Imágenes de páginas
PDF

Consta muy claramente en el prólogo de mi obra, cuales son los documentos que he tenido á la vista para escribir mis mal condimentadas anotaciones históricas, y qué archivos he consultado. Á esto se limita mi responsabilidad. El mismo señor Peralta convendrá–si la ira no lo ofusca—en que, conforme á aquellos documentos, la primera mención que se hace de la palabra Costa-Rica es la de Fernández de Oviedo (Historia General y Natural de las Indias, lib. XXX, cap. II), autoridad seguida también por don José Milla (Historia de la América Central, tomo I, p. 19); y nadie—á no estar insano—podrá culparme de inexactitud histórica por no haber conocido documentos recientemente descubiertos y dados á luz por el mismo señor Peralta, sacados de un archivo que hasta ahora no me ha sido posible visitar. El señor Peralta inserta una real provisión del presidente de la real audiencia de Panamá, fechada el 17 de diciembre de 1539 (Apéndices, p. 747), en que se dice la provincia de Costa-Rica, y una real cédula de 14 de mayo de 1542, en que se lee la costa rica (Costa-Rica, Nicaragua y Panamá, p. 128). Á esto nada tengo que contestar por hoy; me reservo para cuando me sea posible estudiar personalmente aquellos archivos; y espero que el señor Peralta no perderá mucho por aguardar. Mientras tanto, el señor Peralta llevará en amor de Dios que me atreva á dirigirle una sola pregunta: ¿con esos documentos ha probado U. que fué Cristóbal Colón quien dió el nombre de Costa-Rica á muestra patria?—No; y disimule que conteste yo por U., porque lo conozco y sé que es un tanta reacio para hacer semejantes confesiones. Pero si bien el señor Peralta no logró demostrar lo que le correspondía, consiguió, en cambio y como compensación, probar que tampoco yo había acertado. Si esto satisface al señor Peralta, en hora buena y provecho le haga. Culparme de haber incurrrido en error, equivaldría á hacerme cargos por no ser brujo ni adivino; que así, y solanente así, habría podido conocer documentos sepultados en los archivos de España y que hasta ahora los saca á luz el mismo señor Peralta. Sea como se quiera, lo que yo critiqué al señor Peralta fué la aserción de que el nombre Costa-Rica hubiera sido dado por Colón. Probado que no es cierto, la cuestión de si fué el doctor Robles, presidente de la audiencia de Panamá, ó su yerno Hernán Sánchez de Badajoz, ó Diego Gutiérrez, si algo justificara sería precisamente la exactitud y oportunidad de mi crítica, pero de ninguna manera las pretensiones históricas del señor Peralta.

Mi estimado compatriota (Apéndices, p. 722) parece cebarse con particular rencor en mis notas j (tomo I, p. 135) y 2 (tomo II, p. 72) que hablan de la fecha de la fundación y de la situación geográfica de la villa de Bruselas; y sacando á la palestra á Carlos-Quinto á la vanguardia, á Herrera, Nicoya y Chira en el centro, con Carlos el Temerario á la retaguardia, probablemente para que le cubra las espaldas en caso de retirada, declara que, ápesar de mi vasta erudición, lo que yo digo no pasa de un chistoso pasatiempo, y que todo se reduce á un lapsus y á un mito, devolviéndome la palabra que yo empleé para calificar sus aserciones históricas y sus fantásticas biografías. En cuanto á la fecha, no he hecho otra cosa que, entre los historiadores Herrera y Juarros, adoptar la opinión del último (Compendio de la i de Guatemala, tomo II, p. 183), por cuyos errores el señor Peralta (Apéndices, p. 758) muestra tanto respeto y hace gala de una sensibilidad y compasión tan delicadas cuando soy yo quien los corrige. Por lo que hace á la situación geográfica de la villa de Bruselas, que el historiador Antonio de Herrera (Descripción de las Islas y Tierra-Firme del mar Océano, tomo I, cap. XIII, p. 28 y 29) coloca “en el Estrecho-Dudoso, en el asiento de Uritina, y por una parte tenía la mar, por otra los llanos y por la tercera la sierra de las minas”, el señor Peralta me permitirá que fijemos antes y con precisión el verdadero lugar de Orotina. La relación del viaje de Gil González de Ávila, fechada en 1522 (Doc. ined. del Arch. de Indias, tomo XIV, p. 20), después del cacique Huetara, cita al cacique Chorotega, en seguida al cacique Gurutina (Orotina), á continuación al cacique Chomi (Chomes) y después al cacique Pocosi que “está de Gurutina 4 leguas que atraviesa el golfo de Sant Lúcar por mar”. La misma relación dice: “Al derredór del golfo de Sant Lúcar se anduvieron doce leguas por el asiento de los caciques Avancari (Abangares) y Cotori (?), hasta volver á la provincia de Gurutina”. He logrado identificar el lugar llamado Chorotega con el valle de Landecho que se extiende entre los ríos Grande y Barranca, como puede verse en mis notas f(p. 93), 5 (p. 95), 6 (p. 96), 30 (p. 107), del tomo I, 2 (p. 12) y a (p. 22) del tomo II. El nombre del lugar que ocupaban los indios Chomes, lo conservan todavía las “salinas de Chomes” y el río llamado Guasimal, que en algunos mapas está designado aun con el nombre de río de Chomes (nota a, tomo I, p. 152). De modo que, según la relación citada, la provincia de Orotina debía estar situada precisamente entre los ríos Barranca y Guasimal. El historiador Fernández de Oviedo, que también visitó personalmente el golfo de Nicoya y levantó el primer mapa que de él se conoce hasta ahora, coloca en su carta á los indios de Corobicí casi al Norte de la isla de Chira, y á los indios Tomi (Chomes) al Norte de la isla de Chara (San Lúcas), dejando entre ambos á los indios de Orotina, frente á la isla Cachoa (Cavallo); si bien es cierto que en el texto no menciona á Chomes, “en frente de la isla Cachoa está la gente éprovincia de Orotina, é más al Este está la gente éprovincia de Chorotega” (tomo I, p. 106 y 107). Según el mapa de Oviedo, Orotina está al Oeste de Chomes; según la relación del viaje de Gil González, Orotina queda al Este de Chomes. Notable variante; pero, de cualquier modo, Orotina estaba situada en la costa setentrional del golfo de Nicoya. Hasta aquí parece que vamos muy de acuerdo con el señor Peralta; resta sólo saber si la Orotina de que habla Herrera, en que fué fundada la villa de Bruselas, es la misma Orotina á que se refiere la relación del viaje de Gil González y la historia de Oviedo. Y no es que hubiera dos Orotinas, sino que, como lo dije en mi nota 29 (tomo I, p. 107), “esta palabra Orotina parece más bien ser el nombre genérico de todos los Choroteganos que ocupaban la península de Nicoya, costas é islas del golfo, y no el nombre ... especial de un pueblo óprovincia: así piensa Frabel (Á travers l’Amérique) refiriéndose á Squier. . . . . . La palabra Orotina, á pesar de ser, á mi juicio, una palabra genérica que comprendía átodos los Choroteganos de Nicoya y Costa-Rica, desapareció presto; y pocos años después solamente se empleaban los nombres de los caciques para designar los diferentes pueblos de indios”.

Mi opinión se funda en la acepción lata que los historiadores primitivos de Indias han dado á la palabra Orotina, especialmente cuando enumeran las lenguas que se hablaban en Nicaragua (nota g, tomo I, p. 122). Herrera (Déc. III, lib. IV, cap. VII) cita como lenguas de Nicaragua, la Coribicí “que la hablan mucho en Choluteca, que es la natural y antigua”, la Chondal, la Orotina y la Mexicana”. Gonzalo Fernández de Oviedo (Historia, lib. LXII, cap. I) enumera las lenguas de Nicaragua como sigue: la de Nicaragua, que es la misma Mexicana, la de Chorotega, la de Chondales, la del golfo de Orotina y otras. El mismo (tomo I, p. 119) añade: “Y estos indios (de Nicoya) é otros muchos son, como es dicho, de la lengua de Chorotega é los de las islas del golfo de Orotina é Nicaragua, que están allí cerca”. Franciscisco López de Gómara (Historia de las Indias, cap. CCVI) cuenta como lenguas de Nicaragua, la Coribicí “que loan mucho”, la Chorotega “que es la natural y antigua”, la Chondal que “es grosero y serrano”, y la Orotina “que dicen Mama por lo que nosotros Mexicano, que es principal”. No creo por demás hacer notar que la Chorotega á que aluden estos tres historiadores no es la Chorotega costa-ricense que estaba situada en el valle de Landecho, sino la Chorotega de Nicaragua y Honduras.

Gómara (cap. CCV) al describir las costumbres de los Choroteganos de Nicaragua (nota g, tomo I, p. 122), se sirve solamente de la palabra Orotina; de modo que para aquel historiador Choroteganos y Orotinanos eran sinónimos. Oviedo (tomo I, p. 101 y 102), al hablar del golfo de Nicoya, dice: “golfo de San Lúcar, que otros llaman golfo de Nicaraqua otros le dicen golfo de Orotina é otros golfo de los Gietares), é cualquiera de estos dos nombres postreros es su nombre propio”. Después de levantada su carta del “golfo de Nicaragua, ó de Güetares, ó de Orotina”, continúa Oviedo, “pues he pintado la figura del golfo de Orotina ó de los Gietares, que comunmente suelen llamar de Nicaragua” (tomo I, p. 104). Y en otra parte (tomo I, p. 120) “en las islas del golfo de Orotina”. Es manifiesta la tendencia á dar mayor extensión al sentido de la palabra Orotina, hasta indicarla como el nombre propio de todo el golfo de Nicoya. Más tarde desaparece el nombre de Orotina, pero quedan los de Bagacís, Abangares, Chomes, Chorotega, Güetares, &. Se funda la ciudad de Aranjuez cerca de los indios Chomes (tomo I, p. 192; y Juan Diez de la Calle, Memorial y Noticias Sacras, p. 129), y no se cita á Orotina; se reparten y encomiendan los indios de Bagacís, Abangares y Chomes, y tampoco se hace mención de Orotina. Es al señor E. G. Squier (Nicaragua, 1842, tomo II, p. 310) á quien se debe el haber exhumado el nombre de Orotinanos para aplicarlo á una de las cuatro ramas de la distribución geográfica de los indios de Nicaragua. Sus palabras son: “IV. Los Orotinanos que ocupaban el país al rededor del golfo de Nicoya y hasta el Sur del lago de Nicaragua”. Véase, pues, toda la latitud que el señor Squier da á la palabra Orotina. El licenciado Manuel Orozco y Berra (Geografía de las Lenguas de México, México, 1864, p. 44) dice: “Si es verdad, como asegura algún autor, que la lengua chiapaneca es la usada por los habitantes del pueblo de Nicoya en Nicaragua, no es entonces otra que la “orotina”, hablada en Nicoya, Orotina, Cantrén, Chorote y otros pocos lugares confinantes con los Diriás”. En la página 172 continúa: “La lengua chiapaneca la hemos dejado sin clasificar. Si es verdad que es la misma que se habla en el pueblo de Nicoya, es la “orotina” de Guatemala”. Cada vez se da mayor amplitud á la palabra Orotina. Julio Froebel (A travers l’Amérique, 1861, tomo I, p. 262) dice: “Estos Aztecas de Nicaragua, ó si se prefiere estos Nahuatlaques, para quienes Squier, probablemente según Oviedo, ha puesto en uso el nombre de Niquiranos, estaban rodeados al Sur por los Orotinanos que habitaban los bordes del golfo de Orotina ó de Nicoya”. Nueva prueba de la latitud dada á la palabra Orotina. Esto de una parte, y de otra la circunstancia de haberse fundado Bruselas como puerto y punto de partida para la conquista y población de Nicaragua, llegando los fundadores por agua desde Panamá, y siendo racional suponer que se escogiera un lugar cómodo para el embarque y desembarque, y tal que más abreviara el camino de tierra; así como su fundación á tres leguas de distancia de la sierra de las

« AnteriorContinuar »