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inquieten i perturben la tranquilidad; lo que debe tenerse mui a la vista, i mucho mas cuando los jefes de aquellos cuerpos sean tambien naturales, i aun de las castas de indios mestizos i demas de que se compone aquella poblacion."

152.

Importa tener siempre tropa veterana en los puntos principales de América.

"Esta prudente desconfianza debe servir para que jamas se deje de tener tropa veterana española en los puntos principales i que sean de mas cuidado en Indias, con el fin de que contenga i apoye los cuerpos fijos i milicias en los casos ocurrentes; debe inclinar a nombrar i preferir para jefes i oficiales mayores i menores de aquellos cuerpos todos los europeos que se puedan hallar; i debe tambien obligar a que se mude i renueve la misma tropa española de tiempo en tiempo, no solo con la que vaya a relevarla de Europa, como se hace, sino pasándola con la frecuencia posible de unos territorios a otros, de unas razas de indios a otras, para cortar las relaciones, amistades i otras conexiones que destruyen la disciplina i favorecen la desercion allí mas que en España."

IV.

Efectivamente, los mestizos unidos a los indijenas para sacudir el yugo del comun opresor habrian podido en mas de una ocasion poner en serio peligro la soberanía de España en América.

Aquella era una alianza lójica i natural.

Los estadistas españoles estuvieron siempre temiéndola, i con fundamento, porque la esperiencia les habia manifestado que no era vano recelo.

Durante la época colonial, fueron varias las tentativas de alzamiento contra los dominadores europeos que se tramaron por los indíjenas i los mestizos conjurados al efecto.

El inca historiador Garcilaso de la Vega, mestizo por su oríjen, ha narrado con sentidas frases en los últimos capítulos de los Comentarios Reales las duras persecuciones de que fueron víctimas por una acusacion semejante muchos de los primeros individuos de su raza que hubo en el Perú.

Allá por el año de 1572, vivia retirado en las montañas de Villcapampa el inca Tupac-Amaru, hijo de Manco.

El virrei don Francisco de Toledo, a quien inspiraba sospechas la posicion apartada e independiente en que se habia colocado aquel sucesor de los antiguos i todavía mui venerados soberanos del país, le propuso que viniera a habitar en medio de los conquistadores, ofreciéndole para ello riquezas i honores.

El inca rehusó todas las ofertas.

Tal negativa aumentó la desconfianza del virrei, que sin otro motivo comenzó a suponer que TupacAmaru maquinaba los mas negros proyectos.

Sus cortesanos fomentaron estas presunciones suspicaces i malévolas.

Invocaron en apoyo de ellas diversos hechos, que no es el caso de recordar, i entre otros, mui particularmente el descontento de los mestizos, que, al decir de los cortesanos del virrei, ostentaban grandes simpatías hacia el inca, i se mostraban mui amigos de novedades, "por gozar de los despojos que con el levantamiento podian haber, porque todos, segun se quejaban, andaban pobres i alcanzados de lo necesario para la vida humana" (1).

Sin mas ni mas, el virrei Toledo hizo salir contra Tupac-Amaru un cuerpo de tropas al mando de don Martin García Oñez de Loyola, el mismo que despues debia morir en Chile a manos de los araucanos, el cual efectivamente le condujo preso a la ciudad del Cuzco.

Inmediatamente, el virrei ordenó que se aprisionara a todos los mestizos de veinte años arriba que se hallaban en aquella ciudad, a quienes se acriminaba de complicidad en los pretendidos proyectos de rebelion imputados al inca.

Los mestizos, segun se corria, habian representado al príncipe indíjena la miserable situacion en que ellos se encontraban, i le habian suplicado que mirando como propia su causa, los amparase en su desesperante afliccion.

Hé aquí una muestra de los discursos que se suponia haberle ellos dirijido.

—Nuestros padres han sido los conquistadores de este imperio; algunos de ellos prestaron al rei de España los mas esclarecidos i valiosos servicios. Nuestros abuelos eran los dueños de esta comarca, pues algunas de nuestras madres eran de la sangre real, i muchas otras mujeres nobles, hijas, sobrinas o nietas de los curacas, señores de vasallos. Miéntras tanto, los gobernadores de este reino, olvidados de los méritos de nuestros padres i de los derechos de nuestras madres, lo dan todo a sus parientes i amigos, i nos obligan a nosotros para tener que comer, o a pedir limosna, o a saltear en los caminos; i despues de toda clase de miserias, a terminar en el hospital o en una horca. Dolí) Garcilaso, Comentarios Reales, parte 2, libro 8, capítulo 16.

Icos, inca, de estos vuestros deudos i vasallos; poneos a nuestra cabeza; os sostendrémos hasta el último aliento.

Dados los antecedentes, es harto probable que los mestizos debian proferir en sus conversaciones estas murmuraciones u otras parecidas.

Si lo que se les imputaba era una calumnia, es mui de presumir que algun oríjen tenia.

Pero ¿aquellas lamentaciones habian quedado solo tales, o habian pasado a convertirse en maquinaciones contra la soberanía del rei de España?

Esto era precisamente lo que se trataba de investigar.

Para conseguirlo, el virrei Toledo ordenó que se aplicase a los mestizos el tormento.

• Habiéndolo sabido una india, madre de uno de ellos, penetró como una loca en la cárcel hasta el lugar donde estaba encadenado su hijo.

—¿Es cierto que te van a dar tormento? le preguntó; ¿es cierto que te van a matar?

El prisionero le contestó afirmativamente.

—Súfrelo todo, hijo mio, sin acusar a nadie. Dios te lo recompensará i te pagará lo que tu padre i sus compañeros soportaron para ganar esta tierra a la iglesia, i hacer que sus naturales fuesen cristianos. ¡Es mui justo que los hijos de los conquistadores murais ahorcados por haberse vuestros padres apoderado de este imperio!

El espectáculo de tamaña injusticia i el dolor de madre continuaron llevando su exaltacion hasta el frenesí.

—Si matan a los hijos de los conquistadores i de las mujeres de esta tierra, gritó, ¿por qué no matan tambien a las madres, que merecen igual pena por haberlos parido, i criado, i ayudado a los españoles sus padres, negando a los suyos propios, a enseñorearse de este imperio?

—Pachacamac, continuó, permite todo esto para castigar los pecados de las madres que fueron traidoras a su inca i a sus caciques, i a sus familias por amor a los estranjeros.

—¡Por amor de Dios! señor virrei, señores españoles, quitadme pronto la vida, puesto que confieso mi falta. ¡Dios os lo pagará mui largamente en este mundo i en el otro!

"Diciendo estas cosas i otras semejantes a grandes voces i gritos, refiere Garcilaso, salió de la cárcel, i fué por las calles con la misma vocería, de manera que alborotó a cuantos la oyeron. I valió mucho a los mestizos este clamor que la buena madre hizo, porque viendo la razon que tenia, se apartó el visorrei de su propósito por no causar mas escándalo".

En efecto, Mendoza se limitó a hacer ajusticiar con estramada crueldad, i en medio de los sollozos de todos los espectadores, al infortunado TupacAmaru; mas eximió de la última pena a los mestizos, a quienes, sin embargo, segun las palabras de Garcilaso, "dió otra muerte mas larga i penosa, que fué desterrarlos a diversas partes del nuevo mundo, fuera de todo lo que sus padres ganaron" (1).

V.

Precisamente, algunos años mas tarde, en 1584, ocurrió en Chile, entre otros de la misma especie acontecidos en diversas fechas, un caso mui memorable del eficaz ausilio que los individuos de la

(1) Garcilaso, Comentarios Reales, parte 2, libro 8, capítulo 17.

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