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"Las causas que movieron a la remision de esos reos fueron el poco esclarecimiento que entónces tenia el proceso, la nota de fatuidad de los reos, la dichosa ignorancia de este leal pueblo i el temor de maliciosas imputaciones a personas tan distinguidas por su sangre, como por su lealtad i amor al soberano. I aunque despues de remitidos, se adquirió toda la ilustracion que podia desearse en la materia con el descubrimiento de los papeles que contenian el infame proyecto, como para proceder al castigo correspondiente, era necesario, por una parte, repetir los reos de esa capital, talvez con peligro de su fuga, i por otra, publicar el proceso hasta concluirlo solemnemente por todos sus trámites judiciales en esta ciudad, donde hasta el presente se ignora la verdadera causa de la prision de esos estranjeros, i donde la espresion de algunas personas fácilmente mezcladas por la alucinacion del reo don Antonio Berney pudiera indiscretamente confundirse por el vulgo con una verdadera complicidad, de que les resultaria un perjuicio tan injurioso como irreparable; por lo tanto, se determinó que siguiesen los reos su destino, como estaba mandado, remitiendo con ellos, en lugar del testimonio, la causa orijinal.

"Esto es cuanto ponemos en la sabia i prudente consideracion de Vuestra Excelencia en respuesta de su oficio, esperando siempre se sirva dar las mas activas providencias para la pronta i segura remision de los reos en los primeros navios que del puerto del Callao se hagan a la vela para España.

"Dios guarde a Vuestra Excelencia muchos años. Santiago i octubre 3 de 1783.—Don Tomas Alvarez de Acevedo."

"Al Excelentísimo Señor Virrei Gobernador i

Capitan Jeneral del Perú."

El soberano de las Españas i de las Indias necesitó algunos anos para comunicar a su audiencia de Chile lo que habia resuelto acerca del proceso de Gramuset i Berney, habiendo firmado solo el 14 de setiembre de 1786 la real cédula relativa al asuntó que a continuacion inserto.

"El Rei. Presidente i oidores de mi real audiencia de la ciudad de Santiago de Chile. Con carta de 14 de febrero de 1781, dirijida por mano de mi virrei del Perú, acompañasteis los autos formados contra Antonio Berney i Antonio Gramuset, de nacion francesa, de resultas de la causa criminal que se les habia seguido sobre el proyecto que intentaban de conspiracion i levantamiento en ese reino de Chile. El referido Berney pereció en el naufrajio que acaeció al navío de mi real armada San Pedro Alcántara, en donde venia bajo de partida de rejistro; i el espresado Gramuset falleció en uno de los castillos del puerto de Cádiz, en donde se hallaba preso. I habiéndose visto en mi consejo de las Indias con lo espuesto por mi fiscal, i consultádome sobre ello en 2 de junio de este año, conformándome con su dictamen, i atendiendo a ser poderosísimos i fundados en una seria reflexion i prudencia para obviar mayores inconvenientes los motivos que tuvisteis para no proseguir la sustanciacion de los mencionados autos, i remitirlos con los reos a disposicion del propio consejo, he venido en aprobar vuestro celo i el esmero de los fiscales de esa mi real audiencia; i usando de mi real piedad, he venido en condonar a dichos Berney i Gramuset la pena de muerte, perdicion de bienes e infamia en que incurrieron segun las leyes, titulo 2°, Partida 7.a, i señaladamente la 2.a, de cuya pena no los exonera el haber fallecido, ni el ser regla constante que al muerto no se debe imponer pena corporal, porque no la puede sufrir; pues de esta regla quedan esceptuados los delitos de lesa-majestad, en los que debe darse sentencia declarando por tal reo e infame, i por perdidos sus bienes, al que ántes ha muerto, segun literalmente lo dispone la lei 3.a del citado título Partida 7.a. Lo que os participo para que os halleis enterados. Fecha en San Ildefonso a 14 de setiembre de 1786—Yo el Rei.—Por mandado del Rei Nuetro Señor, Manuel de Nesttares."

¡Monarca misericordioso! ¡Jenerosidad verdaderamente rejia! Perdona la pena de muerte a los difuntos, i levanta la confiscacion de las propiedades de dos personas que no poseian siquiera siete piés de tierra para que les cavaran su sepultura!

Miéntras aparenta hipócritamente concederles la fortuna i la vida, que no puede devolverles, les arrebata en realidad el único bien, el solo tesoro que habrian podido dejar en este mundo: la gloria, i la gratitud de la nacion chilena. Si Berney i Gramuset hubieran subido a un cadalso en la plaza principal de Santiago, como lo pedian los fiscales, con un martirio público habrian alcanzado la inmortalidad. El pueblo habria guardado imborrable el recuerdo de su sacrificio. Los padres habrian trasmitido a sus hijos la relacion de los méritos de estos primeros mártires de la independencia. Sus nombres habrian sido colocados entre los de los próceres de la Patria.

Pero Berney i Gramuset fueron a morir mui léjos del país cuya libertad intentaron fundar, el uno devorado por las olas del océano; el otro, agobiado de fastidio bajo las bóvedas de un calabozo.

Esta doble fatalidad ha sido causa de que hayan tenido por único premio de sus servicios, el olvido. Los que mueren en el mar no tienen lápida. Los que perecen en una prision remota de la comarca en donde han vivido van a confundir sus huesos en la fosa comun con los de la jente desconocida. Nadie se encarga de escribir la necrolojia de un proscrito estranjero cuyas acciones se ignoran, i cuya suerte no interesa.

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¡Pobre Berney! ¡Pobre Gramuset! Fueron desgraciados hasta por el j énero de su suplicio, que sufrido en secreto, les arrebató las simpatías populares, i los defraudó de la merecida fama a que eran acreedores. Hai muchos otros que trabajaron ménos, que padecieron ménos por la emancipacion de Chile, i que sin embargo son famosos.

Tengo todavía que decir unas pocas palabras sobre algunos de los individuos que aparecieron complicados, o si esto parece mas exacto, a quienes se hizo alusion en aquel proceso.

El Pacheco, preso en el cuartel de dragones, a quien Gramuset, segun lo dicho, se habia ganado, fue enviado sin pérdida de tiempo a Mendoza, lugar donde debia cumplir el destierro a que anteriormente habia sido condenado por otro delito.

Beyner recibió órden de salir inmediatamente del país.

Todos los demas comprometidos se cuidaron mui bien, a lo ménos por lo pronto, de guardar el mas profundo secreto.

Mui pocos fueron los que en Chile tuvieron entónces noticia de este primer preludio del mayor acontecimiento americano que iba a realizarse en el siglo XIX, la independencia.

El único cronista nacional que hace referencia al proyecto de Gramuset i Berney es don Vicente de Carvallo i Goyeneche, cuya obra hasta ahora se encuentra manuscrita.

Las siguientes son sus palabras sobre el particular.

"Se hallaban en Chile dos franceses Berney i Gramuset, el primero residia en la capital de preceptor de latinidad i matemáticas; i el segundo en lo interior del país, donde tenia arrendada la estancia de Cumpeu. Tramaron éstos una conspiracion contra el estado. Hallaron entrada en los ánimos mal contentos."

Carvallo i Goyeneche introduce aquí una disertacion contra los ilegales procedimientos de los gobernantes, que producen el disgusto público, i dan de este modo pretesto i ocasion para maquinaciones como la de Gramuset i Berney.

Luego continúa como sigue:

"Acordaron hacerse independientes i establecer el gobierno republicano; i aunque habian elejido proporcionados i conducentes medios a salir con ello, erraron haciéndolo saber a muchos ántes de dar el primer golpe, i uno de los principales, conducido de su fidelidad, despreciando honores i conveniencias que le ofrecian en el nuevo gobierno, orientó al lejítimo i antiguo en la conjuracion; i el señor don Tomas Alvarez de Acevedo, con su sabia prudente sagacidad, la cortó con oportunidad. Se procedió a la prision de los dos franceses, que remitidos a Lima, i de allí a España, perecieron en el navio San Pedro Alcántara en su naufrajio sobre las costas de Peniche. No se dió un paso mas sobre este peligroso asunto; i entregado al silencio, se conformó Su Majestad con este tan piadoso como seguro método; i todo quedó sepultado sin estrépito i sin resultas.

"Con este motivo, abandonó el gobernador la disciplina de las tropas milicianas, i pasó informe al soberano representando inconvenientes en su

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