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raza mezclada podian prestar a los indíjenas en su porfiada lucha contra los conquistadores.

Gobernaba por entónces este país don Alonso de Sotomayor.

Como de costumbre, la tierra de Arauco estaba en abierta rebelion.

El principal caudillo de los insurrectos, el que los animaba con sus consejos, i el que los conducia en persona a la pelea, era un mestizo, desertor del ejército real, llamado Alonso Diaz.

Los españoles tuvieron que entrar con él varias veces en batalla campal; i aunque obtuvieron siempre la victoria, no la consiguieron nunca con la facilidad que habian aguardado.

El mestizo era derrotado; pero sin desalentarse, volvia a la carga en la primera oportunidad.

El gobernador le ofreció perdonarle, si se separaba de los araucanos.

El mestizo rehusó con altivez.

El gobernador procuró entónces halagarle, no solo con el indulto, sino tambien con una valiosa gratificacion.

El mestizo rehusó con la misma arrogancia que ántes la oferta mejorada.

Los indios lo supieron; i como era natural, el ascendiente de Diaz sobre ellos llegó a ser estraordinario.

I hacian bien al confiar en su caudillo, pues las derrotas sucesivas no quebrantaban la indomable enerjía del mestizo.

Sin embargo, allá a fines del año de 1584, el maestre de campo don Alonso García Ramon le hizo esperimentar el mas tremendo de los desastres, desbaratando completamente todas sus fuerzas.

Viéndose casi solo, Diaz, que acostumbraba retirarse el último de la pelea, buscó un refujio en un coligual o cañaveral vecino, donde le sorprendió el soldado Juan Martin o Mon.

El español se dispuso para matarle en el acto; pero, a lo que se refiere, el mestizo suplicó por amor de Dios el que se le dejase tiempo para morir cristianamente.

Juan Martin accedió a la súplica.

Parece que Diaz no solo deseó arreglar su partida al otro mundo, sino tambien prolongar la existencia en éste.

Así lo hace creer por lo ménos el haber ofrecido a don Alonso García Ramon ayudarle a sorprender a un mulato, cuyo nombre no se dice, el cual como capitan de indios causaba grandes daños a los conquistadores.

Pero la indigna accion del mestizo no produjo resultado; pues el camarada a quien habia intentado entregar logró por entónces escapar, i Diaz pereció en un suplicio con manifiestas señales de sincero arrepentimiento, segun cuentan las crónicas nacionales.

Apénas sucedía esto, cuando el mulato mencionado tenia la osadía de atacar por sorpresa el campamento de García Ramon.

"Fué el aprieto en que los españoles se vieron a este tiempo, dice Mariño de Lovera refiriendo este suceso, uno de los mayores que se han escrito en esta historia, por estar los nuestros tan descuidados i dormidos, sin jénero de recelo. M as con todo eso salieron al punto tan despiertos como si lo estuvieran de mucho ántes, i se dieron de las hastas con los enemigos con tanta furia de ambas partes, que hubo indio que pasó de una lanzada ambos arzones de una silla de armas i los muslos del que estaba en ella, entre los pocos que habian acertado a salir en sus caballos. Plugo a Nuestro Señor que en la calle por donde entraron los contrarios, estuviese el sarjento mayor Alonso García Ramon, el cual con su buena dilijencia les impidió que ganasen el cuerpo de guardia; i tambien fué gran parte para ello un arcabuzazo que derribó al mulato adalid de las huestes indias, con lo cual fué su ejército de vencida, siguiendo los nuestros la victoria hasta un rio que estaba cerca de los reales. Los heridos de nuestro campo no fueron pocos, pero muchos mas sin comparacion fueron los heridos i muertos del bando contrario, lo cual fué de grande importancia para bajar los brios i avilantez con que los indios andaban orgullosos" (1).

VI.

Figuró todavía en Chile otro mestizo mas famoso i mas feliz que Alonso Diaz, el cual hizo esperimentar serios temores a los españoles.

Allá por el año de 1656, servia de simple soldado en el ejército real un individuo de esta especie llamado Alejo, que sobresalia por la bravura i por la destreza en el manejo del arcabuz.

Aquel militar, que tenia el ánimo levantado, pretendió ser ascendido a oficial.

Su solicitud fué desatendida, habiéndosele acordado una recompensa en dinero, pero no el grado a que aspiraba.

Alejo supo que el motivo de aquella resolucion habia sido su calidad de mestizo.

(1) Caro de Tórres, Relacion delos servicios de don Alonso de Sotomayor.—Marino de Lovera, Crónica del reino de Chile, libro 3, capitulo 32. —Córdoba i Figueroa, Historia de Chile, libro 3, capítulos 10 i 11.— Olivares, Historia Militar, Civil i Sagrada de Chile, libro 4, capítulos 6,

—Puesto que no se quiere considerarme como español, dijo, seré entónces indio, i me comportaré como tal.

Al poco tiempo, se habia desertado, i pasado a los araucanos, de los cuales llegó a ser uno de los principales caudillos.

Su arrojo i su habilidad solo pueden compararse a su buena suerte.

En tres batallas campales, derrotó sucesivamente a las tropas del gobierno, cuyos jefes perdieron en dos de ellas la existencia.

"El que hoi hace la guerra mas viva, escribia al rei en 2 de abril de 1657, don Alonso de Solórzano i Velazco, es un soldado del ejército, mestizo, nombrado Alejos, que se pasó al indio, i es el que corre la campaña, i que mató i aprisionó este año en la quebrada del Molino del Ciego la jente mas valerosa i de mas reputacion que tenia el real ejército, i quedó lleno de las mejores armas i caballos".

"El mestizo Alejos, agrega mas adelante en la misma carta, hizo una gran presa de mas de doscientas personas junto al Molino del Ciego, de las mas esforzadas del real ejército, unos muertos i otros prisioneros."

Afortunadamente para los conquistadores, Alejo no tardó en perecer víctima de una venganza privada.

Dos mujeres, a quienes desdeñaba, i habia abandonado por una tercera, se aprovecharon para matarle de un momento en que se hallaba adormecido por la embriaguez.

Las dos mujeres huyeron al campo español, donde se les recompensó su accion concediéndoles por toda la vida racion i sueldo de soldado.

Segun el cronista Córdoba i Figueroa, "vino real cédula de recomendacion sobre el asunto de su captura o muerte."

"¡Tantos eran los males que no solo en Chile, sino en España misma, se temian de aquel mestizo" (1).

VIL

I si bien lo consideramos, el gobierno central i el local tenian fundadisimos motivos para alarmarse de que pudiera efectuarse una liga entre la raza indijena i la proveniente de las mezclas.

Ya en el segundo volúmen de esta obra, he mencionado numerosos hechos i citado muchos documentos por los cuales se prueba que los mismos indios sometidos soportaban el yugo estranjero con mucha impaciencia, i que les sobraban los deseos de lograr una oportunidad para libertarse.

Veamos ahora lo que acerca de este punto escribia al rei en 2 de abril de 1657 don Alonso de Solórzano i Velazco.

"Lo que represento yo, con no poca confusion mia a Vuestra Majestad es lo poco que se han adelantado estas armas con haberlas socorrido Vuestra Majestad, segun se ha hecho el cómputo, con mas de veinte mil hombres, de que se han muerto los diez i ocho mil, i consumídose los ménos, que han conseguido licencias i se han huido. I se han hecho de socorros diez i siete millones en ciento cinco años que há se dió principio a la conquista, perdidos los fuertes i presidios, dueño el enemigo de la campaña, sin esperanza de poderle avasallar, con fortuna, con sus campeadas, lleno de despojos,

(1) Córdoba i Figueroa, Historia de Chile, libro 6, capítulos 22, 23 i 24, i libro 6, capítulo 1.

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