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Ejerció ademas las funciones de juez de comercio (1).

En su carácter de rejidor del cabildo, don Andres de Rojas fué comisionado por el presidente Guill i Gonzaga, con fecha 7 de agosto de 1767, para que ocupara en nombre del rei el colejio de jesuitas de Bucalemu e hiciera trasladar a los padres a Valparaiso.

En el cumplimiento de estas instrucciones Rojas observó suma prudencia, i quiso dejar en el convento a algunos relijiosos enfermos o ancianos; pero éstos no aceptaron la gracia que les ofrecia (2).

La señora Cerda i Carvajal murió jóven, i de sus hijos solo llegaron a la mayor edad cuatro mujeres: doña María Mercedes, casada con don Jerónimo José de Herrera i Moron; doña Catalina, relijiosa del monasterio de Santa Clara; doña Rosa, casada con don Antonio del Aguila i Reyes; i doña María Loreto, casada en primeras nupcias con don Ignacio de Vargas i Roco, i en segundas con don José Rodriguez Pimentel (3).

Don Andres de Rojas contrajo segundas nupcias con doña María Mercedes Urtugurem i Calderon, de la cual tuvo los hijos que siguen:

1) Doña María Josefa, mujer de don Juan Gregorio Cruzat.

2) Doña Mariana, relijiosa del monasterio del Cármen de San José.

3) Doña Ana Josefa, muerta a los quince años.

4) Don José Antonio.

(1) Informacion de nobleza de don Eusebio de Herrera i Rojas.

(2) Barros Arana, Historia Jeneral de Chile, tomo 6.0, pajina 281.

(3) Esta señora fué sepultada en la iglesia de la Merced a 16 de enero de 1803. Archivo parroquial del Sagrario.

5) Doña Rosa, mujer de don Agustin Infante i Prado, ensayador de la Casa de Moneda (1).

6) Don Agustin.

7) Doña María Andrea.

8) Doña Manuela, mujer de don José Miguel de Prado i Covarrúbias.

9) Doña María Mercedes, mujer de don Francisco de Paula Herrera i Rojas, hijo de doña Mercedes Rojas i Cerda.

10) Doña María Mercedes.

11) Don Manuel.

Estos dos últimos murieron de menor edad.

Don Andres de Rojas dió poder para testar a su segunda mujer ante Santiago de Santibáñez en 14 de enero de 1775; i la señora Urtugurem cumplió este encargo con fecha 15 de mayo siguiente, en los protocolos del mismo escribano (2).

II

Don Andres de Rojas era «hombre de caudal i juicio», segun escribia el asesor del virrei del Perú al pre. sidente Guill i Gonzaga, cuando éste vino a tomar posesion del gobierno de Chile (3).

No debe, pues, atribuirse a flaqueza de espíritu su propósito de fundar un mayorazgo en favor de su hijo

(1) Estos son los padres del benemérito patriota don José Miguel Infante.

(2) Doña María Mercedes Urtugurem i Calderon otorgó su propio testamento ante Luis Luque Moreno en 8 de octubre de 1777.

(3) Don José Perfecto Salas. Anales de la Universidad, 1896.

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don José Antonio i sus descendientes, sino mas bien a la influencia de las preocupaciones que entónces reinaban en nuestra sociedad.

Por lo demas, al proceder así, don Andres debió tener mui en cuenta la circunstancia de que sus hijas del primer matrimonio i algunas del segundo se hallaban casadas o habian hecho profesion relijiosa.

La verdad es que en las postrimerías de su vida encargó a su hijo don José Antonio, con motivo de un viaje que éste hizo a la Península, solicitara del rei la licencia necesaria para establecer aquel mayorazgo, sobre la casa de su morada i la estancia de Polpaico.

Don José Antonio habia nacido en 1742, i contaba entónces treinta años de edad (1).

Su hoja de servicios era bastante lucida, i no le faltaban los honores militares, que constituian un complemento indispensable para la dignidad de una persona noble en aquellos tiempos.

Habia empezado por sentar plaza de cadete en una de las compañías de infantería que servian de defensa a la plaza de Santa Juana en las fronteras de Arauco; i, con fecha 4 de agosto de 1759, el presidente Amat le habia nombrado capitan de caballería del batallon de Santiago.

Don José Antonio se habia dejado llevar así por la corriente acostumbrada entre los jóvenes criollos de nuestro pais.

Manifestó, sin embargo, que poseia dotes especiales de intelijencia i de carácter cuando se matriculó en el curso de matemáticas de la Universidad de San Felipe,

(1) Apéndice, número 1.

desempeñado por primera vez por el dominicano frai Ignacio Leon Garavito (1); pero desgraciadamente no pudo terminar sus estudios, por habérsele presentado la oportunidad de visitar el virreinato del Perú, en condiciones mui favorables.

El mismo virrei don Manuel de Amat quiso llevarle consigo; así como tambien pidió que le acompañara, en calidad de asesor, al fiscal de la audiencia de Chile, don José Perfecto de Salas.

En el Perú, Rojas fué nombrado ayudante de Amat con fecha 30 de octubre de 1761; i mas tarde correjidor de la provincia de Lampa.

¿Qué mas podia desear un jóven que aun no cumplia la mayor edad?

En el virreinato don José Antonio empezó a adquirir la triste esperiencia de los vicios i defectos que maleaban la administracion española en América: la prevaricacion de los empleados, el favoritismo para conceder los cargos públicos, los torcidos procedimientos de la justicia, la esplotacion indebida del suelo i del indio americano por los súbditos del rei de España.

En breve, don José Antonio de Rojas debia persuadirse de que el oríjen de este desgobierno i corrupcion se hallaba en el corazon mismo de la monarquía, esto es, en la corte del soberano.

Rojas se habia enamorado de una de las hijas del asesor Salas, i pretendia casarse con ella; pero entre los novios se levantaba como barrera infranqueable una real cédula que don José Perfecto habia conseguido del

(1) Fué nombrado catedrático de matemáticas en 4 de setiembre de 1758. Consúltense los artículos de don Miguel Luis Amunátegui sobre La Universidad de San Felipe, en la Revista de Santiago, 1872-1873, tomo 3.°

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rei, i por la cual Cárlos III, con fecha 18 de noviembre de 1767, permitia que las hijas de aquel funcionario contrajeran matrimonio en América, a condicion de que esto se verificara fuera del distrito del tribunal a que pertenecia Salas (1).

Don José Perfecto habia roto relaciones con Amat i todo su anhelo era volver a reasumir la fiscalía de la audiencia de Chile.

Por su parte, Rojas deseaba regresar al lado de su familia.

En consecuencia, segun los términos espresos de la real cédula antedicha, el matrimonio proyectado era imposible.

Para allanar tales dificultades, don José Antonio resolvió partir a la Península, con el consentimiento i apoyo de su padre i del que iba a ser su suegro.

Este último le proporcionó una considerable cantidad de dinero, a fin de que restableciera en la corte su fama de hombre honorable, perdida por las malévolas informaciones del virrei Amat i de sus amigos, i para que le consiguiera un título de Castilla.

Rojas se alejó, pues, de América con las manos llenas de oro, i, lo que valia mas, con el alma henchida de esperanza.

Antes de embarcarse quiso llevar, sin embargo, una prenda positiva de su futura felicidad; i contrajo esponsales en Lima con la hija del asesor, doña María Mercedes Salas i Corvalan.

(0 Barros Arana, Historia Jeneral de Chile, tomo 6.", pajina 407, nota 12.

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