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en la venganza presente, no tuvo reparo en apoyar una insurreccion de súbditos contra su rei, sin observar que las inmediatas colonias españolas podian quizá en dia no lejano querer imitar el ejemplo de las inglesas, autorizado por el amparo declarado de la metrópoli castellana.

Puede decirse con verdad que la España arriesgó en la empresa perder un mundo, que efectivamente se escapó a su dominacion, por recobrar un peñon que no recuperó, i que ¡Dios sabe hasta cuándo! permanecerá todavía en poder del estranjero.

II.

Apénas triunfantes los Estados Unidos, hubo españoles que supieron apreciar los efectos funestísimos para los intereses de la metrópoli que la emancipacion de aquel pueblo podia traer.

Entre otros, el famoso conde de Aranda, que por odio a la Inglaterra habia sido uno de los mas empeñados en que la España favoreciese la rebelion de las colonias inglesas, i que como representante de Cárlos III firmó en Paris el tratado en que el gobierno español reconoció la independencia de los Estados Unidos, comprendió, apénas consumado el hecho, la inmensa gravedad de las consecuencias que podia producir.

Desde entónces, aquel estadista tuvo la conviccion profunda de que la dominacion de España en América era puramente precaria, i de que la separacion habia de ser asunto solo de algunos años mas o menos.

El objeto de su constante pensamiento fué el de arbitrar la manera de sacar el mejor provecho posible de un acontecimiento que juzgaba inevitable.

Primero, en 1783, propuso la division de la América Española en tres grandes porciones o reinos denominados Méjico, Costa Firme i Perú, que serian adjudicados con el título de reyes a otros tantos infantes de la familia real.

El monarca de España tomaria el rango de emperador; reservaria para sí las islas de Cuba i Puerto Rico; i cobraria a los reyes de América un tributo anual, que sería pagado en barras de plata por el de Méjico; en mazos de tabaco i jéneros coloniales, por el de Costa Firme; i en tejos de oro, por el del Perú.

Todos estos soberanos i sus hijos deberian casarse con infantas de España o de su familia (1).

El plan propuesto, como se ve, era completamente quimérico.

A la vuelta de mui pocos años, los reyes tributarios, a despecho de las pobres precauciones imajinadas por el conde, habrian rehusado continuar sin motivo ni ventaja en una condicion subalterna i humillante.

El mismo Aranda debió convencerse de ello; puesto que en 1786 sometió a la consideracion de Floridablanca un nuevo proyecto, cuyos principales artículos eran los que siguen:

La España debia conservar todo lo que poseia desde los Estados Unidos hasta el reino de Quito, inclusas las Antillas.

Debia ceder a la casa de Braganza en cambio de Portugal, que se agregaria a España, el Perú, "que por sus espaldas se une con el Brasil, tomando por límite la embocadura del rio de las Amazonas, siempre rio arriba, hasta donde se pudiese

(1) Muricl, España bajo el reinado de la casa de Barbon, capitulo 8.° adicional.

tirar una línea que fuese a caer a Paita, i aun en necesidad, mas arriba, a Guayaquil."

Debia por último formar con las jurisdicciones de Buenos Aires i Chile un reino para uno de los infantes.

Si para hacer posible la realizacion del pensamiento, era menester dar a la casa de Braganza tambien el reino de Chile, Aranda estaba dispuesto a que se cediera.

Este segundo plan era tan inejecutable como el otro, o mas quizá.

Su mismo autor era el primero en conocerlo. "Pero, decia en el lenguaje amanerado que le era propio, ¿i el señor de los fidalgos querria buenamente prestarse? Pero ¿cabria, aun queriendo, que se hiciese de golpe i zumbido? Pero ¿i otras potencias de Europa dejarian de influir u obrar en contrario? Pero...... i cien peros; i yo diré que soñaba el ciego que veia, i soñaba lo que queria; i si soñé yo, porque me he llenado la cabeza de que la América Meridional se nos irá de las manos, i ya que hubiese de suceder, mejor era un cambio que nada, no me hago proyectista ni profeta" (1).

La conviccion de que la América tarde o temprano habia de hacerse independiente era tan arraigada en el conde de Aranda, que todo su empeño se dirijia a que fuera esplotada cuanto mas se pudiera. "Miéntras la tengamos, decia, hagamos uso de lo que nos pueda ayudar para que tomemos sustancia, pues en llegándola a perder, nos faltaria ese pedazo de tocino para el caldo gordo" (2).

Sin embargo, esto que Aranda proponia a Flo

(1) Aranda, Garla a FloridabUnca, fecha 12 de marzo de 1786.

(2) Aranda, Oarta a Ftoridablanca, fecha 21 de julio de 1786.

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ridablanca no era una novedad. Antes i despues de esta época, la América fué en el periodo colonial un pedazo de tocino para el caldo gordo de h. metrópoli.

Pero sea de ello lo que se quiera, Aranda tenia sobradísima razon en sus temores. Era evidente que el ejemplo de los Estados Unidos, años ántes o años despues, habia de inquietar a las colonias vecinas.

III.

Sería desacordado el sostener que la revolucion hispano-americana haya sido una simple imitacion.

Las causas que dan oríjen a los grandes trastornos sociales son casi siempre varias i complejas.

Mas es fuera de duda que la independencia de las colonias inglesas contribuyó a la de las españolas.

Ella no fué la única causa de la revolucion hispano-americana, pero fué una de sus causas.

Precisamente, uno de los primeros i mas insignes caudillos de la emancipacion hispano-americana, el venezolano don Francisco Miranda, principió su carrera militar sirviendo de capitan en el continjente de la tropa que España envió al ausilio de la insurreccion de las colonias inglesas.

Miranda adquirió en el trato con los angloamericanos sus ideas de libertad, i concibió ante el bello espectáculo de un pueblo que conquista la independencia a costa de toda especie de esfuerzos, el proyecto de trabajar para que la abatida América Española lograse igual beneficio.

Apénas habia terminado la revolucion de Norte América, cuando Miranda intentó ya en 1783, con el italiano don Luis Vidalle, promover en Venezuela, su patria, una insurreccion análoga a la delos Estados Unidos (1).

Así, aunque es cierto que aquel ilustre americano solo mas tarde pudo poner en ejecucion su proyecto, sin embargo, el haberlo concebido en el año citado está manifestando la influencia patente e inmediata que el ejemplo de la república del Norte ejerció desde luego en el ánimo de muchos hispano-americanos.

IV.

El relijioso español frai Melchor Martínez, testigo ocular de los sucesos, que escribió la historia de la revolucion chilena desde 1808 hasta 1814, enumera entre las principales causas de este acontecimiento el deseo de imitar lo que se habia ejecutado en la América Inglesa i la activa propaganda que, segun asegura, hacian los republicanos norte-americanos en los dominios españoles de este continente.

Sus aserciones i sus reflexiones merecen conocerse.

Hélas aquí.

"La sagrada escritura nos dice que Dios prohibió al pueblo israelita los enlaces con mujeres idólatras, i da la razon: porque sabe ciertísimamente que su compañía i trato los arrastrarian a la idolatría; i este precepto no escluye a los sabios, pues Salomon, el mas sabio de los mortales, que quebrantó el precepto, incurrió i abrazó el error de la idolatría, seducido por sus mujeres, i con la cir

(1) Lafuente, Historia de España, parte 3, libro 8, capítulo 21, párrafo 2 en una nota.

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