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llegaba a realizarse lo que dejo espuesto, aquello sería únicamente el principio del plan. Su ambicion aspiraba a fundar en Chile una especie de Salento que habia concebido, por el estilo de la de Fenelon.

Habia sido encargado de redactar el manifiesto que habia de distribuirse al pueblo. Aprovechándose de la oportunidad, resolvió insertar en este documento la constitucion de la república-modelo que los chilenos debian organizar para edificacion del mundo.

Estaba tan encantado de su obra, que abrigaba la firme persuasion de que la simple lectura de su

Í>royecto sería suficiente para que los habitantes o adoptasen. Esta era la gran medida que tenia en reserva para desbaratar las pretensiones dictatoriales de Gramuset.

Nadie debe estrañar que un hombre de talento se engañara con una ilusion de niño. Berney habia pasado su vida entre los libros. Conocia las teorías de los filósofos, pero no la sociedad. Creia que los pueblos, i pueblos en el último grado de atraso, como el de Chile de entónces, se gobiernan con simples raciocinios, como se enseña la ciencia. Semejantes ilusiones son demasiado comunes en los hombres especulativos que viven en el cielo de las ideas, i no en la tierra que pisan.

El manifiesto era, pues, para este conspirador teórico el eje de la maquinacion, la esperanza del triunfo. A su juicio, todo dependia de aquel papel, el cual habia de ser la antorcha que alumbraria a los colonos sobre su destino, i la tea que reduciria a cenizas el edificio colonial de la España. No se atrevió a redactarlo en Santiago, temiendo que la inspiracion le abandonara en medio del bullicio de la ciudad; i se retiró al campo para escuchar los consejos de su Ejeria en el recojimiento de la soledad. Fué en Polpaico, hacienda de don José Antonio Rojas, donde principió i terminó su trabajo.

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Este se divide en dos partes diferentes.

La primera comprende la apolojía de la república, i trata de demostrar sus ventajas sobre la monarquía.

Berney busca para ello pruebas en la historia sagrada i en la profana, manifestando en esto erudicion, i conocimiento de los hechos, pero sin ninguna comprension de su sentido.

En todas partes solo ve monarquías i repúblicas, que para él son idénticas, por diferentes que sean sus constituciones. El imperio de los asirios i el reino de los franceses eran en aquel escrito estados monárquicos de la misma especie. Roma, Cartago i Venecia eran repúblicas que parecian no diferenciarse en nada. Los lectores estarán mas dispuestos a disculpar tan garrafal equivocacion, cuando recuerden que Berney pertenecia al siglo XVIII, i que en aquel siglo hubo jenios mui grandes que entendieron poco mejor la historia.

Escusado me parece decir que en aquella reseña de los pueblos antiguos i modernos, todos los bienes nacen de la república, todos los males de la monarquía. Al fin Berney llega a la estraña conclusion de que si dos estados verdaderamente republicanos entran en lucha, ninguno de ellos podrá vencer al otro; i de que, por consiguiente, cuando la república sea la constitucion de todas las naciones del globo, reinará una paz universal.

Nada revela mejor en el autor del manifiesto el candor del hombre de letras, abstraído de los negocios del mundo, que la sencillez con que elijió para tela de una proclama dirijida a un pueblo que no sabía leer, argumentos sacados de la historia, que con dificultad habrian podido comprender los individuos mas instruidos del país. ¡I sin embargo, aquel escrito era el arma con que Berney pensaba dominar a semejante pueblo!

La segunda parte del manifiesto trataba de la organizacion del estado.

Berney manifiesta en ella ser un precursor de los socialistas del siglo XIX.

La república que propone debia tener por base las leyes del derecho natural. Su constitucion era el desenvolvimiento de dos máximas evangélicas, que deberian estar inscritas al frente de todos los códigos, que deberian estar grabadas en todos los corazones: Ama a tu prójimo como a ti mismo.No hagas a otro lo que no quieras que hagan contigo.

Si resucitaran, decia, los griegos i los romanos, se avergonzarian de sus repúblicas, contemplando la mia.

La pena de muerte no debia aplicarse a ningun reo.

La esclavitud sería abolida.

No habria jerarquías sociales.

Las tierras serian repartidas en porciones iguales.

Gobernaria el estado un cuerpo colejiado con el título de El soberano Senado de la mui noble, mui fuerte i mui católica República Chilena. Sus miembros serian elejidos por el pueblo. Los araucanos enviarian, como los demas habitantes, sus diputados a esta asamblea.

Luego que la revolucion hubiera triunfado, se levantaría un ejército; se fortificarian las ciudades i las costas, no con el objeto de que Chile diera rienda suelta a la ambición de las conquistas, sino con

la fraternidnidad de las Jenero hum

el de que se hiciera respetar, i no se atribuyeran a debilidad las concesiones que le dictaria la justicia.

Entonces se decretaria la libertad del comercio con todas las naciones del orbe, sin escepcion, inclusos los chinos i los negros, inclusa la España misma, aquella madrastra de la América que habia pretendido aislarla del resto de la tierra. Berney, reconociendo la unidad del jénero humano, proclamaba la fraternidad de las razas, como proclamaba la fraternidad de los ciudadanos de una misma república.

El manifiesto termina por un oficio dirijido al rei de las Españas, en el cual se le notifica la resolucion que acababa de tomar el pueblo chileno. Este oficio principia de esta manera:

"Al mui poderoso Monarca español saluda el soberano Senado de la mui noble, mui fuerte i mui católica República Chilena.

"Poderoso Monarca:

“Nuestros ascendientes españoles tuvieron por conveniente elejir por reyes a vuestros ascendientes para gobernarlos; nosotros despues de maduro exámen i esperiencia, hallamos por conveniente dispensaros de tanto peso."

Despues de una declaracion que debia ser mui poco grata para los oídos de aquel a quien era dirijida, el proyectado senado le participa que sus ministros han sido despedidos del país con toda consideracion, no obstante las demasías i arbitrariedades de que se han hecho reos.

Concluye anunciándole que los puertos de Chile estarán abiertos para las naves de la Peninsula, como para las de todas las naciones, sean monarquías o repúblicas; pero que si la España preferia la guerra a la paz tan jenerosamente ofrecida, encontraria a los chilenos prontos i prevenidos.

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Terminada la redaccion del manifiesto, Berney, dejando el retiro de Polpaico, se volvió a Santiago, mui satisfecho de su obra; mas tuvo la desgracia de perder el manuscrito en el camino, i la de no poder encontrarlo a pesar de haber vuelto a recorrer el terreno, i de haberlo examinado palmo a palmo con el mayor cuidado.

Padeció entonces angustias mortales.

El manifiesto no llevaba firma al pié, i no contenia ningun indicio claro que pudiera denunciar al autor. Sin embargo, Berney, en su terror, olvidándose de todo esto, se figuraba que el fatal papel habia, por decirlo así, de tener una voz para delatarle.

No obstante, los dias sucedieron a los dias, sin que se fuera a pedir al conspirador cuenta de su conducta.

Berney fué recuperando poco a poco la sereni. dad.

XI.

Continuáronse con empeño los trabajos de la conjuracion.

Tres nuevos cómplices fueron alistados, a saber: un frances, don Juan Agustin Beyner, químico de profesion, minero por especulacion, maquinista i fundidor en caso necesario, el cual debia encargarse de fabricar pólvora i municiones i de construir cañones de bronce para fortificar el país; un gallego Pacheco, que habia sido condenado, ignoro por qué motivo, a ser desterrado a Mendoza, el cual, miéntras podia ser trasportado a su des

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