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aquellas repúblicas modelos en que tanto habia soñado.

Sin embargo, no hubo entre ellos largas discusiones sobre la materia. Los dos estaban acordes en las operaciones previas. Berney se lisonjeaba con que la simple lectura de su proyecto de constitucion bastaria para cautivar, no solo a Gramuset, sino tambien al pueblo entero que iba a tener la felicidad de gozar de sus beneficios.

Gramuset i Berney arreglaron entre los dos el plan de la conspiracion.

Berney redactó por sí solo la maravillosa constitucion .

Daré a conocer el uno i la otra.

La primera necesidad que debia llenarse era la propagacion de la idea entre los colonos, i el reclutamiento del correspondiente número de afiliados. La cosa era de las mas espinosas. Corríase el riesgo de dar con algun cobarde o algun soplon, que por miedo o vil lisonja lo delataran todo.

Sin embargo, el paso era indispensable, porque la falta de cooperadores podia dejar con las manos atadas a los autores del pensamiento.

Gramuset i Berney no se alucinaban hasta el estremo de creer que con solo proclamar la revuelta a son de caja en la plaza pública, la poblacion los segundaria.

Comprendian demasiado bien que para triunfar necesitaban que el pueblo, o cuando ménos la jente arrojada, estuviera con anticipacion comprometida en la maquinacion.

Pero toda la dificultad estribaba en encontrar un medio de predicar la insurreccion sin esponerse a fracasar. No podrá ménos de confesarse que era empresa, el hallazgo de un espediente para el caso, en una sociedad timorata, como lo era la de Chile. Gramuset, no obstante, inventó uno que parecia bastante feliz.

Consistia en que cada uno de los iniciados se procurase un nuevo prosélito a quien revelaria el proyecto, pero guardándose de descubrirle el nombre i la categoría de los jefes i demas correlijionarios. El neófito estaria en el deber de buscar a su vez otro asociado con las mismas condiciones, i así sucesivamente, hasta donde se pudiera.

Con las precauciones indicadas, si la imprudencia o la traicion hacian que alguno revelara el secreto, éste solo daria a la justicia una indicacion vaga, i no podria entregar mas que a uno solo de los adeptos. La conjuracion seguiria su marcha sin in quietarse, porque uno de los suyos hubiera hablado.

Este método de conspirar se ha hecho comun i vulgar en el presente siglo; pero entonces era todavía nuevo.

Los misioneros de la independencia debian acercarse preferentemente a aquellos que tuvieran motivos de disgusto con el gobierno, i en especial a aquellos que hubieran sido perjudicados por los fallos de la real audiencia.

Cuando se hubiera reclutado un cierto número de personas, se comenzaria a tomar noticias exactas i fidedignas del armamento, municiones i víveres que estuvieran depositados en los diversos parajes de la ciudad, ya pertenecientes al estado, ya a los particulares. Tan luego como se poseyeran estos datos, se procederia a obrar.

El dia designado para dar el golpe, se haria llegar de Valparaíso un falso correo con la noticia de que se avistaban naves inglesas en actitud hostil. Este mensaje introduciria la alarma. Los gobernantes i los miembros de todas las corporaciones se reunirian a deliberar.

Miéntras éstos correrian a la sala del presidente, los conjurados se dirijirian al barrio de la Chimba, en la ribera septentrional del Mapocho.

Allí les arengarian algunos de los frailes a quienes la reforma de los visitadores habia descontentado, i con los cuales contaban.

Muchos de los seculares se disfrazarian tambien con hábitos para esplotar la veneracion que el pueblo tributaba a los individuos de las órdenes relijiosas.

Se repartiria un manifiesto, que se supondría firmado por los regulares, i en el cual se incitaría a los colonos a la rebelion, probándoles que fuera de la república, no hai salvacion para las naciones.

Hecho esto, los circunstantes se dividirian en partidas, de las cuales marcharian, unas al palacio, otras a las cajas reales, otras a la casa de pólvora. Se apoderarian sin obstáculo del presidente, oidores i demas majistrados, a quienes sorprenderian absorbidos en injeniar arbitrios para rechazar la supuesta invasion de los ingleses. El tesoro, los cuarteles, las armas caerian en sus manos con igual facilidad.

La revolucion quedaría consumada sin que persona alguna perdiera una sola hilacha de su propiedad, una gota de sangre de su cuerpo.

Este era el plan de Gramuset, que habia merecido la aprobacion de Berney.

G.ramuset se detenia aquí. Como lo he dicho, queria solo proclamar la independencia, armar el país para estar prevenido contra una invasion i erijir la dictadura.

IX.

Pero Berney pretendia ir mucho mas léjos. Si llegaba a realizarse lo que dejo espuesto, aquello sería únicamente el principio del plan. Su ambicion aspiraba a fundar en Chile una especie de Salento que habia concebido, por el estilo de la de Fenelon.

Habia sido encargado de redactar el manifiesto que habia de distribuirse al pueblo. Aprovechándose de la oportunidad, resolvió insertar en este documento la constitucion de la república-modelo que los chilenos debian organizar para edificacion del mundo,

Estaba tan encantado de su obra, que abrigaba la firme persuasion de que la simple lectura de su proyecto sería suficiente para que los habitantes lo adoptasen. Esta era la gran medida que tenia en reserva para desbaratar las pretensiones dictatoriales de Gramuset.

Nadie debe estrañar que un hombre de talento se engañara con una ilusion de niño. Berney habia pasado su vida entre los libros. Conocia las teorías de los filósofos, pero no la sociedad. Creia que los pueblos, i pueblos en el último grado de atraso, como el de Chile de entónces, se gobiernan con simples raciocinios, como se enseña la ciencia. Semejantes ilusiones son demasiado comunes en los hombres especulativos que viven en el cielo de las ideas, i no en la tierra que pisan.

El manifiesto era, pues, para este conspirador teórico el eje de la maquinacion, la esperanza del triunfo. A su juicio, todo dependia de aquel papel, el cual habia de ser la antorcha que alumbraria a los colonos sobre su destino, i la tea que reduciria a cenizas el edificio colonial de la España.

No se atrevió a redactarlo en Santiago, temiendo que la inspiracion le abandonara en medio del bullicio de la ciudad; i se retiró al campo para escuchar los consejos de su Ejeria en el recojimiento de la soledad. Fué en Polpaico, hacienda de don José Antonio Rojas, donde principió i terminó su trabajo.

Este se divide en dos partes diferentes.

La primera comprende la apolojía de la repxiblica, i trata de demostrar sus ventajas sobre la monarquía.

Berney busca para ello pruebas en la historia sagrada i en la profana, manifestando en esto erudicion, i conocimiento de los hechos, pero sin ninguna comprension de su sentido.

En todas partes solo ve monarquías i repúblicas, que para él son idénticas, por diferentes que sean sus constituciones. El imperio de los asirios i el reino de los franceses eran en aquel escrito estados monárquicos de la misma especie. Roma, Cartago i Venecia eran repúblicas que parecian no diferenciarse en nada. Los lectores estarán mas dispuestos a disculpar tan garrafal equivocacion, cuando recuerden que Berney pertenecia al siglo XVIII, i que en aquel siglo hubo jenios mui grandes que entendieron poco mejor la historia.

Escusado me parece decir que en aquella reseña de los pueblos antiguos i modernos, todos los bienes nacen de la república, todos los males de la monarquía. Al fin Berney llega a la estraña conclusion de que si dos estados verdaderamente republicanos entran en lucha, ninguno de ellos podrá vencer al otro; i de que, por consiguiente, cuando la república sea la constitucion do todas las naciones del globo, reinará una paz universal.

Nada revela mejor en el autor del manifiesto el candor del hombre de letras, abstraído de los negocios del mundo, que la sencillez con que elijió para tela de una proclama dirijida a un pue

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