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Segun aparece de los documentos contemporáneos, se hallaba adornado de las prendas principales que habia menester para seguir con lucimiento la carrera a donde le llevaba su inclinacion natural: poseia claridad de intelijencia i entereza de carácter.

"Constándome que han correspondido los efectos de este nombramiento (el de González Blanco para contador interino) al concepto que formé para hacerlo, i que cada dia se esmera mas en el cumplimiento de las obligaciones de su empleo con absoluta imparcialidad e independencia, escribia el presidente Jáuregui al ministro Gálvez en solicitud de la propiedad del cargo de contador para su protejido, me ha parecido conveniente dar noticia de ello a Vuestra Señoría Ilustrísima a efecto de que pueda, siendo servido, elevarla a la de Su Majestad para su real intelijencia" (1).

González Blanco era hombre a quien no imponian sustos las murmuraciones i maldiciones de los contribuyentes, cuando esponiéndose a ellas podia conseguir que se aumentaran las rentas del monarca; i estas eran aquellas absoluta imparcialidad e independencia que el presidente Jáuregui mencionaba entre las mas laudables calidades que adornaban al contador interino.

En efecto, a la fecha misma en que Jáuregui enviaba a la corte su recomendacion, González Blanco estaba manifestando que la merecia en alto grado.

Aceptando i perfeccionando el plan concebido por su antecesor, a que se referia la condicion inserta en el acta de remate de los derechos de alca

li) Jáuregui, Oficio al Excelentísimo Señor Don José de OcUvez, fecha 8 de julio de 1766.

balas i almofarifazgo ejecutado el 5 de diciembre de 1772, habia pedido al gobierno peninsular, i obtenido de éste el beneplácito para llevar a cabo en algunos de los ramos del sistema tributario una reforma que habia de aprovechar en gran manera al tesoro real.

El arreglo ideado por el contador interino consistia en administrar las alcabalas por medio, no de subastadores, sino de receptores, cuya primera operacion debia ser un nuevo avalúo de los frutos de las haciendas.

No era esto solo.

El contador interino habia resuelto tambien reformar en ventaja del erario real el ramo de composicion de pulperías.

Con tal propósito pretendia:

Que se disminuyeran las de número, a fin de que se aumentaran las de composicion;

Que se subiera la cuota ordinaria de composicion establecida en Santiago, cuyo máximo habia sido hasta entónces solo de diez i siete pesos cuatro reales;

Que aun las pulperías de composicion pagaran alcabala de las mercaderías de abastos que vendieran; i

Que se exijiera el derecho de composicion a los hacendados en cuyas casas se espendieran al menudeo vinos i aguardientes cosechados en sus fincas.

Todas estas medidas eran mui lucrativas para la corona, pero por lo mismo mui odiosas para los contribuyentes.

Cuando el público tuvo conocimiento de ellas, hubo al punto una grande i jeneral inquietud.

Como era de costumbre, los colonos hablaron mucho de la innata real benignidad del rei, de las piadosas intenciones que siempre habia mostrado en favor de sus vasallos, de los repetidos encargos que tenia hechos a los ministros de la real hacienda para que procedieran con la mayor equidad; i se desentendieron voluntariamente, por un respeto ciego al monarca, de que en Chile, cerno en toda la América Española, no se daba un paso sin superior permiso.

Por el contrario, se maldijo en todos los tonos al contador interino don Gregorio González Blanco. "Conmovida la multitud, dice un autor contemporáneo, buscaban al arbitrista para quitarle la vida" (1).

En odio a González Blanco, ensalzaban las providencias de su antecesor García, sin querer recordar que éste era el primitivo autor de lo que sucedia, como lo habia dejado declarado en el acta de remate de 5 de diciembre de 1772.

El 30 de julio de 1776, el pueblo se reunió en la plaza; i el cabildo, en su sala de sesiones.

Un alboroto como aquel era mas notable por lo mismo que los hechos de esta especie habian sido sumamente raros en la mui pacífica i soñolienta colonia.

Servia a la sazon el cargo de procurador de ciudad don Manuel Sálas Corvalan, cuyo nombre, para gloria suya no será ésta la última vez que aparezca en la presente obra. Era éste un sujeto, dice el autor contemporáneo poco ántes citado, "de juicioso pulso i de rectas intenciones," i se hallaba dotado, agregaré yo, de una intelij encia tan elevada, como sano era su corazon.

A fin de buscar un término a tan desagradable

(1) Carvallo i Goyeneche, Descripcion histórka-jtográfica del reino de Chile, parte 1, libro 6, capítulo 8.

conflicto, aquel sujeto, cuya sensatez correspondia a sus luces, propuso que se solicitara un cabildo abierto, o reunion de vecinos principales, para discutir el asunto.

Aceptada la indicacion, se redactó una peticion, que fué firmada al punto por cuarenta de los individuos mas respetables del país, guarismo que se aumentó mui luego hasta doscientos cuarenta i cinco.

El procurador de ciudad llevó en persona, i sin pérdida de tiempo, esta peticion, a la real audiencia, que presidida por el gobernador Jáuregui, estaba deliberando en la sala de acuerdos.

La algazara de la multitud que ocupaba la plaza llegaba hasta los oídos del presidente i los oidores.

Jáuregui, "cuya moderacion era jenial," segun un cronista contemporáneo, accediendo, previo el dictámen de los miembros del tribunal, a la solicitud de don Manuel Sálas, permitió que se reuniesen los individuos del ayuntamiento i cien vecinos mas para que nombraran cuatro diputados "del mayor juicio i esperiencia, los cuales evitando confusiones i tardanzas, llevasen la voz del pueblo;" i obrasen de acuerdo con el cabildo.

Éstos cuatro diputados fueron don Basilio de Rójas, don Antonio Bascuñan, don Antonio Lastra i don Lorenzo Gutiérrez.

Juntamente se ordenó por bando que no se innovara en lo que estaba establecido para la exaccion de las contribuciones.

"Con estas providencias, i con la fundada esperanza de que se le administrara justicia, informaban el presidente i la audiencia al ministro Gálvez con fecha 7 de setiembre de 1776, ha depuesto este pueblo la inquietud con que se habia ajitado; i ha cesado la espectacion en que se hallaba lo principal de esta república con el sobresalto de que se cometiesen algunos insultos, que talvez promueve el libertinaje con el colorido pretesto del bien comun."

I luego concluian asegurando que hasta el dia de la fecha, los cuatro personeros populares continuaban sus jestiones "sin que se reconociese en la ciudad la menor novedad."

Jáuregui, sin embargo, temió mucho al principio que aquella conmocion fuera de serias consecuencias.

Lo ocurrido hizo concebir, al gobernador, dice el cronista Carvallo i Groyeneche, "i no sin fundamento, que el movimiento era jeneral en todo el reino; i dudoso de la fidelidad de don Ambrosio (O'Higgins) por estranjero, i vasallo del rei de Inglaterra, cuya amistad no es desagradable a aquellos colonos, habia dispuesto enviar a su hijo don Tomas, hoi coronel del rejimiento de Pavía, para que subrogara a don Ambrosio en el mando de la provincia de Concepcion. Mas todo se aquietó, i desapareció luego aquel nublado" (1).

El negocio siguió tramitándose con mas lijereza que de costumbre hasta el 31 de marzo de 1777, fecha en que se remitieron a España los antecedentes para que el rei. resolviese lo que fuera de su agrado, renovándose miéntras tanto la órden de suspension de las providencias dictadas por el contador interino (2).

La corte de Madrid, impuesta del asunto, principió por nombrar tesorero de las reales cajas de

(1) Carvallo i Goyeneche, Descripcion nUtórica-jeográJica del reino de ChiU, parte 1, libro 6, capítulo 8.

(2) Oficios de la Real Audiencia al Ministro Don José de Gálvez, fechas 7 de setiembre de 1776 i 28 i 81 de marzo de 1777.

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