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“Nos hemos esplayado mucho en este informe a fin de dar a Usía, que acaba de tomar las rien. das del gobierno superior, alguna idea de las operaciones estranjeras contra nuestro rei i sus fieles vasallos; i aunque podríamos decir mucho mas, lo escusamos, reproduciendo sí el anterior informe del señor administrador de esta real aduana para que en su vista, i de cuanto llevamos referido, se digne resolver con audiencia del señor fiscal lo mas conveniente al real servicio.

“Santiago 7 de marzo de 1816.-José Ignacio de Arangua.-Francisco Marin ORian."

VI.

Los interesantes documentos que acaban de leerse, escritos por contemporáneos que podian apreciar como testigos de vista las causas de los sucesos, demuestran prácticamente, por decirlo así, la influencia de los Estados Unidos en el levantamiento de las posesiones hispano-americanas contra la metrópoli.

Pero si indudablemente la insurreccion de las colonias inglesas contribuyó a promover la de las españolas, no tuvo menos parte en esto la gran revolucion que principió en Francia el año de 1789.

Aquel jigantesco trastorno social era la aplicacion de las doctrinas de los filósofos del siglo XVIII, esto es, la negacion i destruccion de los poderes que pretendian fundarse en el derecho divino. En medio de las conmociones mas espantosas, en medio de las hecatombes mas sangrientas, se proclamó i se convirtió en realidad el principio de que los gobiernos de la tierra traian su oríjen de los pactos i conquistas de los hombres, i no de decretos particulares de Dios.

El ruido que se hacía en Europa al practicar la nueva teoría era demasiado estrepitoso para que no atravesara el Atlántico, por mucha que sea la ostension de tan dilatado océano; i para que no penetrara hasta los establecimientos españoles, por minuciosas i suspicaces que fueran las precauciones tomadas por la metrópoli a fin de estorbar la introduccion de ideas contrarias a su sistema e intereses.

Lo que estaba sucediendo en Europa, i especialmente en Francia, tendia a manifestar que el Creador del mundo no habia adjudicado por la boca del papa Alejandro VI a los reyes católicos el señorio del estenso continente descubierto por Colon.

La sumision a la Península, que hasta entónces habia sido un artículo de fe, comenzaba a quebrantarse.

Algunos de los estadistas españoles comprendieron al punto cuán funestas podian ser aquellas nuevas ideas para la dominacion de España en el continente americano.

El mas previsor de ellos, el condo de Aranda, dirijia por escrito sobre el particular a Cárlos IV, entre otras, las reflexiones que siguen.

"La neutralidad armada, no solo es conveniente con respecto a la contienda de Europa, sino que nos conviene tambien para nuestros estados de América. No hai que hacernos ilusiones en cuanto a esto. No se piense que nuestra América está tan inocente como en los siglos pasados, ni tan despoblada, ni se crea que faltan jentes instruidas que ven que aquellos habitantes están olvidados en su propio suelo, que son tratados con rigor, i que les chupan la sustancia los nacidos en la matriz, ni ignoran tampoco que en varias partes de aquel continente ha habido fuertes conmociones i costado jentes i caudales el sosegarlas; para lo cual ha sido necesario que fuesen fuerzas de Europa. No se les oculta nada de lo que por aquí pasa; tienen libros que los instruyan de las nuevas máximas de libertad; i no faltarán propagandistas que irán a persuadirles, si llega el caso. La parte del Mar del Sur está ya contajiada; la del Mar del Norte tiene, no solo el ejemplo, sino tambien el influjo de las colonias inglesas, que estando próximas pueden dar ausilios. Rodéanla tambien muchas islas de varias naciones que en caso de levantamientos se mirarian como americanas" (1).

Efectivamente los temores del conde se realizaron en todas sus partes, por muchas i minuciosas que fuesen las providencias que se dictaron para prevenir el peligro. Los hispano-americanos, inclusos los chilenos, fueron adquiriendo el conocimiento, aunque imperfecto, de las ideas propaladas por la revolucion francesa, i de los sucesos estraordinarios a que iban dando oríjen. Aquello causó a la mayoría un horror mui natural; pero a otros los fué haciendo pensar. Algunas convicciones comenzaron a flaquear.

Las ideas revolucionarias eran tanto mas peligrosas, cuanto que se aunaban para apoyarlas la razon, i la conveniencia de los colonos, a quienes elréjimen establecido perjudicaba en estremo, segun la confesion del mismo Aranda.

VIL

Creo que interesará el conocer una de las primeras manifestaciones, de que han quedado vesti

(1) Aranda, Representacion al Ilei. fecha 23 de febrero de 1793.

jios, producidas en Chile por la influencia de la revolucion francesa.

Vivia en la Serena un presbítero llamado don Clemente Moran, que se distinguia por lo desaseado en el vestir i lo cáutisco en el hablar, a quien se acusaba de morder en prosa i verso al prójimo, en vez de ejemplarizarle con el buen desempeño de su ministerio sacerdotal. A lo ménos tal es el retrato que nos ha dejado de él en unas décimas el padre López, poeta popular de aquella época.

Moran, por desengañarte,
movido de caridad,
pretendo con claridad
el evanjelio cantarte.
No hai en este mundo parte
que no sepa tu simpleza;
ya no hai estrado ni mesa
donde no se hable de ti,
pues no se ha visto hasta aquí
tan trabucada cabeza.

¿No es mejor que te destines
a cuidar solo de ti
i no andar de aquí i de allí
poniendo a todos pasquines?
¿Es posible que imajines
que esta es obra meritoria?
Basta. Dile a tu memoria
que estos yerros olvidando,
siga siempre contemplando
mundo, juicio, infierno i gloria.

¿No es locura, estar, Clemente,
cual Diojencs encerrado
en un tinajon quebrado
sin comunicar con jente?

¡Miserable penitonte,
oh! qué poco te aprovecha
pasar vida tan estrecha
sin ser por el Dios eternol
En fin allá en el infierno
te harán aguantar la mecha.

Si a los mandamientos vas a ver cuál has quebrantado, del sesto te habrás librado, pero no de los demas. De dia i de noche estás como leon devorador; jamas hablas en favor de ninguno que aquí viene; i mui poco de Dios tiene hombre que es murmurador.

Tú, sin saber predicar, no hai sermon que no motejes, ni obra ninguna que dojes do morder i criticar; Moran, esto no es estar sirviéndole a aquel buen Dios; recuerda, hombre, vuelve en vos, deja esa vida altanera, mira que allá se te espera un castigo mui atroz.

Si por un solo pecado tantos ánjeles cayeron i en un momento perdieron el bien que habian logrado, ¿por que vives tú confiado en que te puedes salvar, si no dejas do quitar crédito, fama i honor, que es el pocado mayor que se puede imajinar?

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