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lares continuaron aprovechándose, para satisfacer sus necesidades, de las naves francesas, que por algun tiempo siguieron frecuentando los puertos del Pacifico.

IV.

Desde 1709, gobernó a Chile el presidente don Juan Andres de Ustáriz.

Aquel fué un verdadero mercader contrabandista.

Son varias las grandes especulaciones fraudulentas en que intervino aquel codicioso i poco mirado personaje; pero quiero concretarme a una sola, desconocida hasta ahora, i que pinta uno de los aspectos de la situacion comercial de la colonia.

Apénas se hizo cargo del mando en 1709, Ustáriz, en cumplimiento de las reales cédulas ántes citadas, ordenó al gobernador de Valparaíso que impidiera a los habitantes de aquella poblacion tener cualquier trato o comercio con la jente francesa de las naves que entraban en el puerto, impidiendo a los individuos de tierra que fuesen a las embarcaciones, i a los de éstas que bajasen para vender bagatelas o cualquiera otro j énero de mercaderías.

El castigo de la infraccion debia consistir, si los culpables eran chilenos, en el perdimiento de bienes, que se confiscaban para Su Majestad, i en la prision de algunos dias en el castillo de Valparaíso; i si eran franceses, en el decomiso de las mercaderías que se les sorprendiesen, i en otras penas que se les impondrian.

Todo esto se publicó por bando solemne el 11 de julio de 1709.

Sin embargo, el mismo presidente Ustáriz der claró en otro bando de 27 de octubre de 1710, "que habia llegado a entender se estaban aprestando algunos navios franceses en el puerto de la Serena para hacer el viaje a la China a tratar i contratar, i conducir mercaderías de ella, i traficarías en las costas del Perú i de Chile, i que en compañía de la nacion francesa pretendian algunos españoles seguir la propia derrota, contraviniendo a las cédulas i órdenes de Su Majestad i a los bandos mandados promulgar por el gobierno superior de Chile."

En consecuencia de ello, el presidente Ustáriz prohibió bajo pena de confiscacion i de los otros castigos a que hubiera lugar el que algun súbdito del rei se embarcara en las naves francesas para ir a la China o a cualquiera otra parte.

Ademas hizo intimar a los capitanes de los barcos franceses que, si osaban traer mercaderías dela China, se les decomisarian todas ellas, i se daria cuenta de su delito al rei de España i a su abuelo el de Francia para que los escarmentasen como fuese justo.

En abril de 1711, llegó a Chile una real cédula espedida en Madrid a 10 de marzo de 1710, en la cual el soberano, despues de hacer notar cuán repetidamente se arrogaban las naciones estranjeras la libertad de navegar por los mares de las Indias, i de ejercer el comercio en sus costas, declaraba que aquello era mui perjudicial a su corona i a sus vasallos; i que por lo tanto, en conciencia i en justicia, estaba obligado a procurar evitarlo. Despues de este preámbulo, el rei encargaba que se diese la mas estricta i puntual observancia a todas las leyes i ordenanzas vijentes en la materia, que, segun decia, eran las mas sabias que podian concebirse.

Para obedecer un mandato tan terminante i repetido, el presidente Ustáriz intimó por bando que ningun súbdito de Su Majestad tuviera relaciones con los franceses so pena de confiscacion i de otros castigos arbitrarios que se reservaba imponer a los contraventores.

Sin embargo, aquellas conminaciones no produjeron efecto, talvez porque solo quedaron escritas en el papel, como puede deducirse de la pieza que paso a copiar.

"Don Juan Andres de Ustáriz, caballero de la órden de Santiago, del consejo de Su Majestad, gobernador i capitan jeneral de este reino de Chile, i presidente de su real audiencia, etc. Por el presente ordeno i mando que todos los franceses de cualquier estado i calidad que fuesen salgan de todo este reino de Chile, i se embarquen en los navíos que de su nacion hubiere en los puertos de él para conducirse a los reinos de Francia en conformidad de la real cédula de Su Majestad dada en Buen Retiro en 26 de junio de 1708; i a cualquier español que los hubiere asalariado, o en otra cualquier forma los amparare i ocultare, se le condena en doscientos pesos de a ocho reales i en las demas penas que parecieren convenientes a mi arbitrio; i que luego que a su noticia llegue este bando, los despidan i les paguen lo que les debieren por su trabajo i concierto, i en cualquier manera que sea, en ejecucion de lo mandado por Su Majestad en dicha su real cédula; lo cual se publique en la plaza pública de esta ciudad en forma de bando para que llegue a noticia de todos i ninguno pretenda ignorancia; i que de este auto se saquen testimonios, i se remitan a todas las ciudades i partidos de este reino para que así lo manden guardar i cumplir i ejecutar; que es fecho en la ciudad de Santiago de Chile en 10 de mayo de 1712.— Don Juan Andres de Ustáriz.—Por mandado de Su Señoría, Gaspar Valdes, escribano público i de cabildo."

Despues de este bando, el tráfico ilícito continuó como ántes.

Las naves francesas entraban en la Serena, en Valparaíso o en Concepcion con cualquier pretesto.

Las autoridades las toleraban de buena o mala voluntad.

Los franceses seguian desembarcando con sus mercaderías, e iban vendiéndolas con mas o menos dificultad.

Los habitantes se apresuraban a comprárselas siempre que podian, sin querer fijarse en que aquello era un pecado, segun el soberano habia cuidado de advertírselo.

Estas no son invenciones mias, sino hechos atestiguados por el presidente Ustáriz, que no se cansaba de publicar bandos en los cuales agravaba las penas de los infractores.

"Don Juan Andres de Ustáriz, caballero del órden de Santiago, del consejo de Su Majestad, gobernador i capitan jeneral de este reino i presidente de su real audiencia. Por cuanto se me ha representado por los comerciantes de esta ciudad que vienen muchos franceses con mercancías a venderlas en ella, i se esparcen por los partidos, resultando de esto grave perjuicio a los dichos comerciantes; i por que contravienen a las leyes i mandatos de Su Majestad i a sus reales cédulas que mandan quo en ningunas ocasiones, estranjeros comercien en las ciudades de las Américas, ordeno i mando que salgan de esta ciudad todos los franceses i demas estranjeros que en ella hubiere solteros; que vayan a embarcarse al puerto de Valparaíso, en los navios que en él están de su nacion, dentro de segundo dia de la publicacion de este bando; i que el que contraviniere a él sea preso i puesto en la cárcel pública de esta ciudad por cualquier ministro de justicia o de guerra para ser castigado a mi arbitrio; i asimismo mando a todos los vecinos i moradores de esta dicha ciudad de cualquier calidad i condicion que sean no los admitan ni amparen en sus casas ni les arrienden a los dichos franceses i demas estranjeros, pena de quinientos pesos al que contraviniere i otras a mi arbitrio; i asimismo mando a los arrieros que no conduzcan a ninguno de dichos franceses i demas estranjeros en sus recuas a esta dicha ciudad, ni a otra parte ninguna del reino, ni a naves en que lo puedan hacer, pena de que el que contraviniere, será desterrado por cuatro años a la plaza i presidio de Valdivia; i de este bando se remitirán testimonios a los correjidores de las ciudades i partidos de este reino para que cada uno en su jurisdiccion lo mande ejecutar como en él se contiene; i para que llegue a noticia de todos, i ninguno pretenda ignorancia, se publicará en forma de bando en la plaza pública i demas partes acostumbradas, i se fijará un tanto de él en las puertas del cabildo de esta dicha ciudad; que es fecho en la ciudad de Santiago de Chile en 20 de noviembre de 1713.—Don Juan Andres de Ustáriz.—Por mandado de Su Señoría, Gaspar Valdes, escribano público i de cabildo."

Como se ve, las prohibiciones se repetian, i las penas se aumentaban; pero el contrabando prosperaba cada dia mas i mas.

El escándalo llegó a tal punto, que la audiencia creyó de su deber llamar la atencion de Ustáriz sobre el particular.

"Señor Presidente. En ejecucion de diversas órdenes que Su Majestad (Dios le guarde) ha di

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