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El contenido de tales obras era la revolucion de América.

Entre ellos venía la Enciclopedia de D'Alembert i Diderot.

Esta sola obra me escusa de detenerme todavía mas en manifestar lo que eran las otras.

¡El enemigo habia sido introducido dentro de los muros!

¿Cómo los severos guardianes de la colonia halian permitido tan enorme infraccion de las leyes divinas i humanas?

Tal condescendencia solo pudo ser el resultado de un engaño, facilitado quizá por la crasa ignorancia de los ajentes de España que sabian la existencia de libros peligrosos, nocivos, endemoniados; pero que eran completamente inhábiles para distinguirlos.

Segun una tradicion, Rójas, a fin de burlar la vijilancia de las autoridades, cuidó de hacer poner en el lomo de las obras que habrian podido alarmar, títulos falsos, pero mui inocentes.

Se comprende fácilmente cuáles debian ser las ideas del hombre que tal cosa hacía.

Don José Antonio Rojas se puso a tratar seriamente con Berney sobre la manera de ejecutar lo proyectado.

No tardó en anunciarle que podian contar con dos ausiliares nuevos, e importantes, porque eran jefes de tropas.

Eran estos: don Manuel José Orejuela, limeño, que estaba comisionado para ir con una division militar a esplorar sí realmente habia en las soledades de la Patagonia unos establecimientos europeos de cuya existencia se hablaba, el cual ofrecia, en vez de ir a su destino, sublevarse en Valdivia; i el otro don Francisco de Borja Araos, capitan de la compañía de artillería que guarnecia a Valparaíso, el cual se comprometia a entregar sus soldados a los independientes despues de una resistencia de puro aparato, para poner en todo evento a salvo su responsabilidad personal.

Rójas agregaba que creia poder contar tambien con los rejimientos de milicias que mandaban don Agustin Larrain i el conde de la Conquista don Mateo Toro, a quienes se lisonjeaba de hacer tomar parte en el plan, porque eran sus amigos íntimos, i ademas porque el segundo se hallaba irritadísimo con la real audiencia, que en varias ocasiones le habia desairado, negándole el tratamiento correspondiente a su título de Castilla, i que le perseguia, a lo que murmuraba el conde, con sentencias notoriamente injustas, inspiradas por la mala voluntad a su persona:

La verdad de esta relacion no tenia mas comprobante que la palabra de Berney.

VIII.

Gracias a la cooperacion de Rojas, el pensamiento descabellado de Gramuset i Berney principio, pues, a ser algo serio.

Los dos franceses juzgaron entónces que era ya tiempo de ocuparse en los pormenores de la ejecu. cion.

Gramuset, hombre práctico i de ningunas teorías, se fijaba únicamente en los medios de acertar el golpe, i de aprovecharlo. Todos los artículos de su prospecto se reducian a dos mui sencillos : 1.° proclamacion de la independencia; i 2.o constitucion de la dictadura.

El teórico Berney, mirandó mas léjos que su camarada, se proponia fundar en Chile una de

aquellas repúblicas modelos en que tanto habia soñado.

Sin embargo, no hubo entre ellos largas discusiones sobre la materia. Los dos estaban acordes en las operaciones previas. Berney se lisonjeaba con que la simple lectura de su proyecto de constitucion bastaria para cautivar, no solo a Gramuset, sino tambien al pueblo entero que iba a tener la felicidad de gozar de sus beneficios.

Gramuset i Berney arreglaron entre los dos el plan de la conspiracion.

Berney redactó por sí solo la maravillosa constitucion.

Daré a conocer el uno i la otra.

La primera necesidad que debia llenarse era la propagacion de la idea entre los colonos, i el reclutamiento del correspondiente número de afiliados. La cosa era de las mas espinosas. Corríase el riesgo de dar con algun cobarde o algun soplon, que por miedo o vil lisonja lo delataran todo.

Sin embargo, el paso era indispensable, porque la falta de cooperadores podia dejar con las manos atadas a los autores del pensamiento. · Gramuset i Berney no se alucinaban hasta el estremo de creer que con solo proclamar la revuelta a son de caja en la plaza pública, la poblacion los segundaria.

Comprendian demasiado bien que para triunfar necesitaban que el pueblo, o cuando menos la jente arrojada, estuviera con anticipacion comprometida en la maquinacion.

Pero toda la dificultad estribaba en encontrar un medio de predicar la insurreccion sin esponerse a fracasar. No podrá menos de confesarse que era empresa, el hallazgo de un espediente para el caso, en una sociedad timorata, como lo era la de Chile. Gramuset, no obstante, inventó uno que parecia bastante feliz.

Consistia en que cada uno de los iniciados se procurase un nuevo prosélito a quien revelaria el proyecto, pero guardándose de descubrirle el nombre i la categoría de los jefes i demas correlijionarios. El neófito estaria en el deber de buscar a su vez otro asociado con las mismas condiciones, i así sucesivamente, hasta donde se pudiera.

Con las precauciones indicadas, si la imprudencia o la traicion hacian que alguno revelara el secreto, éste solo daria a la justicia una indicacion vaga, i no podria entregar mas que a uno solo de los adeptos. La conjuracion seguiria su marcha sin in quietarse, porque uno de los suyos hubiera hablado.

Este método de conspirar se ha hecho comun i vulgar en el presente siglo; pero entonces era todavía nuevo.

Los misioneros de la independencia debian acercarse preferentemente a aquellos que tuvieran motivos de disgusto con el gobierno, i en especial a aquellos que hubieran sido perjudicados por los fallos de la real audiencia.

Cuando se hubiera reclutado un cierto número de personas, se comenzaria a tomar noticias exactas i fidedignas del armamento, municiones i víveres que estuvieran depositados en los diversos parajes de la ciudad, ya pertenecientes al estado, ya a los particulares. Tan luego como se poseyeran estos datos, se procederia a obrar.

El dia designado para dar el golpe, se haria llegar de Valparaíso un falso correo con la noticia de que se avistaban naves inglesas en actitud hostil. Este mensaje introduciria la alarma. Los gobernantes i los miembros de todas las corporaciones se reunirian a deliberar.

Mientras éstos correrian a la sala del presidente, los conjurados se dirijirian al barrio de la Chimba, en la ribera septentrional del Mapocho.

Allí les arengarian algunos de los frailes a quienes la reforma de los visitadores habia descontentado, i con los cuales contaban.

Muchos de los seculares se disfrazarian tambien con hábitos para esplotar la veneracion que el pueblo tributaba a los individuos de las órdenes relijiosas.

Se repartiria un manifiesto, que se supondria firmado por los regulares, i en el cual se incitaria a los colonos a la rebelion, probándoles que fuera de la república, no hai salvacion para las naciones.

Hecho esto, los circunstantes se dividirian en partidas, de las cuales marcharian, unas al palacio, otras a las cajas reales, otras a la casa de pólvora. Se apoderarian sin obstáculo del presidente, oidores i demas majistrados, a quienes sorprenderian absorbidos en injeniar arbitrios para rechazar la supuesta invasion de los ingleses. El tesoro, los cuarteles, las armas caerian en sus manos con igual facilidad.

La revolucion quedaria consumada sin que persona alguna perdiera una sola hilacha de su propiedad, una gota de sangre de su cuerpo.

Este era el plan de Gramuset, que habia mere. cido la aprobacion de Berney.

Gramuset se detenia aquí. Como lo he dicho, queria solo proclamar la independencia, armar el país para estar prevenido contra una invasion i erijir la dictadura.

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