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CAPITULO IV.

ANTONIO GRAMUSET I ANTONIO ALEJANDRO
BERNEY.

Descontento que produce en Chile la agravacion de los derechos de alcabalas i pulperías.—Id. causado por la reforma de las órdenes monásticas.—Antecedentes de don Antonio Gramuset.—Id. de don Antonio Alejandro Berney.—Los dos franceses mencionados discuten sobre la posibilidad de realizar la independencia de Chile.—Gramuset propone la realizacion de este proyecto a Berney, el cual acepta. —Don José Antonio Rojas —Plan de ejecucion arreglado por Gramuset.—Plan de constitucion política redactado por Berney.Berney pierde el manuscrita en que habia consignado sus ideas.—Los dos franceses encuentran ausiliares para la ejecucion de su pensamiento. —Uon^fariano Pérez de Sara vía iSurantc denuncia la maquinacion. —El nPntedon Tomas Alvarez de Acevedo.—Providencias que ésto dicta para aprender sin estrépito a los dos franceses—Prision i declaracion de Berney.—Id id. de Gramuset.—La audiencia, contra lo pedido por los fiscales, no permito que se hagan investigaciones estensas sobre la maquinacion, i procura que el asunto sea manteni io en el mayor secreto.—La misma audiencia se empeña por hacer probar que Gramuset i Berney eran locos.—Resolucion de la audiencia para que se sobreseyera en la causa, mientras determinaba lo conveniente el consejo de Indias, a cuya disposicion remitió a- los dos franceses por conducto del virrei del Perú.—Primer informe de la audiencia al rei sobre este proceso.—Segundo informe do la audiencia.—Suerte que corrieron Gramuset, Berney i algunos otros de los complicados en el negocio.

En el capítulo precedente, he examinado, apoyándome en piezas auténticas, ciertos planes de revolucion en Chile, atribuidos sin ningun fundamento al presidente Ibáñez, i tal vez con algunos visos de verdad a su sobrino el marques de Corpa.

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Ahora me toca dar a conocer un curiosísimo proyecto de hacer independiente a nuestra nacion, muí real i efectivo, pero que no alcanzó a ponerse en ejecucion.

Para ello es menester que nos trasportemos al año de 1776.

Entre las gabelas del sistema tributario colonial, se contaban el impuesto de la alcabala i la composicion de pulperías.

La alcabala consistia en un tanto por ciento (primero fué el dos, despues el cuatro i por último el seis por ciento) que se cobraba sobre las ventas i permutas, escepto las de reducido número de artículos, i a toda clase de personas, escepto tambien un número todavía mas escaso de privilejiados.

Todos los vendedores de las especies no esceptuadas, ya fuesen raíces o muebles, preciosas o viles, producto de la tierra o de la industria, Teasas o animales, trigo o vino, joyas o telas, medicinas o esquilmos, calzados para los hombres o frenos para los caballos, plumas o pieles, pescados o maderas, debian llevar, para los efectos de la percepcion del impuesto, una razon detallada i garantida por la fe del-juramento de las ventas que hacian.

Siempre que la cosa era posible, se habian dictado ademas otras providencias cuyo objeto era verificar el testimonio de los interesados e impedir cualquiera ocultacion.

La suspicacia de las disposiciones legales era en fin completada por la vijilancia viva i constante de los terribles ajentes del fisco, que todo lo observaban i todo lo averiguaban.

Pero como la práctica pura i simple de tal sistema de percepcion era sumamente odiosa, hasta el punto de haber provocado en mas de una ocasion actos desagradables de violencia, se tocó uno de estos dos arbitrios; o se daban las alcabalas por encabezamiento, esto es, se ajustaba por convenio con el cuerpo de los contribuyentes la cuota que debian pagar por toda la contribucion, sin entrar en los pormenores de las ventas, libertándolos así de las molestisímas i vejatorias inquisiciones de los oficiales i receptores de la corona; o se adjudicaba la renta de alcabalas en pública subasta en forma de arrendamiento a los particulares que hacian mejor postura, los cuales, a fin de evitar gastos, i en la imposibilidad de sostener un espionaje como el fiscal, procuraban celebrar con los vendedores arreglos cómodos i tal vez equitativos para unos i otros (1).

El último de los mencionados era el método que se observaba en Chile.

Voi a esplicar ahora lo que era la composicion de pulperías, o tiendas de comestibles.

Siempre fecunda la corte española en inventar medios de sacar dinero a sus súbditos de América, habia ideado el de permitir en cada ciudad solo un número mui limitado de pulperías, las cuales estaban sometidas a visitas frecuentes i a trabas molestas.

Los que querian abrir otras, a mas de las permitidas, tenian que componerse, esto es, que pagar una contribucion anual, que en ciertos lugares llegaba a cuarenta pesos.

Escusado es advertir que las pulperías de corn

il) Recopilacion de Indias, libro 8, título 18.—Oazoflacio Real del Perú, libro 2, parte 2, capítulo 9.

posicion eran mucho mas consideradas que las de número, por lo que el monarca habia permitido que las últimas pudieran pasar a la categoria de las primeras mediante la correspondiente erogacion.

"Las pulperías de ordenanza (o de número), decia el rei en cédula de 27 de mayo de 1631, no han de ser preferidas ni en sitio ni en privilejio a las que pagaren la composicion; ántes en todo lo justo i posible las habeis de favorecer i preferir; i si por gozar esta utilidad, quisieren pagar todas, como sea voluntariamente, las admitireis a composicion."

Cuando por la real cédula que acabo de citar, se decretó la planteacion de este injenioso espediente fiscal, se asignaron solo cuatro pulperías de número a la ciudad de Santiago, i tres a la de Concepcion (1); pero andando el tiempo, a causa del aumento evidente de la poblacion i de las necesidades, se fueron concediendo otras nuevas a estas dos poblaciones.

Manifestado lo que eran los impuestos de alcabala i de composicion, seguiré esponiendo cómo estas gabelas contribuyeron en Chile a la primera concepcion de la idea de independencia.

En el remate de alcabalas que se efectuó el 5 de diciembre de 1772, don Silvestre Garcia, que desempeñaba a la sazon las funciones de contador mayor, hizo que se intercalara entre las condiciones del contrato la de que el subastador, si llegaba alguna resolucion soberana relativa al ramo, habia de conformarse a ella sin reclamacion; pues habia representado que seria beneficioso a la coro

(1) Recopilacion de Indias, libro 4, título 8, lei 12.—Oaz"JUacio Real del Perú, libro 2, parte 2, capítulo 24.

na el que aquella renta se pusiera en administracion.

Los postores aceptaron la condicion, rematando uno de ellos, don Joaquin Plaza, en ciento quince mil pesos anuales, i por el término de tres años, el producto de las alcabalas i del almofarifazgo, nombre que se daba a los derechos de importacion i esportacion (1).

Las cosas continuaron por algunos meses el rumbo ordinario, sin que ocurriera novedad digna de referirse.

En agosto de 1774, falleció casi repentinamente el contador mayor don Silvestre García.

El presidente de Chile, que lo era entónces don Agustin de Jáuregui, reemplazó interinamente al difunto por un caballero gallego, llamado don Gregorio González Blanco, que era mui instruido en materia de cuentas, i que en otros empleos se habia distinguido mucho, no solo por su actividad i amor al real servicio, sino tambien por su anhelo para promover el adelantamiento de la real hacienda, i por la ciencia de los medios de lograrlo, méritos que le habian valido el que se le dieran las gracias en nombre del monarca, i el ser recomendado al virrei del Perú para una buena colocacion (2).

Este retrato del nuevo contador, trazado, puede decirse, por la mano misma del presidente Jáuregui, hace ver que González Blanco era uno de aquellos individuos cuya economía política consistia solo en arbitrar recursos para incrementar las entradas del real tesoro.

(1) Libro de remales de las Rtales Cajas de Santiago de Chile, que comienza en 1772 i concluye en 1798.

(2) Jáuregui, Oficio al Excelentísimo Señor Saüio Frei Don Julián de Arriaga, fecha 8 de agostos de 1774.

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