).

VIII

Don José Miguel de Prado i Covarrúbias desempeñó las funciones de alcalde ordinario de Santiago en tres ocasiones: en 1765, con don Pedro Fernández de Palazuelos; en 1769, con don Pedro de la Sotta i Aguila; i en 1772, con don Mariano de Zavalla.

El hecho de haber sido elejido por tres veces para tan alto cargo manifiesta que don José Miguel gozaba de prestijio entre sus compatriotas.

(1) Archivo parroquial del Sagrario.

Es indudable, por lo demás, que habia contribuido a darle popularidad su conducta enérjica i pundonorosa en circunstancias en que se debatia la eterna cuestion de privilejios entre criollos i peninsulares.

En 1765 habia sido nombrado alcalde de vecinos, o sea de encomenderos, don Alonso de Covarrúbias, a quien, por lo tanto, correspondia el primer lugar; i alcalde de moradores, o bien, de segundo voto, don José Miguel de Prado.

Por renuncia de Covarrúbias, el presidente Guill i Gonzaga nombró a un español europeo, a don Pedro Fernández de Palazuelos, para que le reemplazara como alcalde de primer voto.

Tal habia sido la causa de una ajitada competencia entre don José Miguel de Prado, i Fernández de Palazuelos.

El primero se negó a reconocer la superioridad del segundo, fundado en que solo era alcalde interino; i el segundo defendió su preeminencia con el apoyo del decreto presidencial.

Los capitulares se dividieron en dos bandos, uno en favor i otro en contra de don José Miguel de Prado.

A su regreso de la frontera, Guill i Gonzaga cortó la contienda obligando al cabildo a suprimir toda distincion entre los alcaldes.

Esta práctica estuvo en vigor hasta el año de la muerte de aquel presidente.

A principios de 1769, el cabildo volvió a elejir alcalde ordinario a don José Miguel de Prado, i declaró nulo el acuerdo tomado en 1765.

La majestad de Carlos III confirmó, sin embargo, esta última medida, con fecha 7 de agosto de 1776, i ordenó que los alcaldes, con privilejios exactamente iguales, se alternaran mensualmente en el ejercicio de su cargo (1).

Esta curiosa incidencia de la modesta vida pública de la colonia ha sido señalada como una de las manifestaciones mas evidentes de la rivalidad que existia entre peninsulares i americanos.

La alternativa en los cabildos se hallaba, por otra parte, mui léjos de ser una solucion, como tampoco lo fué en las comunidades relijiosas.

Ademas del puesto político de alcalde ordinario, don José Miguel de Prado i Covarrúbias desempeñó el de alcalde mayor provincial de la Santa Hermandad, cuya propiedad habia comprado, hasta que lo renunció en favor de su hijo don Pedro José (2).

Este último, a su vez, despues de haber ejercido tales funciones por algunos años, cedió el empleo a su hijo mayor, don José Miguel de Prado i Sotta (3)

A fines de la éra colonial, don Pedro José Prado i Jaraquemada era uno de los personajes mas conspicuos de la sociedad chilena.

A sus relaciones de familia i a su gran fortuna agregaba el brillo de sus empleos civiles i militares.

Nombrado capitan del rejimiento de caballería de milicias de la Princesa,[fué ascendiendo hasta alcanzar el grado de coronel.

(1) Historiadores de Chile, tomo X. Segunda parte de la Descripcion Histórica-Jeográfica de Carvallo i Goyeneche, pajinas 34 i 35. AmunaThgui, Los precursores de la independencia de Chile, tomo 3.°, pajinas 88 i siguientes.

(2) Véase el testamento de don José Miguel de Prado i Covarrúbias.

(3) Escritura otorgada ante Agustin Diaz en 23 de julio de Isoi.

En el año 1782 el cabildo de Santiago le elijió alcalde ordinario, en compañía del doctor don José Ignacio de Guzman.

La conducta de don Pedro José Prado durante los primeros tiempos de la revolucion fué en estremo prudente i cautelosa.

En el cabildo de 1810 votaba de acuerdo con don Pedro José González Alamos i don José Joaquin Rodríguez Zorrilla, los cuales eran enemigos de novedades.

Así lo manifiesta Rodríguez Zorrilla a su hermano frai Diego, relijioso dominicano que se encontraba en la corte de España, en carta de 26 de agosto de aquel año.

«No cuente Ud., le escribia, entre los que lo componen (el cabildo de Santiago) para estas novedades a Prado, al doctor González ni a mí, porque nos hemos mantenido firmes contra las opiniones de los demas; i por eso nos han tomado una ojeriza furiosa, tanto que a González se le amenazó ahora pocos dias con que se le separaria del cuerpo, i a Prado i a mí nos atinjen en cuanto pueden> (1).

Don Pedro José Prado no pudo, sin embargo, conservar esta actitud por mucho tiempo.

La ajitacion política aumentó de una manera estraordinaria, i lo envolvió todo en su vorájine, hombres i cosas.

La llegada a Chile de don José Miguel Carrera dió a la revolucion un impulso violento.

(1) Coleccion de documentos relativos a la independencia de Chile, tomo IX, pajina 46. Esta coleccion, cuya importancia salta, puede decirse, a la vista, se debe en gran parte al entusiasmo i laboriosidad de don Enrique Matta Vial, sub-secretario del ministerio de instruccion pública.

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