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ducir en Chile dos movimientos intelectuales mui notables, el uno económico, podemos llamarlo así; i el otro político.

Algunos criollos eminentes veian con disgusto sumo el estado de atraso i de abatimiento a que las malas leyes i una administracion peor tenian reducido a un país como Chile, tan privilejiado por la naturaleza; i aunque siendo todavía vasallos mui fieles i sumisos, anhelaban por la plantacion de reformas materiales a que el réjimen existente ponia embarazos de todo j énero.

Palpaban la estremada miseria pública, i ardian en deseos de remediarla.

Estaban mui prontos a acatar a su rei i señor; pero al propio tiempo pretendian con empeño que los vasallos fuesen ilustrados i ricos.

En el candor de su entusiasmo por el bien, vivian persuadidos de que el mejor modo de servir al soberano de las Españas i de las Indias era hacer que sus súbditos fuesen felices i opulentos.

Estos reformadores clamaban con ardor por la fundacion de escuelas i la apertura de talleres, por la realizacion de cien mejoras, que no concebian pudieran ser perjudiciales a los intereses del monarca.

El desengaño de tales ilusiones habia de venir pronto.

Coincidia con esta ansia de progreso material la adquisicion por algunas intelijencias aventajadas i mas atrevidas del conocimiento de las teorías políticas modernas, fundadas en el mayor provecho, no de unos pocos, sino de todos.

Algunos comenzaban a leer, en vez de Solórzano i de los comentadores de las Partidas, a Montesquieu, Raynal, i aun a Rousseau. Don José Antonio Rójas habia introducido un ejemplar de la

ascendido de presidente de Chile
rú (1).

VIII.

El incidente que acabo de refc
suministrar un ejemplo característ
mada i suspicaz vijilancia empleac
tes de la metrópoli para impedir
América de doctrinas contrarias a1
nial, manifiesta que sus precauciono
mente minuciosas que fueran, no er
para conseguir el objeto a que aspir;'

En efecto, las teorías filosóficas
ron en Europa la gran revolucion di
glo XVIII habian penetrado en el n
i aun en el apartado Chile, a pesar de
bles obstáculos que el gobierno espai
vantado para prohibir la introdúcelo» -
minios ultramarinos de los conocimieii
dieran serle desfavorables. El contraL
ideas era tan grande, como el de las mi

Sin embargo, esto no quiere decir qu
dramiento del presbítero Moran tuvk
imitadores, ni aun en chanza.- Los qu
osado declararse partidarios de la revo
cesa habrian sido reputados locos, o
segun los casos. La negacion de la auto
na del rei habia sido equiparada a la
los dogmas de la relijion.

El pensamiento de la independencia c sensatez, un delirio, un horror.

Pero la ajitacion europea habia veni

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(1) Oficio de l marques de Aviles al obispo Moran, fecha ciembre de 1798.

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Enciclopedia de D'Alembert i Diderot, que existe hasta ahora en su testamentaría.

Sin embargo, tales lecturas constituian únicamente el solaz especulativo de algunos estudiosos, que se instruian en las teorías de aquellos autores por puro pasatiempo intelectual, sin ocurrírseles, ni como hipótesis, el pensamiento de esforzarse para que se practicaran en su país.

Pero aunque por lo pronto aquel conato de reformas económicas i aquel principio de modificacion radical en las creencias políticas estuviesen todavía mui léjos de ser ya una revolucion en accion, importaban indudablemente una preparacion para un gran trastorno social; pues aquellas nuevas i lejítimas aspiraciones no podian de ninguna manera ser satisfechas bajo el réjimen español, que era esencialmente contrario a ellas.

Así, aquellos dos impulsos que llevaban los espíritus, el uno a conocer lo que es el derecho humano, i el otro, a exijir que se dictasen medidas para procurar mayor bienestar a los míseros habitantes de Chile, tendian eficazmente, sin que lo advirtiesen sus promotores, a destruir por la base el órden de cosas existente.

Ahora bien, adviértase que en semejante situacion, habia hombres que encontraban en los autotores de su predileccion i respeto aseveraciones como la siguiente de Montesquieu:

"Las Indias i España son dos potencias bajo un mismo amo; pero las Indias son lo principal, cuando España no es mas que lo accesorio. En vano querrá la política hacer que lo accesorio arrastre a lo principal; i por tanto, las Indias se atraerán hacia ellas a la España" (1).

(1) Montesquieu, Espíritu de las Leyes, libro 21, capítulo 22.

Sin duda los que esto leian eran pocos, i todavía eran ménos los que lo meditaban; pero una observacion como la de Montesquieu que acabo de citar, una vez arrojada en terreno bien preparado, tiene una fecundidad asombrosa.

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