Imágenes de páginas
PDF
EPUB

haber a las manos, tomaron cautivas a sus mujeres e hijas i saquearon sus propiedades.

Despues de haber cometido estos estragos, los bárbaros alzados tomaron una actitud amenazante, manifestando intenciones de invadir la parte civilizada de Chile.

El oidor decano don Juan de Balmaceda, que acumulaba interinamente el cargo de presidente del reino, adoptó, entre otras medidas aconsejadas por la gravedad del caso, la de invitar por bando a los estranjeros para que armados i montados a su propia costa formasen una compañía que fuese a la guerra de Arauco, ofreciéndoles en recompensa solicitar para ellos del soberano, real carta de naturaleza que los facultase para residir libremente en el país.

Sesenta i siete portugueses, franceses, italianos i holandeses, halagados por la oferta, respondieron al llamamiento.

Don Antonio Gramuset fué cadete de esta compañía.

El cuerpo de voluntarios estranjeros marchó efectivamente a la frontera, donde hizo una campaña de cuatro meses en la columna del teniente coronel don Antonio Narciso de Santa María, desempeñándose a satisfaccion de su jefe, i contribuyendo al escarmiento del enemigo.

A su regreso a Santiago, el presidente don Francisco Javier de Moráles les dió las gracias a nombre del monarca, les encargó que estuvieran apercibidos para volver a salir contra los indios, si fuera menester, i les permitió que quedaran en Chile (1).

(1) Espediente formado por el capitan de la compañía de estranjeros don Reinaldo Breton, i don Juan Anjel Berenguel, teniente de la misma, a fin de que se concediera a ellos i sus compañeros la carta de naturaleza que se les habia prometido.

El rei llevó mui a mal el que se hubiera hecho semejante concesion a estranjeros, i mandó con tono bastante severo que no se dieran las cartas de naturaleza hasta que él pudiera instruirse bien de los antecedentes, i fuese informado de cómo habia podido reunirse en sus dominios de Chile tanta jente estraña (1).

A pesar del real enojo, aquellos estranjeros permanecieron en el país.

Gramuset fué por varios años, arrendatario de Cumpeu, hacienda perteneciente a la órden mercenaria, i situada en el partido del Maule (2).

Estuvo dedicado, no solo a los trabajos agrícolas, sino tambien a los de minas; pero los provechos no habian correspondido nunca, ni a sus fatigas, ni mucho ménos a sus aspiraciones, que eran grandes.

Sin embargo, Gramuset no se desanimaba. Cuando se persuadia de que una empresa no correspondia a las risueñas esperanzas que ella le habia hecho concebir al acometerla, buscaba inmediatamente otra, en seguida otra, i despues otra, lisonjeándose siempre con que la última de las intentadas habia de compensarle todas las pérdidas i desengaños de las anteriores.

Era un hombre que vivia divisando a alguna distancia delante de sí a la diosa de la riqueza, que le llamaba con semblante amigo, pero que no le dejaba aproximarse para poder recibir los dones ofrecidos solo desde léjos. Gramuset, no obstante, corria siempre tras ella, sin desesperarse.

En 1776, le encontramos arrendando, en vez de

(!) Real Cédula de 12 de junio de 1772, i Real Orden da 22 del misino mes de 1773.

(2) Espediente promovido por Gramuset en 6 de noviembre de 1777 contra doña Josefa Guete i otros.

[graphic]

una grande hacienda, una quintita a orillas del Mapocho, en las inmediaciones de Santiago.

Con todo, el cultivo i administracion de aquella pequeña propiedad era únicamente una atencion secundaria de Gramuset, el cual, como lo tenia de costumbre, estaba absorbido por uno de sus proyectos colosales, a saber, la construccion de una gran máquina hidráulica que debia levantar el agua hasta doscientos piés, o lo que era lo mismo, poco mas o ménos, hasta la altura de la torre de la Compañía, la mas elevada de la ciudad.

Gramuset contaba a cuantos querian oírle que la tal máquina iba a hacerle poderoso; pues pensaba obtener del monarca privilejio esclusivo para usarla, i se proponia en seguida aplicarla al desagüe de tanta rica mina como habia sepultada por el agua.

Cuando hubiera juntado un buen caudal, decia que se iria a Lima para gozar de sus riquezas en una ciudad opulenta, que proporcionaba mas comodidades que Santiago.

La máquina del frances i sus historias llamaron la atencion aun en medio de las inquietudes del año de 1776.

Muchas personas solian ir a la quinta de Gramuset para examinar la máquina que se construia, i oír hablar a su dueño.

IV.

Por este tiempo llegó al país otro frances que se llamaba Antonio Alejandro Berney.

Habia venido de Buenos Aires en la comitiva de un magnate español, i encontrado en Chile proteccion en la familia de un caballero encopetado,

a cuyos hijos se habia puesto a enseñar el frances, i por cuya influencia obtuvo una clase de latin en el Colejio Carolino, distincion que era mui poco comun en favor de un estranjero.

Berney era un iluso completo, que habia vivido, puede decirse, con los libros, mas bien que con los hombres, instruido como un literato, candoroso como un niño. Sabía muchas doctrinas abstractas, pero no tenia ninguna práctica del mundo. Poseia las humanidades i las matemáticas, habia leído mucho a Ciceron i a Rousseau; habia meditado mucho sobre el Evanjelio; mas como habia pasado su existencia, embebido en el estudio, sin mezclarse jamas en negocios grandes o pequeños, ignoraba completamente la ciencia de los hechos. En una palabra, era un individuo mui ilustrado, pero sumamente escaso de sentido comun.

Así como la aspiracion del emprendedor e industrioso Grramuset era llegar a ser rico poderoso, la del bueno i visionario Berney era la de ser lejislador de un pueblo. Deseaba ardientemente formular en la constitucion de un estado sus teorías políticas, que eran las de los filósofos del siglo XVIII, menos el escepticismo relijioso, pues era católico sincero.

Berney fué a visitar a su compatriota Gramuset.

El frances recien llegado interrogó sobre Chile i sus habitantes al frances que hacía años estaba establecido en el país.

El curso natural de la conversacion les llevó a tratar de las conmociones que habian ocurrido por aquellos años de 1776 i 1777; i despues, a hablar, tanto del absurdo i despótico réjimen colonial, como de las vejaciones a que se hallaban sujetos los criollos.

El descontento de éstos, segun Gramuset, era grande, como lo estaban manifestando los actuales alborotos.

—“Sin necesidad de que fueran muchos los que me ayudaran, agregó en conclusion, yo me comprometeria a hacer que este bello país se declarara independiente.”

Semejante concepto, espresado en Chile tan sin embozo en aquella época, podia con demasiado fundamento hacer temblar a cuantos lo oyesen. Era una verdadera blasfemia, un crímen de lesamajestad, cuyo merecido castigo podia ser el último suplicio.

Berney lo comprendió, i guardó a su compatriota la mas relijiosa reserva.

VI.

Trascurrieron meses, años, desde que por incidencia se habia tocado en una conversacion por aquellos dos franceses oscuros el asunto de que dependia la suerte de Chile.

Llegó al fin el año de 1780.

El disgusto ocasionado por el aumento de los derechos de alcabalas i de pulperías habia cesado de ser tumultuoso, pero estaba mui lejos de haberse aplacado.

A este motivo de desagrado, que atañia a los bolsillos de los habitantes, habia venido a agregarse el de la reforma de los regulares, que se referia a sus conciencias.

En 1780, las murmuraciones contra los gober

« AnteriorContinuar »