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tido por el excelentísimo señor presidente, con la sumaria informacion que acompaña, i lo espuesto sobre todo por el señor fiscal, fueron de dictámen los señores que lo componen: que residiendo en Su Excelencia el alto i superior gobierno de este reino, i competiéndole en su consecuencia la potestad política i económica necesaria para conservar en quietud i tranquilidad sus provincias, puede en uso i ejercicio de ella formar procesos puramente informativos contra los clérigos o relijiosos que pretendan perturbar la paz, buen órden i sosiego público con designios sediciosos, o con espresiones que se dirijan a inspirar en los ánimos de los ciudadanos ideas contrarias al profundo respeto i sumisa veneracion que deben tributar de justicia a sus augustos soberanos; i en esta atencion (contrayéndose el acuerdo al caso que motiva la consulta) es de parecer que luego que llegue a esta ciudad el clérigo don Clemente Moran, se le destine provisionalmente al convento que acordare Su Excelencia con el reverendo obispo de esta diócesis para que en él se mantenga recluso, i se le pueda tomar la declaracion instructiva correspondiente; i evacuada que sea esta dilijencia, i oído el señor fiscal, podrá Su Excelencia librar por la misma via económica la providencia que estime mas conforme i arreglada a los méritos que suministre el proceso, poniéndola en noticia del reverendo obispo su prelado para su debida intelijencia i gobierno, i dando cuenta con testimonio de lo actuado a Su Majestad, si fuese estrañado de estos reinos, o si por otro respecto considerase digna esta causa de su soberana atencion; i mandaron que sacándose testimonio del oficio de Su Excelencia, de la vista del señor fiscal i de este auto para que se archive, se conteste a Su Excelencia devolviéndole la sumaria remitida.—José de Rezahal i ligarte. Alonso González Pérez.—Ante mí, Melchor Román."

Tan pronto como hubo llegado a Santiago el presbítero Moran, a quien la lijereza de la lengua parecia condenar, no solo a sufrir en la otra vida, segun se lo anunciaban las décimas del padre López, sino tambien en ésta, fué encerrado en el convento de Santo Domingo.

No fué difícil al reo manifestar al obispo que el asunto estaba mui distante de haber tenido las proporciones que al presidente se le habia ocurrido darle. Todo no habia pasado de una habladuría impertinente del clérigo, i de un exceso de celo del subdelegado de Coquimbo que le habia denunciado. El pobre coplero Moran era un murmurador de aldea, que no tenia siquiera estampa de apóstol revolucionario.

Toda la gravedad que el caso presentaba se reducia a que en la colonia de Chile se hubiera aludido mas o ménos seriamente en una conversacion privada a la revolucion francesa.

El diocesano tomó la defensa del presbítero acusado; pero O'Higgins, demasiado asustadizo en tales materias, o demasiado solícito en ostentar su empeño por conservar inmaculada la fe de sus subordinados en la autoridad real, se mantuvo firme en perseguir hasta la sombra de una adhesion a ideas suversivas del réjimen establecido.

El obispo entabló entónces competencia al presidente, i recurrió al monarca dándole cuenta de lo que sucedia (1).

El asunto era tan claro e insignificante, aunque O'Higgins sostuviera lo contrario, que la audien

(1) Real Oédukt, fecha en Aranjuez a 17 de junio de 1796.

cia formó el mismo concepto que el prelado, ordenando por lo tanto, que provisionalmente, miéntras el presidente tomaba una resolucion definitiva, se relajara la prision del reo, señalándole por cárcel la ciudad de Santiago, a fin de no aumentar sin objeto sus padecimientos (1).

Parece aun que el tribunal fué hasta proponer al presidente que permitiera al presbítero Moran volverse a la Serena; pero el terrible O'Higgins rechazó sin vacilar semejante insinuacion, como aparece del oficio que sigue.

"Ilustrísimo Señor:

"Habiéndose visto en el real acuerdo de este reino el proceso informativo que el subdelegado de Coquimbo inició contra el presbítero don Clemente Moran por sus sentimientos i espresiones sobre la revolucion presente de la Francia, i que yo le remití por voto consultivo para que me espresase su dictámen acerca de su mérito i providencias que debería espedir en consecuencia, me ha espuesto lo que Vuestra Señoría Ilustrísima verá por la copia del auto que le acompaño, i me he conformado en todo con su tenor, ménos en la parte que indica poder yo permitir a aquel eclesiástico regrese a Coquimbo a continuar el servicio de su plaza de sacristan mayor de la iglesia parroquial de aquella ciudad, pues pienso que por el contrario debe prohibírsele esto para siempre, i que es de la obligacion de Vuestra Señoría Ilustrísima i de la mia en el caso proporcionar a este individuo un empleo equivalente dentro de la capital, en que cerca de su prelado i de la vista del gobierno, puedan ambos contenerle i refrenar su

(1) Oficio del rejente don José de Rezabal al obispo Maran, fecha 15 de diciembre de 1795.

lijereza i falta de reflexion con que se ha manejado hasta ahora en su patria, en donde, si siempre eran peligrosos sujenioi modo de pensar, se hacen mas arriesgados en el dia en que aquel puerto se frecuenta por estranjeros a favor de la pesca de la ballena, i no es prudente ni fundado creer deje de ser en adelante lo que ha sido hasta aqui. Espero que Vuestra Señoría Ilustrísima concurrirá conmigo a dar este paso del servicio de nuestro soberano, a quien voi a dar cuenta de esta determinacion para su intelijencia; i luego que la haya evacuado con testimonio completo de lo actuado, devolveré a manos de Vuestra Señoría Ilustrisima la sumaria formada anteriormente en esta curia episcopal por otros excesos del mismo Moran, que se han tenido ahora presentes. Dios guarde a Vuestra Señoría Ilustrisima muchos años. Osorno 16 de enero de 1796.—El Baron de Ballenary.—Ilustrísimo Señor Obispo de Santiago Doctor Don Francisco José de Maran."

"Habiéndose visto este asunto en mi Consejo de las Indias, con lo espuesto por mi fiscal, he resuelto, decia el rei al presidente O'Higgins en real cédula fecha en Aranjuez a 17 de junio de 1796, por representaciones del obispo Maran, que unido con el referido reverendo obispo sustancieis i determineis la mencionada causa del presbítero don Clemente Moran, conforme a derecho i su naturaleza, a la mayor brevedad, i dando cuenta con justificacion; todo sin perjuicio del derecho i jurisdiccion que a cada uno corresponda."

A pesar de la terminante disposicion real que acaba de leerse, la causa del afrancesado presbítero Moran estaba todavía sin fallarse en 12 de diciembre de 1798, época en que su tenaz perseguidor don Ambrosio O'Higgins habia sido ya ascendido de presidente de Chile a virrei del Perú (1).

VIII.

El incidente que acabo de referir, ademas de suministrar un ejemplo característico de la estremada i suspicaz vijilancia empleada par los ajentes de la metrópoli para impedir la difusion en América de doctrinas contrarias al sistema colonial, manifiesta que sus precauciones, por puerilmente minuciosas que fueran, no eran suficientes para conseguir el objeto a que aspiraban.

En efecto, las teorías filosóficas que produjeron en Europa la gran revolucion de fines del siglo XVIII habian penetrado en el nuevo mundo, i aun en el apartado Chile, a pesar de los formidables obstáculos que el gobierno español habia levantado para prohibir la introduccion en sus dominios ultramarinos de los conocimientos que pudieran serle desfavorables. El contrabando de las ideas era tan grande, como el de las mercancías.

Sin embargo, esto no quiere decir que el atolondramiento del presbítero Moran tuviese muchos imitadores, ni aun en chanza.- Los que hubieran osado declararse partidarios de la revolucion francesa habrian sido reputados locos, o monstruos, segun los casos. La negacion de la autoridad divina del rei habia sido equiparada a la de uno de los dogmas de la relijion.

El pensamiento de la independencia era una insensatez, un delirio, un horror.

Pero la ajitacion europea habia venido a pro

(1) Oficio del marques de Aviles al obispo liaran, fecha de 12 de diciembre de 1798.

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