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i las mayores armas i caballos, con numerosas juntas, i los nuestros sin indios amigos, i cuando nos han desangrado a pausas, con diferentes pérdidas de las estancias, alhajas i jente de servicio i chusma; la jente de mas pecho i valor, prisioneros, muertos i ausentes; i la mas que ha quedado de pocas obligaciones, bisonos i sin reputacion; cada dia con recelos de que se alzan los domésticos, que han quedado tan soberbios i rebeldes, que por momentos pone en cuidado a la real audiencia a prevenir que los correjidores de los partidos los descabalguen i los desarmen."

Como lo he manifestado en otro lugar, estos temores de alzamientos de los indijenas sometidos no eran quiméricos, sino mui fundados i razonables.

Mas de medio siglo despues de haber Solórzano i Velazco escrito la carta de que acabo de hablar, esto es, en 1711, los indios encomendados de Chiloé se sublevaron, i degollaron a muchos de sus amos.

Todavía mas tarde, en 1715, estuvo al estallar una vastísima conspiracion de la misma clase, combinada por los araucanos i yanaconas o indios de servicio.

Dejo la palabra sobre este asunto al autor contemporáneo don Pedro de Córdoba i Figueroa.

Hé aquí como se espresa.

"Esta apacible calma de la paz se hubo de alterar en Chile por los indios yanaconas (que son los que sirven i están acimentados entre españoles) queriéndose sublevar, cuyo manejo se trató con el ultimo secreto para que se ejecutase el dia de ceniza: i para avisarse, fué el signo hacer ahumadas de día, i fuegos de noche, en los montes mas elevados; i fué tan rápida su corrida de flecha, segun el lenguaje del país, que su curso llegó a doscientas cincuenta leguas; mas con casualidad venturosa, se llegó a entender, i se arrestaron en diversas partes ochenta personas. Era correjidor de la Concepcion, i maestre de campo jeneral, don Fermin Ustáriz, hijo del gobernador, quien en caso tan arduo, se mostró con mucho juicio, actividad i prudencia. Quitáronles la vida a cuatro, i otros salieron desterrados del reino, i quedó todo tranquilo" (1).

Los hechos precedentes, i otros análogos que he referido en el segundo volúmen de esta obra, manifiestan demasiado que si la raza indíjena i la mezclada, las dos mas numerosas de los dominios hispano-americanos, i ambas mui maltratadas por los españoles i sus descendientes, se hubieran ligado contra el comun opresor, el conflicto habria podido ser mui serio para los conquistadores.

Los gobernantes de la metrópoli temieron siempre una conspiracion de esta especie, que probablemente habria derribado su dominacion en las comarcas del nuevo mundo.

VIII.

¿Por qué no se realizó un suceso que habria parecido tan natural?

¿Por qué solo ocurrieron casos raros, individuales, puede decirse, de estas asociaciones de individuos de la raza indíjena i de individuos de la raza mezclada para combatir a los de la raza soberbia i despótica que los despreciaba i esplotaba con tanta inhumanidad?

El motivo es mui obvio.

(1) Córdoba i Figueroa, Historia de Chile, libro 6, capítulo 15.

Los mestizos de todas clases desdeñaban jeneralmente a los indios tanto como los españoles i sus descendientes, i competían con éstos en el cruel tratamiento que daban a aquellos.

El rei mismo lo declara así en muchas cédulas i leyes de la Recopilacion de Indias.

Entre otras, lalei 22, título 3, libro 6 de aquel código, ordena que "aunque los españoles, mestizos i mulatos hubiesen comprado tierras en pueblos de indios i sus términos," no pudiesen residir en ellos "por ser esta la causa principal i oríjen de las opresiones i molestias que padecían los naturales."

Los famosos marinos españoles don Jorje Juan i don Antonio de Ulloa se espresan como sigue en la memoria titulada: Noticias Secretas de América, que escribieron para Fernando VI en vista de los datos que recojieron en su viaje de 1735: "En los caminos se encuentran amenudo indios con los cabellos amarrados a la cola de un caballo, en el que montado un mestizo los conduce a los obrajes, i talvez por el leve delito de haberse ausentado de la dominacion del que los lleva, por temor de las crueldades que usan con ellos. Por mas que se quiera describir la tiranía con que trataban a estos indios los encomenderos en los principios de la conquista, no nos persuadimos nosotros, que ahora los hemos visto, a que llegase a la que actualmente ejecutan en ellos los españoles i mestizos" (1).

Esta pintura se refiere especialmente a lo que sucedía en la provincia de Quito; mas los ilustres viajeros advierten que por ello podia venirse en conocimiento de lo que pasaba en todas las otras.

(1) Juan i Ulloa, Noticias Secretas de América, parte 2, capítulo 2.

Pero puedo citar todavía documentos mas modernos relativos a Chile, los cuales hacen ver la arrogante i despreciativa superioridad que los individuos de la raza mezclada se arrogaban sobre los de la raza indijena, i nos descubren la poderosa causa que hizo imposible la alianza eficaz, i talvez formidable, de unos i otros contra el comun opresor.

El testimonio a que aludo está tomado del libro de votos de la audiencia de Santiago de Chile.

Dice así:

"El juéves 17 de noviembre de 1803, se acordó lo siguiente por el señor rejente don Fernando Márquez de la Plata i los señores oidores don José de Santiago Concha, don José Santiago Aldunate i don Manuel de Irigoyen. En la causa criminal seguida de oficio contra los reos Juan González, Antonio Carrillo i don Manuel Barrabí por la muerte que ejecutó el primero en la persona del indio Martin de la Imperial, en el lugar llamado Coronel, jurisdiccion de Colcura, que remitió a esta real audiencia el teniente asesor letrado de la eiudad de la Concepcion, acordaron que habiendo notado ser ya algo vulgarizada la opinion entre la plebe de mirar al indio jentil como un ser irracional, cuya vida puede cualquiera impunemente quitar sin reato moral ni legal, aun cuando se mantengan en paz i buena armonía, cuyo concepto vulnera, no solo la moral mas santa de nuestra sagrada relijion, sino las leyes mas relijiosas i cristianas que abrazan gran parte de la lejislacion de nuestros católicos monarcas para estos dominios, i a mas amenaza gravísimos males a la quietud i tranquilidad de los pueblos fronterizos, i aun a los interiores en su comercio, se pasase oficio por el señor semanero al reverendo obispo de la Concepcion, rogándole i encargándole prevenga a los curas i doctrineros exhorten con frecuencia sobre esta materia para que, no solo como hijos de la fe i de la iglesia, sino como vasallos de un rei católico, se contengan en sus deberes, observando sus relijiosas leyes, para evitar de algun modo el daño que el mas severo castigo no precave" (1).

Conocidos estos antecedentes, debe cesar la estrañeza de que los mestizos no se sintieran inclinados a hacer causa comun con los indijenas.

Fué esta repugnancia, fácil de comprender, la que salvó a la metrópoli de un peligro serio, cuya posibilidad inquietó mas de una vez a los estadistas españoles.

IX.

Pero si los mestizos de toda clase esperimentaban mui pocas simpatías hacia los naturales, a quienes miraban como mui inferiores i despreciables, no les sucedia lo mismo respecto de los criollos o españoles nacidos en América, cuya superioridad admiraban, i con quienes anhelaban llegar a igualarse.

Aun habia mas puntos de semejanza física entre los mestizos i los criollos, que entre los mestizos i los indijenas (2).

Así, cuando estalló la lucha entre los españolesamericanos i los españoles-europeos, los mestizos, que por lo jeneral habian ayudado a oprimir a I03 indios, desentendiéndose de la analojía que podia

(1) Libro de votos de la Audiencia de Santiago de Chile, acuerdo de 17 de noviembre de 1803.

(2) Juan i Ulloa, Helacionllistúrica, parte 2, libro 2, capítulos 6 i 8. —D'Orbigny, L'Homme Américain, parte 1, capítulo 2.

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